El mago y la novia ausente. Accésit del X Premio Saigón de Literatura

EL MAGO Y LA NOVIA AUSENTE
(c) Manuel Guerrero Cabrera
 Accésit del X Premio «Saigón» de microrrelato
 Para Ariel Carrizo Pacheco
 –La bacana está triste, ¿qué tendrá la bacana…?
Escuchaban a Celedonio Flores como una declaración deseada de amor, porque en este
poeta todos sus versos eran admirables.
–Volvemos en unos minutos tras la pausa comercial en Radio Stentor –dijo el locutor,
cuando el poeta acabó.
Hizo la señal de que ya no estaban en el aire y Gardel, inquieto, se levantó de su silla
para dirigirse al otro poeta invitado, Enrique Cadícamo:
–Recién escuché al Negro Cele, me acordé de que grabé varios tangos ayer nomás, entre
ellos La novia ausente, de vos…
–Seguro que lo cantaste de forma inigualable –interrumpió Cadícamo.
–Sos un buen poeta, decime: ¿cómo usaste los versos de Rubén y no los de vos?
–Porque el tipo del tango tiene sus años… Imaginá que yo sería un pibe cuando se le
murió la mina, así que nadie mejor que Rubén Darío para ese recuerdo romántico.
Gardel acababa de sentarse en un sofá del estudio, cuando el locutor avisó de que en dos
minutos volverían a estar en directo.
–¡Che, Enrique! ¿Así es el tipo?
Gardel había sacado un mechón de lana del viejo sofá y se lo había colocado a modo de
bigote. Todos rieron. Por estas cosas le llamaban «El Mago»: había unido poesía y vida
para gusto de todos con lana vieja. Y con alma de niño, sonrisa de ángel y ridículo
mostacho quiso dar vida al protagonista de La novia ausente:
–La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?

En este vídeo podrás verme leer el texto durante la entrega del premio:

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Música inusitada: Mario Benedetti en salsa

Willie Colón y Tania Libertad, dos de los artistas más destacados de América, él por el Norte y ella por el Sur, realizaron en 1998 «Muchacha», cuya letra es un poema de Mario Benedetti y la música es autoría de Víctor Merino, que convierte genialmente la composición en una más que bailable salsa. Todo el álbum La vida ese paréntesis, en el que se incluye «Muchacha», es destacable como un virtuosismo musical de Merino en la adaptación de los versos del poeta oriental, como el bolero en que queda convertido «Piernas» o el tango que resulta ser «El barrio»; que en próximas ocasiones trataré de colocar en este blog. Mientras tanto, bailemos a Benedetti hecho salsa en la música de Víctor Merino y las voces de Willie Colón y Tania Libertad.

Muchacha

Cuando pasa el vaivén de tu cintura
La calle queda absorta / deslumbrada

Si desnuda te sueña la mirada
Sos carne de cañon o de censura

Las vidrieras reflejan tu figura
Y el maniquí te envidia la fachada
Tu presencia es un riesgo / todo o nada
Tu encanto es integral / base y altura

El requiebro vulgar no te arrebola
Parecés satisfecha con tu suerte
No te inquietan azares ni aureola

Quizá porque estás lejos de la muerte /
Ya que la sombra te ha dejado sola
Aprovecha la luz para esconderte.

La vida no vale nada. A José Alfredo Jiménez en Cabra digital y Lucena información

El pasado 23 de noviembre se cumplieron cuarenta años de la muerte de José Alfredo Jiménez (1926-1973). Este hombre fue, y sigue siendo, un poeta muy popular y no iría desencaminado si afirmara que pervive más su obra que su nombre en el cancionero hispano. ¿Quién no reconoce «El rey» y ha cantado lo mejor posible alguna de sus estrofas?
 
Una piedra en el camino
me enseñó que mi destino
era rodar y rodar.
(Rodar y rodar,
rodar y rodar).
 
También escribió la muy conocida «Si nos dejan», aunque resulte menos interesante que la citada «El rey» o la más que sugerente «Amanecí en tus brazos»:
 
Yo me volví a meter
entre tus brazos,
tú me querías decir
no sé qué cosas,
pero callé tu boca con mis besos
y así pasaron muchas, muchas horas…
 
De ahí que ahora se comprenda mejor que lo conocemos más por su obra que por su propio nombre. Lo curioso es que, después de impresionarnos con sus letras, José Alfredo solicitara que su epitafio fuera «La vida no vale nada», sentencia que empleó al comienzo de «Camino de Guanajuato» y que es el título de una recientemente estrenada obra de teatro inspirada en su vida y en sus composiciones. ¿De verdad que la vida no vale nada después de «El rey», si al término de escucharla –preferentemente en su voz o en la de grandes como Chavela Vargas–, podemos decir con Pablo Neruda que «nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos»?
Pero, por supuesto, ante la realidad que nos rodea o la que nos acercan los medios, con la corrupción que devasta las ilusiones y principios democráticos, con la justicia que parece carecer de sentido común, y con la política que asegura hablar de una realidad que no percibimos, este claro mensaje-epitafio de José Alfredo tiene sentido.
Si consideramos señales decadentes lo anteriormente mencionado, hallamos otra musical: la vida no vale nada al enterarnos de que la casa Pleyel, el fabricante de pianos más antiguo, cierra. Evidentemente, José Alfredo no tocó ninguno –pues no sabía tocar ningún instrumento–, pero sí lo hicieron grandes músicos como Ravel, Manuel de Falla o Chopin, quien hizo famosa a la casa; incluso en Mallorca, en el monasterio de Valdemosa, en la celda 4, hay un piano que se dijo que había tocado el músico polaco, aunque, al parecer, no sea así –esta es otra historia. Pleyel, que está considerada como una Empresa de Patrimonio Vivo, según el gobierno francés, no puede soportar los precios bajos de los pianos asiáticos. La desaparición de Pleyel nos demuestra que, en verdad, la vida no vale nada y que lo que la hace valiosa, como la música que sale de nosotros, tarde o temprano, pasará y se perderá para siempre. Al igual que le ocurría al jinete de la canción homónima de José Alfredo:
 Por eso lleva una herida,
por eso busca la muerte.

Música inusitada: Bécquer en el piano de Albéniz

El genial Isaac Albéniz no solo compuso piezas para piano (inolvidable Suite Iberia), sino también puso música a poemas. Es conocido que el millonario Money Coutts, con afán artístico, le daba dinero para que él pudiera componer y, así, entre otras cosas, realizó más de una ópera y musicalizó poemas del propio Money Coutts. 
Pero aquí quiero traer la música, de inspiración schumanniana que Albéniz le añadió a algunas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta sevillano del Posromanticismo, entre 1880 y 1898 (no he hallado dos lugares donde coincida la fecha):

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Música inusitada: Alfonsina y el mar

Alfonsina Storni fue una poeta argentina que se suicidó tirándose desde una escollera al Mar del Plata en 1938. Treinta y un años después, la gran cantante argentina Mercedes Sosa editaría un álbum titulado Mujeres argentinas en el que encontramos varias joyas. Una de ellas estará dedicada a la Storni: Alfonsina y el mar. Se trata de una zamba, una delicada y literaria zamba que la homenajea, con música de Ariel Ramírez y letra de Félix Luna.
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Sobre la presentación de Tango. Bailando con la literatura en Lucena (2010)

El pasado sábado 6 de febrero se presentó en el Palacio Erisana el nuevo libro de Manuel Guerrero Cabrera titulado Tango. Bailando con la literatura (editorial Wanceulen). El acto, organizado porla Asociación Cultural Naufragio, el Instituto Ouróboros de Córdoba y el Ayuntamiento de Lucena, comenzó con las intervenciones de Manuel Lara Cantizani, concejal de Cultura, que destacó la trayectoria del autor del libro,y Antonio Cruz Casado, catedrático del IES Marqués de Comares y autor del prólogo,que subrayó la novedad de estos estudios y expuso brevemente cómo aparecía el tango en las revistas de la época.
Manuel Guerrero, autor del libro, realizó unasíntesis de su obra, centrándose en la huella que el poeta Rubén Darío plasmó en algunos letristas del tango. La explicación de Guerrero se ayudó de la actuación del dúo Frente a Frente Tango que interpretaron piezas conocidas (Volver o Cambalache, entre otras) y títulos que se analizan en el libro (La novia ausente, Sur o El día que me quieras, entre otras), a las que se unió el baile de los egabrenses Ángel y Carmen ante el amplio auditorio congregado en el Palacio Erisana.
Esta presentación-concierto se enmarcaba dentro de unos actos que la Asociación Cultural Naufragio y el Instituto Ouróboros ofrecieron con motivo de la muerte de Gardel ocurrida hace 75 años.