Las tiritas. Artículo en Lucenahoy.com

https://www.lucenahoy.com/blog/manuel-guerrero/las-tiritas/20200401172934079605.html

No muchas de mis amistades saben que colecciono libritos o guías de Semana Santa de las distintas localidades de Andalucía. En esto, es mi mujer quien me ha regalado buena parte de estas publicaciones. Todos los años, salvo este por motivos de sobra conocidos –y que aún vivimos–, obtengo las de Lucena y Cabra, junto a las de Antequera, Rute y Fernán Núñez, pues tengo amigos que conocen esta pasión y me hacen llegar la guía de sus pueblos. De vez en cuando las miro y voy considerando la posibilidad de visitar alguna procesión curiosa o de gran valor artístico, como las procesiones a correón en Casabermeja, lo que en Antequera llaman correr la vega (que, si no puedo ir, la veo por Internet) o el Rey de Priego. Aunque me encanta la Semana Santa de Lucena, en especial por la santería y el Viernes Santo, me gusta conocer cómo es la manifestación de religiosidad popular de otros lugares.

Hace algo más de un mes, antes de que las procesiones se suspendieran definitivamente, me encontré la guía de la Semana Santa de Lucena de 2018 fuera de su lugar habitual. Al abrirla, me encontré con que mi hija –no podía haber sido otra persona– había cubierto algunas fotos con tiritas de Bob Esponja y Hello Kitty. Me fijé que, curiosamente, no había ninguna colocada en las fotografías de las dolorosas, sino solamente en los Cristos; así que me detuve en cada tirita y descubrí que ella las había colocado sobre las heridas de las manos, los pies o el costado. Me conmovió que una niña de cinco años –aunque creo que las pondría con menos edad– quisiera curar o aliviar las heridas de Jesús con unos apósitos de Bob Esponja, pues ella sabía que con una tirita cualquier rasguño o rastro de sangre en la piel se eliminaba.

Ojalá conserváramos en la adultez ese modo sencillo de ver las cosas, la ingenuidad para solventar los problemas, la confianza en las decisiones de los padres, el amor por vivirlo todo como nuevo, colocar una tirita para curarlo todo. No solo por lo que todo nos parecerá insólito cuando el coronavirus pase, sino siempre. Ya lo dijo Jesús, y queda reflejado en los Evangelios: de los que son como niños es el Reino de los Cielos.

Artículo sobre Leonado Antonio de Castro en la revista Silencio

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LEONARDO ANTONIO DE CASTRO. A 275 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO

(c) Manuel Guerrero Cabrera

 

Este 2020 se cumplen 275 años de la muerte de uno de los grandes artistas lucentinos del Barroco y sin el que nuestra ciudad no tendría este estilo artístico tan presente. Se trata de Leonardo Antonio de Castro, que nació el 12 de noviembre de 1656 en Lucena donde vivió siembre. Hombre docto y poeta, sacerdote respetado y con alguna capellanía, su obra más conocida es la pictórica, que estaba en todos o casi todos los templos y conventos de nuestra localidad, y en alguno de Cabra. También fue retablista, al proyectar el de la Concepción de los Franciscanos, el mayor de San Pedro Mártir (este en jaspes) y, atribuido, el de la Ermita de Ntra. Sra. de Araceli en la Barrera (en yeserías). Pero su obra arquitectónica es, si cabe, mucho más interesante: la portada e Iglesia de la Purísima (que, curiosamente, copia del modelo empleado por Hurtado Izquierdo en Priego y algunos detalles de la Capilla del Cardenal Salazar de la catedral cordobesa, también de Hurtado); la portada de la Iglesia de Santa Ana y de San Pedro Mártir, ambas con columnas salomónicas; o las trazas de Dios Padre y, fuera de Lucena, la de la Ermita de Jesús de las Penas de Encinas Reales; sin dejar atrás, la decoración del Santuario de Ntra. Sra. de Araceli, donde ya advertimos que Leonardo Antonio ha cambiado el orden que impuso en la Purísima por una profusa decoración para dar idea de riqueza, quizá como una primera prueba de lo que vendría a ser su gran obra: la capilla del Sagrario de San Mateo. Esta la ideó en 1740, con 84 años, y, gracias a ella, se considera uno de los grandes artistas del Barroco español. Todo en el Sagrario fue concebido por nuestro artista, con un evidente gusto por la decoración de yeserías y, de nuevo, con influencias de Hurtado (por ejemplo, la presencia de los zócalos, o la combinación de arquitectura, escultura y pintura, el uso de las luces y del espacio, como en el Sagrario de la Cartuja de Granada). Nuestro artista fallecería el 6 de septiembre de 1745, sin ver acabada su gran obra. Días antes de morir hizo un testamento en el que manifiesta interés por la capilla del Sagrario y su deseo por realizar las pinturas de la misma; así, lega una partida de sus bienes para sus obras.

El Año Jubilar por los 500 años de la Archicofradía del Santísimo Sacramento es un motivo excepcional para admirar y poner en valor el sobresaliente Sagrario de San Mateo, la obra por la que Leonardo Antonio de Castro ha trascendido de lo local a la Historia del Arte de España.