Diez años de La ballesta de papel. Artículo en Lucenahoy.com

http://www.lucenahoy.com/blog/manuel-guerrero/diez-anos-ballesta-papel/20180215101832052214.html

Dice el tango que «veinte años no es nada» y, aunque siempre se relaciona esto con la fugacidad de lo transcurrido, empiezo a pensar que en verdad esa cantidad de años no es nada, porque lo duro y lo difícil es llegar a cinco, a diez, a quince, en lo relativo a un grupo humano con un mismo fin. Los conflictos surgen en los primeros, después llega el turno de las crisis y, finalmente, los desencuentros y los desengaños; una vez se haya pasado todo esto, afirmar que han volado veinte años es abrazar lo evidente.

En los días finales de 2017 se presentó el número 15 de La ballesta de papel, la publicación de la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Priego de Córdoba, cumpliendo precisamente diez años de existencia. Celebro el resumen de la trayectoria vital de esta revista y de su asociación que narra el editorial, pues no es conocido el desarrollo que ha tenido la publicación ni es fácil encontrar información sobre este tiempo que ya nunca volverá, como dice otro tango.

El número 15 de La ballesta de papel mantiene el formato presentado en el anterior número como novedad. También la disposición interior del contenido es igual a la del número 14, con una gran sección dedicada a la poesía (más del 75% de los autores aportan poemas), una de menor extensión para la prosa creativa y otras dos con un artículo cada una, y la parte final con los textos ganadores del Premio Literario de la Asociación Amigos de la Biblioteca, cuyos autores son Alicia Ruiz, Mª Ángeles Jurado, Rafael Campaña y María Toledo.

De la prosa destacan, por un lado, la aportación de Sensi Budia en la que describe al grupo de la Asociación Cultural Naufragio, de manera fresca e ilusionante; y, por otro, la colaboración de Miguel Forcada dedicada a «Priego en los libros», que dedica al poeta Nicolás Miguel Callejón (1888-1952), del que expone una breve biografía y cuatro poemas. Pero, sin duda, la sección poética es la más compleja de clasificar, por lo diverso de su contenido: treinta y cuatro poetas de distintos estilos, principalmente cordobeses (de la capital y provincia). Entre todos los poemas, elijo el que aporta Santiago Moure, que, aunque no haya nacido en tierras cordobesas, reside en Lucena, por su elevada carga poética y llena de sugerencias:

Dormida te contemplo. La luna es un foco

que atraviesa el cuarto como daga

y te ilumina recortando tu figura.

Dormida te contemplo. Tu cuerpo

es una isla en este mar en calma

dilatado, profundo y alejado de mí

en esta hora sombría que me atrapa.

Por contraste, menos sugerente y más descriptivo, el de Francisco Onieva, otro de los grandes textos de este número 15, nos indica sobre la noche:

Me asombra el modo en que la oscuridad

se convierte en paisaje sin límites

y un río de alquitrán y luces

se adentra entre los árboles.

Sean las palabras de La ballesta de papel una luz para las noches y un motivo de orgullo para poder decir dentro de diez años que veinte no es nada.

Reseña de Dónde la muerte en Ámsterdam de Ángela Martín del Burgo

http://www.lagallaciencia.com/2018/02/donde-la-muerte-en-amsterdam-de-angela.html

DÓNDE LA MUERTE EN ÁMSTERDAM

Ángela Martín del Burgo

Cuardernos del Laberinto, 2017

Vida, amor, muerte. Ahí quedan

escritos sobre tus labios.

Estos dos versos de Miguel Hernández siempre me han sido muy útiles para recordar de inmediato que la poesía se contiene principalmente de estos tres elementos. Incluso, se podría reducir más, por muy improbable que parezca, pues la vida está contenida en el amor y en la muerte; no hace mucho el poeta Ángel Manuel Gómez Espada me recordó que somos, precisamente, amor y muerte. Por ello, resulta revelador que Dónde la muerte en Ámsterdam de Ángela Martín del Burgo comience sobre estos dos motivos, «El amor y la muerte», términos que tal cual denominan a la primera parte de este poemario y que van de la mano por los textos que la conforman. En esta primera parte hallamos, además, dos de los poemas mejor construidos y que desde el primer momento nos muestran la fuerza poética de la autora. «El poeta habla de la amada» define a esta con eficaces metáforas de gran potencia visual, con una acertada relación de las imágenes (desde el espejo al mundo y de la piel al misterio):

La amada es el espejo

que nos refleja mundos desconocidos.

[…]

La amada es el mayor de los misterios

en un mundo sin enigmas.

En «El poeta tema la pérdida del amor», las imágenes son extremadamente sugerentes y ahondan en la hipótesis de la soledad («el frío espectral cuando anochece, / […] el ladrido de un perro / en busca de su amo»).

La compañera del amor, la muerte, se manifiesta ocultamente, pues está entre los versos. La autora, por ello mismo, cierra esta primera sección con este deseo de vivir algo más: «simplemente quería regar mis rosas».

La segunda parte del libro se titula «Ciudades», lugares que recrean momentos de vida, como la cotidianeidad que se recuerda de los rótulos de «Puente de Vallecas» o un recuerdo que se recupera del pasado en «Sevilla». En este viaje, Martín del Burgo no duda en hacer el recorrido mucho más sugestivo y valioso con imágenes muy logradas, como si reflexionáramos sobre una o más fotografías. Contemplemos la que ofrece la lectura de «Playa de Ereaga (Vizcaya)»:

Escalera gris de invierno, las oncas

del mar parecen continuar,

azul estratos de nubes, en el cielo.

Sin olvidar que la muerte también es compañera de este viaje, desde la experiencia «París es la muerte de mi padre» («París»), desde el recuerdo. Será en la tercera parte de esta obra, «Poemas de Daimiel», donde la conjunción de amor y muerte es más intensa, con poemas más breves, por lo general, y, los más intimistas de toda la serie, probablemente por la infancia que rememoran:

Mis padres edificaron la casa

y la arrasó el viento.

Yo he rehabilitado la casa;

la he alzado entre la sombra.

De noche se oye el ulular del viento.

Solo el ulular del viento

entre los árboles

en la noche en sombra.

La cuarta parte, que da nombre al poemario, marca el final del viaje que se inició con el amor y la muerte, pasando por todas las ciudades vividas y recuperando el tiempo ido de la infancia. La pregunta, dónde, es una cuestión de siempre, hundida hasta el tópico del Ubi sunt?, con un inesperado giro de preguntar al tiempo por la muerte: «¿Dónde la muerte se esconde?»

El rasgo de estilo más destacable de Martín del Burgo es el empleo de culturalismos o de referencias culturales. Aparecen en todas las partes del libro y proceden de distintos ámbitos, como la literatura («antes de la caída de la casa Usher», «la amistad / de Mário de Sá-Carneiro y Fernando Pessoa»), la pintura («La luz de Sorolla», «Los lienzos de R. Moscardó») o la música («las notas de Bach»).

Finalmente, concluimos esta revisión de Dónde la muerte en Ámsterdam con la determinación de que el tiempo es el elemento o hilo conductor de todo el conjunto, pues está presente casi de manera constante de manera expresa. En unas ocasiones, se asimila con la vida:

Son cortas las tardes de invierno

como es corta la vida.

En otras, se asemeja a la ciudad («Toda la belleza de Praga /  es un grito frente al tiempo») o se manifiesta como recuerdo («¡Ah, que la memoria no guarde / el vértigo de la belleza de un instante!»). Y en el fondo de nuestro ser tomamos el tiempo que nos mata y nos rehacemos:

Los árboles del parque se irán despojando de hojas,

y el alma aprende la lección.

El mismo proceso de desnudez

será un rico tesoro para los días venideros.

Del pasado Día de Reyes. Artículo en La Opinión de Cabra

http://www.laopiniondecabra.com/ampliar.php?sec=opinion&sub=articulos&art=793

La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) había previsto lluvia para el 5 de enero, motivo por el que algunas poblaciones habían decidido adelantar la cabalgata al despejado 4 de enero.

Suficiente fue esta situación para que las redes se dividieran entre quienes estaban a favor o en contra y empleo el verbo dividir por no utilizar «descalificar». Sigue leyendo