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POESÍA DEL SUR AL SUR DE CÓRDOBA: PERFILES DE POETAS Y ESCRITORES DE MARICRUZ GARRIDO
Manuel Guerrero Cabrera
  
«Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, que yo me enorgullezco por lo que he leído» es la conocida cita del argentino Jorge Luis Borges con la que podríamos identificar la última obra de la prieguense Maricruz Garrido Linares. Perfil de poetas y escritores es un poemario sólido, bien ejecutado y brillante en la tesis de homenaje a distintos, y diferentes, autores, cuya raíz es una poeta que, parafraseando a Bioy Casares, debe parte de su amor a ellos, y ellas. Y en la Literatura no hay mejor pasión que el de la lectura y la escritura.
En las páginas de esta obra hallamos versos escritos para los imprescindibles: García Lorca, Pepe Hierro, Antonio Machado, Rosalía de Castro, Mario Benedetti o Miguel Hernández, entre otros. Fíjese el lector en la intensidad lírica y cómo construye la imagen poética en la afinidad de los versos del citado poeta de Orihuela, al que dedica estas palabras:
 
Tus Nanas, tus heridas, tus verdades
se entrelazaron mudas en mi pecho.
Desperté de ser niña.
Nunca entendí por qué
hay dolores profundos que no matan.
 
Maricruz Garrido es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Granada, datos biográficos que nos llevan hacia los grupos de poemas dedicados, por un lado, a escritores anglosajones (Emily Dickinson, William Wordsworth o Virginia Woolf) y, por otro, autores granadinos (Rafael Guillén o Antonio Carvajal, entre otros). Sin embargo, más llamativa es la extensa nómina de autores cordobeses, en los que figuran miembros de Cántico y de su entorno, como el imprescindible Pablo García Baena (¡Qué certera está Maricruz al iniciar su homenaje con «Córdoba es tu voz, Pablo»!) o Francisco Carrasco; otros nombres destacados en el panorama literario cordobés son María Rosal, Juana Castro, Antonio Gala y Joaquín Pérez Azaústre, con la que coincido en señalar de su verso:
 
Canto roto y ausencia,
puro lirismo de belleza pleno.
 
Pero Maricruz resulta más emotiva en los versos que dedica a quienes siente de su tierra, del sur de Córdoba. Por ejemplo, Niceto Alcalá-Zamora, «vibrante de palabra y de cordura», y el aguilarense Vicente Núñez corresponden a poetas de un pasado reciente, en el que vibra su palabra junto a su recuerdo. También actuales, pues su labor al frente del Aula de Literatura de Priego de Córdoba hace que esté en contacto con la poesía palpitante, como Antonio Luis Ginés, Luis Ángel Ruiz Herrero, José Puerto, María Antonia Gutiérrez Huete y Sacramento Rodríguez. Estas dos últimas grandes poetas prieguenses reciben dos de los mejores poemas del conjunto. En el de María Antonia Gutiérrez Huete recurre a las tres heridas hernandianas para intensificar el dolor de lo cercano:
 
Cómo duele vivir tan solamente.
[…]
Controlar las cuentas,
el colegio, la tarea diaria,
los niños, la comida,
la soledad tal vez insospechada,
la vida cotidiana, la rutina.
 
A Sacramento Rodríguez le dedica un certero soneto, en el que hallamos eco de ella misma y de Priego; pero estaríamos del todo errando si dijéramos que Maricruz Garrido no consigue aportar su propia voz y ritmo, no solamente en este soneto, sino también en el resto del poemario. Como afirmamos al iniciar este texto, Maricruz se enorgullece de lo que ha leído y añadimos que lo confirma con Perfiles de poetas y escritores. Lo que escribió a Sacramento también podría ser válido para ella:
 
Pues tu voz de poeta se amamanta
de la tierra que habitas y enardeces.
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La vida no vale nada. A José Alfredo Jiménez en Cabra digital y Lucena información

El pasado 23 de noviembre se cumplieron cuarenta años de la muerte de José Alfredo Jiménez (1926-1973). Este hombre fue, y sigue siendo, un poeta muy popular y no iría desencaminado si afirmara que pervive más su obra que su nombre en el cancionero hispano. ¿Quién no reconoce «El rey» y ha cantado lo mejor posible alguna de sus estrofas?
 
Una piedra en el camino
me enseñó que mi destino
era rodar y rodar.
(Rodar y rodar,
rodar y rodar).
 
También escribió la muy conocida «Si nos dejan», aunque resulte menos interesante que la citada «El rey» o la más que sugerente «Amanecí en tus brazos»:
 
Yo me volví a meter
entre tus brazos,
tú me querías decir
no sé qué cosas,
pero callé tu boca con mis besos
y así pasaron muchas, muchas horas…
 
De ahí que ahora se comprenda mejor que lo conocemos más por su obra que por su propio nombre. Lo curioso es que, después de impresionarnos con sus letras, José Alfredo solicitara que su epitafio fuera «La vida no vale nada», sentencia que empleó al comienzo de «Camino de Guanajuato» y que es el título de una recientemente estrenada obra de teatro inspirada en su vida y en sus composiciones. ¿De verdad que la vida no vale nada después de «El rey», si al término de escucharla –preferentemente en su voz o en la de grandes como Chavela Vargas–, podemos decir con Pablo Neruda que «nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos»?
Pero, por supuesto, ante la realidad que nos rodea o la que nos acercan los medios, con la corrupción que devasta las ilusiones y principios democráticos, con la justicia que parece carecer de sentido común, y con la política que asegura hablar de una realidad que no percibimos, este claro mensaje-epitafio de José Alfredo tiene sentido.
Si consideramos señales decadentes lo anteriormente mencionado, hallamos otra musical: la vida no vale nada al enterarnos de que la casa Pleyel, el fabricante de pianos más antiguo, cierra. Evidentemente, José Alfredo no tocó ninguno –pues no sabía tocar ningún instrumento–, pero sí lo hicieron grandes músicos como Ravel, Manuel de Falla o Chopin, quien hizo famosa a la casa; incluso en Mallorca, en el monasterio de Valdemosa, en la celda 4, hay un piano que se dijo que había tocado el músico polaco, aunque, al parecer, no sea así –esta es otra historia. Pleyel, que está considerada como una Empresa de Patrimonio Vivo, según el gobierno francés, no puede soportar los precios bajos de los pianos asiáticos. La desaparición de Pleyel nos demuestra que, en verdad, la vida no vale nada y que lo que la hace valiosa, como la música que sale de nosotros, tarde o temprano, pasará y se perderá para siempre. Al igual que le ocurría al jinete de la canción homónima de José Alfredo:
 Por eso lleva una herida,
por eso busca la muerte.