Música inusitada: Bécquer en el piano de Albéniz

El genial Isaac Albéniz no solo compuso piezas para piano (inolvidable Suite Iberia), sino también puso música a poemas. Es conocido que el millonario Money Coutts, con afán artístico, le daba dinero para que él pudiera componer y, así, entre otras cosas, realizó más de una ópera y musicalizó poemas del propio Money Coutts. 
Pero aquí quiero traer la música, de inspiración schumanniana que Albéniz le añadió a algunas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta sevillano del Posromanticismo, entre 1880 y 1898 (no he hallado dos lugares donde coincida la fecha):

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Para no todos los públicos. Colaboración en Priego digital

En mi última visita al cine me decepcionó más el público que la película. Es decir, cuando voy al cine, pago mi entrada, me siento, espero a que se apaguen las luces y, una vez puesta en marcha la película, la contemplo con mayor o menor afán, según mi gusto.
Hay factores, llamémosle adicionales, que doy por sentado y que, si no los creyera, no iría a ningún cine: me refiero a una buena organización de los empleados con los espectadores, un lugar limpio, un buen asiento –no solamente que esté bien situado, sino también que esté en buenas condiciones–, unos compañeros de sala atentos a la película y callados y un público que silencie o apague el teléfono móvil, entre otras cosas.
Sin embargo, la última vez que asistí al cine solo falló el público, esa compañía de turno que no se puede evitar. Si a la primera conversación en voz alta entre dos o tres personas siseé, con la intención de pedir silencio y con un efecto positivo; a medida que avanzaba la película, el siseo era ya una estupidez, además de que ya solo quedaba yo haciéndolo –al principio, otros espectadores lo hacían–, pues la conversación entre esas dos personas no cesaba, con una total falta de respeto hacia quienes queríamos ver la película sin ruido.
Reconozco que no es lo mismo decir en un momento dado «¡Qué bien actúa esta mujer!» o «¡Qué chico más guapo!» que iniciar una charla de lo que van a hacer el próximo domingo en casa del novio de Tere o que sus padres habían ido a la misma playa que aparece en la escena, seguida de la sorpresa del receptor del mensaje que pregunta cuestiones que bien podrían haber obtenido respuesta más tarde o en otro lugar.
De acuerdo. La película te aburre y ya has pagado tus cinco euros. Pero no vale que, por ello, tengas que molestar a los que quieren verla. Y mucho menos que suceda desde los diez minutos de proyección.
No entiendo a las personas que acuden a una película en el cine, como si fuera lo mismo que verla en la pantalla del ordenador de casa o en la televisión después de las noticias. El cine es otra cosa: la oscuridad te invita al recogimiento y el sonido envolvente a la complicidad con lo que sucede en la gran pantalla. Si la película no es de tu agrado, tenías que haber escogido otra, que, parafraseando a Borges, de todo se ha contado en el séptimo arte; lo original procede del director, del guionista, de los actores.
Por favor, piénsenlo antes de ir al cine: no vayan sino van a ver una película.

La Navidad se adelanta. Artículo en Lucenahoy.com

Si dijera que ya es Navidad, creo que usted, que me está leyendo, no estará de acuerdo y que dirá algo así como que quedan quince días, dos semanas. Sin embargo, si hemos salido a la calle el 5 o el 6 de diciembre, observaremos que ya están puestas las divertidas luces, que los escaparates están adornados con el interesado Papa Noel o que se va notando en el ambiente la creación de la necesidad de la compra innecesaria.
Me parece bien que en diciembre y, sobre todo, entre Navidad y Reyes, hagan su agosto las tiendas y las superficies, pero este adelanto del espíritu comercial navideño me desespera, es especial con la persistente publicidad que llega a ser odiosa con la blanca nieve, la musiquita con cascabeles y el dichoso Papa Noel (dos veces lo he citado ya). Da igual que sea la televisión, la radio, la prensa o Internet; desde primeros de diciembre nos avisan de que estamos en Navidad y de que no hay escapatoria: vamos a tener que gastar dinero, así que vamos haciéndolo ya.
Lo triste es que la mayoría de esa publicidad se olvida de que el motivo original de la celebración de la Navidad es el nacimiento de Cristo (o así es para los cristianos), para dejar paso a la supuesta bondad de un tipo vestido de rojo que me niego a nombrar de nuevo, porque, según deducción, no es algo religioso y, por lo tanto, puede llegar al máximo número de personas o, como está enfocado el navideño personaje, al máximo número de compradores y consumidores. Es por esto por lo que no me cae bien, pues desde que tengo uso de razón el barbudo vestido de rojo nunca ha animado la espiritualidad de la Navidad, sino su materialismo consumidor.
Y aún más triste es que, tras el 25 de diciembre, fun fun fun, serán los reyes magos, olé olé Holanda, quienes se conviertan en adalides de ese materialismo. Esperemos que no le pase lo mismo en el futuro al niño Jesús, porque entonces, como dice el tango, herida por un sable sin remache, veremos llorar la Biblia contra el calefón…

Sister Act. Colaboración en Cabra digital

Lo de que Sister Act no era presuntamente una historia original es algo que no me ha sorprendido. Aunque previsible, suena tan bien como menudeada la historia de una monja que consigue animar, gracias a la música, a todo un convento y a enderezar a jóvenes, cuya vida está rodeada de tentaciones inigualables.
Sin embargo, lo que me ha llamado la atención, además de que lo haya hecho veinte años después, es que la monja Delois Blakely haya denunciado a las productoras de cine, cuando ella se encuentra entre aquellos que se quejan de que este mundo está gobernado por la tiranía económica, a fin de conseguir dinero y reclamar la autoría del guion de dicha película. Es curioso que una persona que se ubica entre los que se muestran indignados por Wall Street se haya contagiado del ambiente que sale de la bolsa que hoy, a diferencia de que para Dante Alighieri es el amor, mueve al Sol y a las demás estrellas.
Desde otro punto de vista, extraemos dos conclusiones de esta anécdota:
La primera es que se demuestra nuevamente que la realidad supera a la ficción, ya que, cuando creíamos que lo logrado en el argumento de Sister Act no dejaba de ser un bonito sueño, puede resultar que en verdad es un reflejo de algo real. Aun así, no hay que ser demasiado perspicaz para intuir que han existido y que se dan casos similares y que, si no es la música, es el teatro, el baile u otra motivación lo que hace la vida más llevadera a las personas que necesitan una oportunidad.
La segunda es la cuestión del dinero, pues resta simpatía al asunto, en especial de quien forma parte de los que afirman que el vil metal es quien maneja los hilos del mundo.
Eso sí, lo relacionado con la autoría de esta obra, la relación con su vida y el plagio debe aclararse, ya que es una cuestión mucho más personal que la del dinero, aunque sea veinte años después que, como nos recuerda el tango, «no son nada».