Las estelas de versos quebrados de Jaime Verdú. Reseña en Lucenahoy

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LAS ESTELAS DE VERSOS QUEBRADOS DE JAIME VERDÚ ORELLANA

Manuel Guerrero Cabrera

 

 

A caballo entre lo cofrade y la poesía, aunque ambos asuntos suelen coincidir en varias ocasiones, conocí a Jaime Verdú Orellana. De lo primero, esencialmente, por haber sido designado Exaltador del Valle para la Cuaresma de este mismo 2019 y, de la segunda, por compartir versos en esa red social llamada Facebook, que con descubrimientos como este hace que valga la pena tener una cuenta. De ahí que, de la pantalla, tomáramos la determinación de conocernos en persona, momento en que me habló de sus ideas poéticas, de la poesía que se escribía en Lucena y de Malagueando, su nuevo libro que se presentará el próximo mes de noviembre. Así, en la siguiente ocasión que coincidimos, en una lectura de poemas en Priego de Córdoba, me entregó su primera publicación, Las estelas de versos quebrados (Alameda, 2017).

La cubierta reproduce el cuadro Mujer asomada a una ventana de Caspar David Friedrich (1822), una buena imagen con doble significado: primero, el poeta se asoma por primera vez a la publicación de poesía y, segundo, la curiosidad del lector por saber qué veremos a través de la ventana, o sea, del libro.

Tras el prólogo de Joaquín Alfredo Abras Santiago, aparecen unas «Notas del autor» en las que Jaime Verdú desvela sus intenciones y desvelos, en el uso retórico de la Humilitas («El que ofrece este poemario ni ostenta la cualidad de poeta ni frecuentó, jamás, las rosaledas intrincadas, que conducen a la lírica en su más bella expresión») que trasluce sinceridad. Entre las intenciones, destaca la temática: «Es un libro cuyos protagonistas son las mujeres, la igualdad de género y sus vicios mundanos (el maltrato, la violencia y el empecinamiento por no reconocer una verdad absoluta: que todos somos iguales, sin distinción de género)».

Las estelas de versos quebrados se divide en tres partes: «Visiones», «Rencores» e «Inquietudes». La primera, «Visiones», se ocupa de poemas relacionados con la persona y parece un planteamiento de las otras dos partes; «Rencores» profundiza en este sentimiento; e «Inquietudes», la última, opta por la idea. Esto se confirma en los subtítulos que cada poema tiene, incluso cuando nos encontramos con el mismo texto en apartados distintos, como si fuera un estadio diferente de lo escrito o una manera distinta de expresar lo mismo.

 

Cruzaré,

los ansiados pasillos del soñar:

que lentamente surgen de la nada.

 

«Cruzaré (Verso quebrado con fortuna)»

 

 

Cruzaré,

ajada

en resentimiento,

los ansiados pasillos del soñar:

que cuelgan en la nada,

y levantan

en las orillas del otoñar.

 

«Cruzaré (Versión moderna)»

 

 

Arriba reproducimos lo que el mismo Jaime Verdú decía de su cualidad de poeta, pero lo cierto es que hallamos en él claros rasgos de poeticidad (según, por ejemplo, lo que expone García Berrio en Teoría de la Literatura), reconociendo la armonía como algo fundamental, aspecto este que Jaime Verdú consigue con acierto en el empleo de recurrencias, que consiguen cierto efecto de musicalidad que hacen grata la lectura de este libro, y que bien demuestran poemas como, entre otros, «Madre, ya es tarde», «Tal vez mañana», los citados «Cruzaré» o «Malagueando»:

 

Por calles y avenidas,

–malagueando–,

los verdiales ya cruzan las esquinas,

los verdiales que te cuentan,

los verdiales que se fueron,

los verdiales                 –verdialeros–

y sin remedio, arrastran los recuerdos,

de tardes,

–enfrascados en debates

ardientes de la joven amistad,

tan reluciente y nueva como el traje

de comunión, que duerme en el armario–,

de castañas vaporosas,

de castañas ondeando,

de castañas bien asadas,

–antes de ser amargas y malditas–.

 

Y, así nos lo dijo también el poeta en sus notas, la mujer, la igualdad y la violencia de género son los temas más presentes e importantes del poemario:

 

Yo confieso:

Ser culpable, en mi destino.

Que viviendo moría: asfixiada.

en la clausura del infierno; ahogada

en huracanes de alcohol; apuñalada

en torbellinos de celos. Moría.

Moría, al cobijo de golpes. Moría.

 

Tras asomarnos a la ventana de los versos de Jaime Verdú Orellana, hemos descubierto que a través de ella se pueden percibir todos los sentidos de la vida y, en especial, expresar un mundo en el que la mujer esté en condiciones de igualdad con el hombre. Jaime Verdú nos lo revela como algo por lo que vale la pena arriesgarse. Incluso a arriesgarse a ser poeta.

350 aniversario del nacimiento de Hurtado Izquierdo (y 4). En Lucenahoy.com

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En esta última aportación sobre Hurtado Izquierdo pretendo mencionar la bibliografía que utilicé en los tres anteriores artículos; además, la publico, principalmente, no solo para corregir los errores que cometí al ceñirme a unos estudios algo superados hoy, sino también para matizar algunas cuestiones.

En cuanto a la bibliografía, «Francisco Hurtado and his school» de René Taylor ha sido el ensayo principal del que hemos tomado la información. Se publicó en 1950 en el número 32 de Art Bulletin y, pese a su antigüedad, sigue siendo la investigación más importante sobre Hurtado Izquierdo. ¿Habrá una revisión en estos años sobre su figura?

También de Taylor hemos consultado el libro Arquitectura andaluza. Los hermanos Sánchez de Rueda (Universidad de Salamanca, 1978), obra en la que analiza la influencia –y relación– de Hurtado en sus dos discípulos; el artículo «Vicente Acero en El Paular», publicado en Imafronte nº 10, en 1994 (1996), sobre los trabajos que hizo y pudo hacer este autor en El Paular; y «La sacristía de la Cartuja de Granada y sus autores (Fundamentos y razones para una atribución)», en Archivo español de arte, nº 35, de 1962, un muy buen ensayo sobre esta formidable obra de la Cartuja granadina y su nexo artístico con nuestro artista.

De Antonio Bonet Correa hemos consultado el artículo «Hurtado Izquierdo y la morfología regular» de su obra Andalucía Barroca. Arquitectura y Urbanismo (Polígrafa, 1978), que recomiendo para quien quiera iniciarse en la trayectoria artística de Hurtado, por su concisión y claridad expositivas. Añadimos que nos parece muy interesante su postura acerca de que todo el trabajo o trayectoria de Hurtado es un intento de superar las barreras sociales, al querer salir de ella –para ascender– gracias al Arte.

De Antonio Gallego Burín tomamos la partida de nacimiento, contratos en Córdoba y en Granada, y documentos relativos a su muerte, publicados en El barroco granadino (Universidad de Granada, 1956).

El artículo de María Ángeles Raya Raya titulado «Francisco Hurtado Izquierdo y su proyección en el arte andaluz del siglo XVIII», que se publicó en el primer tomo de las actas del Congreso Internacional Andalucía Barroca [Arte, Arquitectura y Urbanismo] en 2009, pone de manifiesto la imagen de Hurtado como director de orquesta (palabras que robo a mi amigo el Doctor Manuel García Luque), ya que habla de su carácter, de sus ideas artísticas y de su relación con los artistas que han participado en las obras que él proyectó y llevó a cabo.

Finalmente, citamos a Jesús Rivas Carmona y su obra Arquitectura barroca cordobesa (Monte de Piedad y Cajas de Ahorro de Córdoba, 1982), en el que no solamente se hace una trayectoria biográfica y artística de Hurtado, sino también de los artistas que han trabajado con él (Bada, los Sánchez de Rueda, Juan Trujillo…); también encontramos análisis sobre los templos o edificios barrocos de la provincia de Córdoba.

Y es que, como se puede apreciar, la bibliografía no es precisamente actual. Pero, gracias al ya citado Manuel García Luque, he de hacer una serie de correcciones y matizaciones sobre la información dada en los trabajos que he publicado en este medio:

–En el primer artículo (Lucena y Córdoba), aludía a que Hurtado «será tomado como referencia en México». Me dejé llevar por el entusiasmo de René Taylor. En verdad, hoy se conoce que fue Jerónimo de Balbás quien llevó elementos barrocos como el estípite a la otra orilla, y que también hizo lo propio Lorenzo Rodríguez; Taylor relaciona a Rodríguez con Vicente Acero, que había trabajado con Hurtado; en definitiva, actualmente se habla del estilo de Balbás en el citado Rodríguez, estilo que marcará su obra en México. En este primer artículo también aludía a dos obras en Málaga, que citaba de Gallego Burín. Ninguna pertenece a nuestro artista. Concretamente, según estudios posteriores, el camarín de la Victoria está documentado como obra de Felipe de Unzurrúnzaga.

–En el segundo artículo (Granada), menciono a José Risueño entre quienes participaron en el Sagrario de la Cartuja. No fue así. Este dato lo tomé de Bonet Correa, que erró.

–Y en el tercer artículo (El Paular y Priego), he de indicar que, en El Paular, la capilla octogonal es el Transparente y que la de cruz griega es el sagrario.

En las líneas finales, quiero mostrar mi agradecimiento a Manuel García por su asesoramiento, a José Manuel Pozo y a Irene Zurita por el apoyo prestado en la difícil tarea que en la Asociación Cultural Naufragio me había propuesto de dar a conocer mejor la obra de este artista, a las personas que participaron en los paseos y viajes para ver la obra de Hurtado, y a quienes hayan leído y difundido los tres artículos anteriores. Si la fortuna lo permite, en 2025 tendremos otro aniversario (300 años del fallecimiento) para volverlo a recordar, viajar y redescubrir.

Acabo este artículo con la mención de la página de Facebook Hurtado Izquierdo 1669-2019 en la que he conseguido publicar imágenes de todas las obras que ha realizado nuestro artista y casi todas las que se le atribuyen.

In memoriam don Manuel Alcántara. Artículo en Lucenahoy.com

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¿Recuerda usted lo triste que se puso cuando don Camilo José Cela falleció? Entonces dijo que empezaba a ser un superviviente, pero yo creía que mucho más, que era inmortal. Aún lo recuerdo cuando a aquellas palabras de Saramago de que el hombre era inconsolable, usted apuntó que en verdad el ser humano era crédulo (y en estas fechas preelectorales, sobre todo). Tenía razón: me creí que usted era inmortal, porque jamás esperaba leer en prensa, hoy en Internet, que llegaría el momento en que estos versos suyos cobrarían sentido:

Cuando se acabó su vida

el muerto le dijo a Dios:

lo que se da no se quita.

Su poesía, don Manuel, fue reconocida desde el primer libro, Maneras de silencio (1955), con el Premio Antonio Machado; vinieron otros títulos, como Sur, paredón y después (1984) y Este verano en Málaga (1985), perfilados entre el clasicismo y el aire popular, destacan los sonetos, algunos inolvidables y tomados como referencia, como «Niño del 40» y su maravilloso final:

No se estaba ya en guerra aquel verano,

mi padre me llevaba de la mano,

yo estudiaba segundo de jazmines.

Tan magnífico lector como crítico, usted se había relacionado con nombres de nuestra literatura más y menos conocidos. He escuchado en su voz, gracias a la radio, algunas anécdotas, como cuando Pablo Neruda le recomendó que tomara boldo: «es el único consejo que he seguido», lo recuerda, ¿verdad?; o cuando Jaime Capmany le comentó que si alguien no rompe su dinero, no está loco. Siempre me llamó la atención que para evitar la duermevela, usted evoque escenas de películas de vaqueros o remates de cabeza de Zarra.

Y es que el deporte es literatura en nuestro país gracias a usted, maestro. Como periodista, escribía desde 1958 en diarios como Ya, Arriba, Marca o Sur. Pero, insisto, gracias a usted, el deporte es literatura, con sus imprescindibles crónicas sobre fútbol o boxeo. Aquello de que «el zurdo directo es como un florete» o que «el cansancio extiende sus alas grises sobre los boxeadores» impregnan al texto deportivo y a la cuartilla luminosa del ring de alma literaria.

Mi recuerdo principal procede de la radio. Fui un habitual a escucharlo en Radio Nacional todos los viernes, especialmente con Carlos Herrera o con Julio César Iglesias. Nada había que me impidiera escucharlo hasta que empecé a trabajar y me coincidía el horario («No hay que tener ilusión por la condición humana», ya sabe). Usted era el Tío Manolo, creador de alta y cuidada palabra, quien me impartió lecciones a distancia a través del aire y del papel. Me enseñó que escribir diariamente era hacerlo en hojas de otoño, para comprender así que lo nuestro es pasar, aunque también quede. Con Internet, todo cambia rápidamente; donde una web es hoja otoñal a primera hora del día, brota de nuevo en unas horas para volver a caer a la tarde sin examen de amor, que diría San Juan de la Cruz (que tanto le gustaba citar a usted). Siempre llevo en mi memoria algunas palabras suyas, que empleo como citas: «El perdón es lo único que puede rectificar el pasado», «Los niños tienen el oficio de niños, que es hermoso, eventual y sagrado», «La política ha redimido de la pobreza a varias personas: todas son políticas», o esta que siempre reproduzco en mi interior cuando me tomo uno: «El gintonic tiene algo de armadura desleída». El próximo, por cierto, será a su memoria.

Yo creía que era inmortal. Y quizá no esté equivocado. Lo que he aprendido de un maestro como usted no se olvida. Sus poemas, sus artículos, sus palabras siguen ahí, aunque escribiera que «no hay más vida que la diaria, esa que se acaba cualquier día». Ese cualquier día, como usted también escribió:

Será otro día mañana

si no me quito de en medio

y si a mí me da la gana.

350 aniversario del nacimiento de Hurtado Izquierdo (3: El Paular y Priego). En Lucenahoy.com

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En 1713, Francisco Hurtado Izquierdo fija su residencia en Priego de Córdoba, donde ocupa el puesto de administrador de Alcabalas, Propios y Arbitrios, cargo que le daría más quebraderos de cabeza que satisfacciones. De allí era su mujer, Mariana de Gámiz y Escobar, y el padre de esta, su suegro, don Francisco Ramírez Bueno de Gámiz, ejercía como uno de los dos regidores de la localidad, una persona de prestigio y bien relacionado. Desde Priego, el arquitecto lucentino terminaría los trabajos pendientes de Córdoba y realizaría los de Granada, que le dieron fama más allá de Andalucía. En la parte final de la obra del Sagrario de la Cartuja de Granada, en 1718, sería requerido por los cartujos de El Paular, en Rascafría, cerca de Madrid, para construir un sagrario o transparente, una de las grandes obras desconocidas de nuestro Barroco: Sigue leyendo

350 aniversario del nacimiento de Hurtado Izquierdo (2) en Lucenahoy.com

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350 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE FRANCISCO HURTADO IZQUIERDO (2: GRANADA)

Manuel Guerrero Cabrera

19 de enero de 1705, el arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo es reclamado en Granada por el arzobispo, don Martín de Ascargorta, muy interesado en él después de tener «los mejores informes de su habilidad y mérito», según las Actas capitulares de la Catedral de Granada. El arzobispo lo alojó en casa del racionero, don Juan Rico, y lo puso a prueba: tenía que realizar el diseño de un sagrario para la catedral, según su estilo más personal, pero debía trazarlo para las dimensiones que había tenido el antiguo. Así que, encerrado en la casa del racionero, sin saber si lo estaba haciendo por la vida o por la muerte, parafraseando a Federico García Lorca, Hurtado Izquierdo dibujó los planos del sagrario, con una original planta de cruz griega, y escribió los debidos comentarios en menos de veinticuatro horas. Ascargorta pidió consejo al cardenal Salazar que no dudó en animarlo a trabajar con nuestro arquitecto, cuyo proyecto aprobó José de Mora tras examinarlo. Hurtado, entonces, fue nombrado maestro mayor de la Catedral de Granada el 22 de enero de 1705. No quiso renunciar al cargo que ostentaba en Córdoba y, por lo visto, dividía el tiempo entre las dos ciudades, lo que influyó en la lentitud de las obras, que habían comenzado inmediatamente, junto a los problemas financieros; por lo que quedaron suspendidas. Entre los hombres que colaboraban con él, se hallaba un paisano suyo, el lucentino José de Bada, quien retomaría en 1717 el proyecto, que modificaría ligeramente, al eliminar elementos de mayor impacto visual (como las columnas salomónicas de la portada) por algo más sobrio. De él es la crítica hacia Hurtado de que este creía que «las piedras son tan ligeras como los pensamientos». Sigue leyendo

350 aniversario del nacimiento de Francisco Hurtado Izquierdo 1. Artículo en Lucenahoy.com

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Hace 350 años, en 1669, nació en Lucena Francisco Hurtado Izquierdo, el artista más importante que ha dado nuestra ciudad, creador de un Barroco original –denominado prismático– que traspasó las fronteras de provincia y de Andalucía y que será tomado como referencia en México.

Su mayor estudioso, René Taylor, en Francisco Hurtado and his school, comenta que de sus años de formación se sabe poco, que alcanzó el rango de capitán en el ejército, probablemente como ingeniero militar. Dejando a un lado a Taylor, se cree que es posible que lo formara el arquitecto lucentino Juan Trujillo, con quien trabajó en la Iglesia de San Martín (San Agustín) de nuestra ciudad (concretamente, se atribuye a Hurtado la realización de las portadas); o Leonardo Antonio de Castro, uno de los artistas sobresalientes de aquella Lucena (para más señas, el autor de la magnífica Capilla del Sagrario de la Parroquia de San Mateo). En esta primera etapa, lucentina, también se cree que colaboró en el retablo del altar mayor del Santuario de Nuestra Señora de Araceli y, quizá, en los añadidos barrocos de la Iglesia de San Pedro Mártir.

Después de Lucena, siguió su carrera en Córdoba, donde encontramos muchas de sus obras. En 1695 realizó el retablo mayor de la Iglesia de San Pedro de Alcántara, en 1696 uno de los cuerpos del altar del retablo mayor de la Iglesia de San Lorenzo, en 1697 fue nombrado maestro mayor de la catedral cordobesa, en 1698 ya había comenzado a trabajar en la nueva sacristía de la catedral, hoy conocida como Capilla del Cardenal Salazar, que se terminará en 1703; dos años antes, en 1701, comenzaría la construcción del Hospital del Cardenal Salazar, actual Facultad de Filosofía y Letras. Otras obras que realizó, o en las que colaboró, en Córdoba son la Ermita de la Alegría, la escalera de la Ermita de la Fuensanta, la capilla del actual Instituto Góngora, algunas casas que han desaparecido y, probablemente, el Oratorio de San Felipe Neri y la Iglesia de la Trinidad, entre otras. En la provincia trabajará en Belalcázar, en El Carpio y en Priego, localidad donde se casaría con Mariana de Gámiz y Escobar en 1699.

En este periodo también estuvo en Málaga, pues se cree que fueron obras suyas la biblioteca del Convento de la Merced y, según cita Taylor a Gallego Burín, el camarín de la Virgen de la Victoria.

Ni que decir tiene la importancia del mecenazgo del citado cardenal Pedro de Salazar, pues la nueva sacristía de la catedral es toda una apuesta artística llena de originalidad, comenzando por su estructura octogonal y el espacio, la iluminación procedente de los ocho ventanales de la base de la cúpula (o tambor), las yeserías con el zócalo de mármol… Otros dos nombres sobresalientes del Arte barroco, José de Mora y Antonio Palomino, aportarán las esculturas y las pinturas, respectivamente. Sin duda, la originalidad e importancia de su obra en Córdoba hará que se le reclame desde Granada, donde se trasladará en 1705, pero esto merece un capítulo aparte.

De la Breve aproximación histórico-jurídica al constitucionalismo español de Julián Valle Rivas. Reseña en Lucenahoy

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No es mala excusa la celebración de los cuarenta años de coexistencia bajo la Constitución del 78 para publicar un libro, no sobre esta, sino sobre todas las constituciones que ha tenido España. Y es buen asunto, pero realmente bueno, que sea un autor jurista, como Julián Valle Rivas, quien lo haya hecho. Después de Ni piedad ni perdón. Artículos 2011-2016 (2016), en el que recopila buena parte de sus artículos de prensa digital, y de su primera incursión novelística, Sanjorgistas y aracelitanos (2011), hallamos que Breve aproximación histórico-jurídica al constitucionalismo español (2018) contiene mezcla de ambos: ensayo y narrativa. Así, la primera parte la ocupa el ensayo con un excelente análisis de las constituciones, de los proyectos constitucionales y cartas otorgadas que ha tenido nuestro país. Sigue leyendo