Entrevista en Sexto Continente sobre Al compás literario del tango

En Sexto Continente me entrevistan. Aquí puede leerse:

http://www.sextocontinente.info/2017/11/al-compas-literario-del-tango-de-manuel.html

Llega a las librerías de toda España el libro “Al compás literario del Tango”, de Manuel Guerrero Cabrera (Editorial Cuadernos del Laberinto. 2017. Madrid) en donde se recogen seis estudios en los que se habla de la poesía de Rubén Darío en las letras de Enrique Cadícamo, de las milonguitas, de las parodias de textos literarios convertidas en tangos, de Mi noche triste (considerado el primer tango-canción), de Discépolo y de Homero Expósito, entre otros asuntos. Junto a estos seis ensayos se publican cinco breves artículos sobre la relación del tango con Federico García Lorca, Horacio Ferrer u Horacio Salgán, entre otros nombres. 

Hemos podido charlar con el autor, el andaluz Manuel Guerrero Cabrera (Lucena, 1980) quien de primera mano nos explica el proceso de trabajo y las peculiaridades de este ensayo profundo y ameno.

Este lunes, 6 de noviembre, llega a las librerías de toda España su nuevo libro titulado Al compás literario del tango, que recopila seis estudios en los que se habla de la poesía de Rubén Darío en las letras de Enrique Cadícamo, de las milonguitas, de las parodias de textos literarios convertidas en tangos, de Mi noche triste (considerado el primer tango-canción), de Discépolo y de Homero Expósito, entre otros asuntos. Junto a estos seis ensayos se publican cinco breves artículos sobre la relación del tango con Federico García Lorca, Horacio Ferrer u Horacio Salgán, entre otros nombres. ¿Cuál es la idea principal que quiere transmitir con la publicación de este libro?

Cada estudio del libro transmite una idea distinta, así, por ejemplo, en el de Darío y Cadícamo indico que el Modernismo pervive en algunas letras del tango, o en el de las milonguitas refiero cómo estas mujeres evolucionan desde las letras que las desdeñan moralmente por haber decidido por propia voluntad abandonar el núcleo familiar y llevar una vida nocturna en casas de baile o cabarets (en tangos como Flor de fango o Ivette) hasta que logra la admiración (Malena) pasando por la literatura (Griseta) y la realidad de la miseria (Santa Milonguita). No obstante, el conjunto puede presentar una idea firme de que en las letras de tango hay elementos claramente literarios y de que esta música popular no prescinde lo culto.

Anteriormente ya había profundizado en el tango con Tango. Bailando con la literatura (Moreno Mejías, 2009) ¿Cómo surgió esta fascinación por esta música? 

Allá por 1999, con motivo de escribirle en una carta (entonces aún escribíamos cartas) mis gustos musicales, una chica me recomendó que escuchara a Carlos Gardel, porque podría gustarme. Y acertó. En aquellos años no era tan sencillo conseguir la música que querías, salvo que la compraras o alguien de tu entorno lo hiciera, así que me compré un disco compacto recopilatorio de los llamados de serie media en Córdoba –donde residía como universitario. Recuerdo que la primera vez que escuché Cuesta abajoEl día que me quieras o Caminito en la voz de Gardel, encontré en estos tangos evocaciones modernistas. Y desde entonces me aficioné a escucharlo, tanto es así que en un par de exámenes, al fallarme la memoria sobre el contenido de ciertos poetas de influencia modernista, escribí sobre las letras de tango. Aprobé, por cierto.

El prólogo de Al compás literario del tango está escrito por Ariel Carrizo Pacheco, compositor y experto en tango y discípulo de don Enrique Cadícamo ¿Cómo se conocieron?

 A Ariel le estoy muy agradecido de que haya firmado este fantástico prólogo a mi modesta obra, por ser una persona con sabiduría e importancia dentro del mundo del tango; además, contar con una persona que estuvo tan vinculada a don Enrique Cadícamo, uno de los grandes autores del tango, me ha dado confianza. En verdad, Ariel y yo nos pusimos en contacto mediante Facebook hace unos cinco años y, desde entonces, hemos compartido impresiones sobre nuestros artículos y el tango; espero conocerlo en persona en cuanto la fortuna me permita visitar Argentina de nuevo.

A lo largo del libro aparecen datos curiosísimos sobre la relación del tango y la literatura, por ejemplo como el primero plagiaba literalmente los poemas de Rubén Darío; o bien el tema de las milonguitas o la imagen femenina tan negativa en sus letras. Logra, en todo el ensayo, que el lector encuentre los textos amenísimos con la gran riqueza de anécdotas y datos que aporta. ¿Cómo ha sido el proceso de documentación?

 Muchas gracias por las palabras acerca de mis escritos. Para Tango. Bailando con la literatura, mi libro anterior de esta temática, conseguí localizar y verificar un buen número de fuentes fiables, porque sobre tango hay muchos libros y aún más artículos en Internet que copian literal o casi literalmente lo que otros autores ya habían escrito, apropiándose de ello sin más, al no citar ninguna referencia; así que para Al compás literario del tango ha sido más sencillo la búsqueda de la información. En mi último viaje a Argentina y a Uruguay, me hice con un buen surtido de libros que no lograba encontrar en España (incluida una joyita como la primera edición de El tango: su historia y evolución de Horacio Ferrer publicada en la editorial Peña Lillo) y algunos más recientes los pude conseguir por Internet.

Además es usted poeta y dirige un programa de literatura en la radio y participa en revistas. ¿Es la literatura su gran pasión?

 Nunca me he planteado si es mi gran pasión, porque tengo varias y la literatura es una de ellas.

¿Cómo fue su encuentro con Buenos Aires? 

El primero fue en julio de 2007. Allí era invierno, la ciudad estaba envuelta en una densa niebla, pero por lo general y, pese a las advertencias de amistades argentinas, la ciudad fue acogedora y siempre dábamos con alguien cuyo abuelo, abuela, padre o madre habían sido españoles. Un amigo tanguero (Ángel Mario Herreros, al que saludo desde estas líneas) me llevó a sitios emblemáticos del tango (Café de los Angelitos, el barrio de Pompeya, el Viejo Almacén…) o de la ciudad (Los 36 billares, Café Tortoni…) y a varias milongas, me explicaba los códigos, me contaba anécdotas e íbamos a escuchar a orquestas típicas. En la ciudad el tango está muy presente y forma parte de su atractivo, tanto para el turismo como para cualquier persona de allí. Y luego me fascinaron las librerías de la calle Corrientes, a las que dedicaba horas y horas perdido en sus pasillos y estanterías. La segunda vez que fui, le dediqué una semana a Montevideo, porque el tango no es exclusivo de Buenos Aires, sino que pertenece al Río de la Plata; es más, en Montevideo se estrenó en 1916 (quizá antes, pero se acepta esta fecha) La cumparsita, el tango más conocido, más difundido y más grabado; Montevideo es una ciudad muy amable, menos agresiva en el turismo, con muchas librerías de segunda mano llenas de volúmenes del siglo XIX (a muy buen precio para un español), y con una comida excelente.

¿Qué posee el tango que no tiene otro tipo de música?

Quizá, uno de los factores que le diferencien de otros estilos musicales es su voluntad de pervivencia, de adaptarse a los tiempos y las historias que le rodean más allá de lo propiamente musical. Sus orígenes están llenos de mitos, como un supuesto origen africano o prostibulario, que lo hace exótico o atractivo, pero, si escuchamos las grabaciones más antiguas de tango (primeros años del siglo XX), nos recuerda más al cuplé y a la música europea de unas décadas antes. Sin duda, fue popular, del pueblo, conquistó a las clases sociales acomodadas y se difundió sin fronteras por todo el mundo. Con el tango-canción –y poco después con el fin de la Guardia Vieja y el comienzo de la Nueva–, el tango se renovó y aparecieron letras cada vez más cuidadas, muchas de las cuales se convirtieron en himnos que difundió como nadie Carlos Gardel, una de las grandes voces del siglo XX y un icono de la música. Más tarde, volvió a actualizarse con el llamado tango de vanguardia, gracias al gran e imprescindible Astor Piazzolla y fue tal su impronta que llegaría a la fusión con otros estilos. El tango también fue perseguido en distintas dictaduras argentinas y sufrió la censura que buscaba eliminar, no solamente el rastro moral del alcohol o el sexo, sino también sus marcas características de expresión formal, por ejemplo, el voseo y el lunfardo. Sin duda, el baile ha ayudado mucho a su difusión y pervivencia: intimidad, confianza y seducción se asocian a él; el público queda deslumbrado ante la danza e, incluso, el cine ha ayudado en divulgar una faceta sensual (pienso en el cine clásico con el baile de Rodolfo Valentino de Los cuatro jinetes del apocalipsis y, en el más moderno, de Al Pacino en Perfume de mujer; aquí valdría como complemento y contraste que en Con faldas y a lo loco el millonario Osgoord se prendara de la Daphne interpretado por Jack Lemmon bailando un tango). Las demás artes han ayudado a hacerlo más conocido, como en los teatros populares en los que se añadía un tango al guion –así triunfó Mi noche triste–, los letristas escribían poesía (Enrique Cadícamo u Homero Expósito, por ejemplo) y los poetas escribían letras (cito a Nira Etchenique o a Jorge Luis Borges), y los novelistas (desde Manuel Puig a Arturo Pérez-Reverte) se han sentido atraídos por el tango. Y no quiero dejar atrás la polémica que siempre ha levantado, como su machismo –aunque esto es algo que comparte con muchos estilos del siglo XX, por ejemplo, el rock– o su capacidad de perversión moral, que llevó, lleno de curiosidad, a algún que otro Papa a contemplar el baile para decidir si le daba su bendición.

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Nueva sección en mi web: Entrevistas a…

Poco a poco iré subiendo las entrevistas que he hecho a distintos autores y personalidades. Comienzo con una poeta que admiro: María Rosal.

María Rosal

Entrevista con motivo de la presentación de Las salinas del aliento en Priego

http://poetasversosypoesia.blogspot.com.es/2016/10/las-salinas-del-aliento-del-poeta.html
—Su último poemario “Las salinas del aliento” es un homenaje a la vida; a la nueva vida, concretamente al nacimiento de su hija Malena ¿Cómo surgió el concepto y se fue desarrollando en su mente? ¿Puede hablarnos sobre su título?
Algunos poemas surgieron tras saber que iba a ser padre, pero sin formar un núcleo o idea de poemario. Esto sucede en los dos meses previos al nacimiento, tiempo en el que fui recopilando lo escrito y seleccionando los que consideraba los mejores poemas o los más adecuados, que son los que se encuentran en las secciones de «Pena de bandoneón» y «Desangelado el cielo». Sin embargo, el libro actual se perfiló con cuatro meses de vida de mi hija, entre hospitales y noches en vela, en los que surgieron los poemas de la última parte del libro. Así, bajo el mismo título reunía los temores e ilusiones de antes de que Malena naciera junto con la alegría y la esperanza de que ya estuviera compartiendo su vida conmigo. De ahí que con «Las salinas del aliento» haga referencia a que el dolor y la felicidad estén unidos.
—Dicen que la paternidad/maternidad es como un enamoramiento, de hecho los griegos clásicos diferenciaban entre varios tipos de amor, entre ellos filo, eros… ¿Qué diferencia la poesía amorosa clásica de la poesía a los hijos?
Al leer la pregunta he recordado que, precisamente, este verano, durante una conferencia sobre poesía que impartí en los cursos de verano de la Universidad Pablo de Olavide, acompañé la exposición con textos de la Antología Palatina y en ella aparecen, en el Libro de los motivos funerarios, poemas dedicados a la muerte de la amada o de la amante y, también, a la de los hijos (de tres años, de doce, etc.); con esto quiero decir que la poesía amorosa y la dedicada a los hijos no tienen un tratamiento diferente, al ser una preocupación y un aliento inherentes al ser humano que tienen en común el amor. Por supuesto, las corrientes, vertientes o modas de cada época aportan su signo, pero el fondo viene a ser el mismo. En una reseña al poemario, don Antonio Cruz Casado citaba versos de autores tan dispares como Rubén Darío, Miguel Hernández o Gabriela Mistral, que coincidían en la preocupación por el hijo… De hecho, centrándome en Las salinas del aliento, creí necesario que el amor a la amada debía estar presente, como sucede en algunos de los poemas de la segunda parte.
—Maneja a la perfección la métrica y la rima. ¿En qué grado considera fundamental el ritmo que estas dos herramientas proporcionan a la poesía, el verso libre es también poesía?
Muchas gracias por sus palabras. Intento limar y lamer el verso todo lo posible, porque el verso ha de tener ritmo. Para ello, el empleo de estrofas definidas es una buena ayuda, aunque la poesía actual no suele darle importancia; sin embargo, el verso libre debe vivir con lo que se viene denominando ritmo interior, es decir, no vale cualquier verso porque baste para comunicar lo que se pretende, pues el poeta ha de ir más allá. Los grandes poetas de hoy, algunos de los cuales cito claramente a lo largo del poemario (Luis Alberto de Cuenca o María Victoria Atencia), emplean verso libre con ritmo interior, que suenan muy bien al oído y en la lectura.
—¿Cómo ve el panorama cultural de la España contemporánea?
Respecto a la poesía, como poeta, considero que el momento es bastante bueno por la diversidad de vertientes que podemos encontrar, así como el buen número de festivales, encuentros y ocasiones en que cualquier persona puede encontrarse con ella. Sin embargo, como profesor, creo que a la juventud hay que animarla y motivarla más para que se acerque a una cultura distinta de los deportes y la televisión. Es una lástima que esta última, la televisión, no utilice su poder de atracción para difundir fácilmente aspectos culturales al adolescente, que básicamente tiene relación con lo cultural (teatro, Historia, Ciencia, etc.) en los centros educativos.
—¿Tenéis los andaluces un don especial para la poesía o es que en el Sur se toma más en serio?
Hay muy buenos poetas en el resto de España: Amalia Bautista, Joan Margarit, Yolanda Castaño, Enrique Gracia o Luis Alberto, entre otros; no pretendo fijar ningún listado. Por supuesto, en Andalucía también. Salvando alguna extraña excepción, la poesía ha sido tratada, si no en serio, con consideración por quienes han compartido sus versos conmigo, por ejemplo, desde las páginas de la revista literaria Saigón, a cuyo Consejo de redacción pertenezco desde hace unos diez años.

Recuperando la entrevista a Eduardo García para Saigón 13

En el número 13 de Saigón tuve la suerte de entrevistar a Eduardo García, que ha fallecido esta semana. Espero que esta entrevista sirva para conocer mejor la obra y personalidad de este gran poeta.

ENTREVISTA A EDUARDO GARCÍA

por Manuel Guerrero Cabrera

Publicada en el nº 13 de Saigón (2010).

Eduardo García

Eduardo García nace en São Paulo en 1965. Es profesor de Filosofía en Córdoba, donde reside desde 1991. Es autor de los libros Las cartas marcadas (1995), No se trata de un juego (1998; 2ª ed. 2004), ganador del Premio Hispanoamericano de Poesía «Juan Ramón Jiménez» y del Premio «Ojo Crítico» de Radio Nacional; Horizonte o frontera (Hiperión, 2003), Premio Internacional de Poesía «Antonio Machado en Baeza»; Refutación de la elegía (Generación del 27, 2006) y La vida nueva (Visor, 2008), VI Premio de Poesía «Fray Luis de León» y Premio Nacional de la Crítica 2008. Su obra ha sido recogida en numerosas antologías de poesía última española y ha escrito ensayos sobre la poesía en libros de su autoría: Escribir un poema (Fuentetaja, 2000; 2ª ed. ampliada y corregida, 2003) y Una poética del límite (Pre-Textos, 2005).

1.- Luis Alberto de Cuenca, Juan Antonio Bernier, Javier Lostalé, Joan Margarit, ahora usted y, en el próximo número, Jesús Aguado forman la nómina de entrevistados por nuestra revista. ¿Cree que es un buen listado de poetas? ¿Considera usted que Saigón ha olvidado algún nombre importante de la poesía actual?

            Me parece una espléndida selección de poetas. A todos ellos me une la admiración como lector y la complicidad de la amistad. Siento debilidad desde muy joven por todos los que entre ellos me superan en edad. Casualmente todos y cada uno de ellos fue generoso conmigo en mis inicios y a cada uno debo cuando menos alguna orientación en el momento justo o una palabra de aliento cuando más lo necesitaba. Al más joven prácticamente le vi nacer como poeta. Con él siento la misma sensación de afinidad, pero desde la otra orilla de la edad. Al escuchar sus nombres me siento en familia.

            La poesía española goza de muy buena salud y habría sido imposible agotar todos los poetas de primera de este país en una nómina de tan sólo 5 ó 6 autores. Por fortuna, a Saigón le quedan muchos números por delante para ir perfilando un panorama tan extraordinariamente rico en personalidades creativas.

2.- Lara Cantizani comunicó la noticia de su Premio Nacional de la Crítica en la presentación de nuestro número 11 en Lucena. El público y nosotros nos alegramos mucho, ¿y usted cómo se sintió? ¿Esperaba recibirlo?

            Nadie en su sano juicio confía en obtener un premio de tal envergadura. Soñaba, eso sí, con que algún día podría, quizá, reconocerse mi obra a esa escala. Pero los sueños sueños son… hasta que se convierten en realidad. Y entonces no sabe uno muy bien qué hacer con ellos. La verdad es que supe días antes por Internet que La vida nueva se encontraba entre los libros finalistas, pero al ver entre éstos los últimos poemarios de maestros de la talla de Ángel González o Tomás Segovia preferí no hacerme muchas ilusiones y consideré un honor en sí mismo haber llegado a la final. Al fin y al cabo, lo normal en un premio es no ganarlo. Por cada libro premiado hay cientos o miles de textos que no alcanzan el éxito. Y de entre ellos siempre hay cuando menos media docena de libros notables. Si encima, como es el caso, se concede a un solo título de entre los cerca de tres mil libros de poesía que se publican en nuestro país a lo largo de un año… Soy de los que prefieren no hacerse castillos en el aire para no llevarme una desilusión y quedarme luego como un trapo.

            Además, en los últimos años se han concedido esta clase de premios (en particular el Nacional y el de la Crítica) tan sólo a autores de más edad, a modo de reconocimiento no tanto al libro mismo como a la entera trayectoria del autor. Por eso mi primera reacción fue de perplejidad. No esperaba que ningún contemporáneo mío lo ganase. Y mucho menos que me tocase ser el primer poeta de mi promoción en alcanzar un reconocimiento de tal envergadura. Ojalá la concesión de este premio a mi obra marque de algún modo el pistoletazo de salida para toda una generación de creadores con mucho que aportar.

3.- La vida nueva marca desde el título una fuerte relación con lo vital. Tras este Premio de la Crítica, ¿hay un antes y un después en su poesía?

            A eso me refería cuando te decía que al cumplirse los sueños nos dejan al borde del abismo. Uno corre tras ellos, poseído del deseo de alcanzarlos, y al conseguirlos nos quedamos como huérfanos, sin saber muy bien hacia dónde dirigirnos. Eso sentí los primeros días: “Muy bien, maravilloso… ¿pero ahora qué nuevo sueño me invento?” En seguida comprendí que el verdadero premio consistía en no necesitar más premios para reclamar la atención de crítica y lectores. Me acababan de regalar el don más preciado: libertad para escribir al dictado de mi propio deseo. Por no hablar de la confianza en mí mismo para fiarme tan sólo de mi propia intuición por muy lejos que pueda llevarme. Mi nuevo sueño es la escritura misma, la pasión del descubrimiento, sin el paralizante afán de ser reconocido como autor.

            La vida nueva representa un giro en mi poesía. En sus poemas me interno más y más en una vía personalísima, alejándome un poco más de corrientes y tendencias al uso. Pensaba mientras lo escribía que el precio de tan singular indagación sería la incomprensión de la crítica, pero estaba dispuesto a pagarlo, pues los poemas mismos me decían que nunca había llegado tan lejos. Cuando empecé a escribir pensaba que el libro más difícil sería el primero. Encontrada la voz todo se desplegaría con facilidad. Ahora sé que la evolución de un poeta se produce en sentido diametralmente opuesto. Cada nuevo libro es más difícil de perfilar, más solitaria la aventura. Sospecho que cuanto más crezco como escritor más solo me encuentro ante el papel en blanco, menos maestros a los que acudir. Voy desnudándome de referentes claros, de fórmulas poéticas, para encontrarme nuevos hallazgos. Pero no es tan fácil reconocer los aciertos cuando no hay claros precedentes en la tradición próxima. La inseguridad, las dudas, son el azote del poeta que trata de dar curso a una voz en tránsito. Por eso es una labor cada vez más agotadora, por que cada vez me interno más a fondo en la maleza, sin guías ni fáciles senderos ni señales de orientación. Escribo ahora al filo del abismo y cada poema requiere un estado de conciencia de una más honda introspección. Contra todo pronóstico la crítica parece haber premiado este afán mío de explorar a fondo mis propios caminos. Me han regalado, como te decía, libertad.

4.- Yo encontré el libro en Lucena. Fui a comprarlo una semana después, pero para mi sorpresa ya se habían agotado todos los ejemplares. Por lo tanto, ¿cómo han acogido los lectores La vida nueva?

            Uno nunca sabe muy bien cuántos lectores va seduciendo en el camino. Ya quisiera yo ser músico para tocar en directo y contemplar a mi público, disfrutar cara a cara sus emociones… Cada vez hay menos indicios que nos permitan medir el efecto de un libro de poesía en los lectores. De hecho la mayoría de los suplementos dominicales están abandonando a la poesía. Y nadie sabe aún qué peso público alcanzarán los “blogs” de crítica literaria en los próximos años, aunque todo parece indicar que son un fenómeno emergente y en alza.

            Apenas puedo saber de mis lectores las sensaciones que recibo de ellos en mis lecturas. Ese es el único lugar de encuentro que me es dado disfrutar. (¡Quién pudiera contemplarlos enfrascados en solitaria lectura! Pero no es posible. Tendré que contentarme con soñarlo.) La verdad es que en los últimos meses se están produciendo en mis lecturas de poemas situaciones de verdadero voltaje poético. Se genera con frecuencia el renovado milagro de la comunicación, el misterio de la palabra. No me enorgullezco de ello, pues la palabra y no yo, el Eduardo García de todos los días, es quien provoca esos estados de comunión. ¿Más que antes? Quizá. También me he dejado la piel en este libro más que nunca. He dejado atrás en buena medida tanto el distanciamiento de herencia realista como los recursos intelectuales de libros anteriores. Supongo que los lectores están reaccionando a la verdad de estos versos míos “de madurez”.

            En los últimos años la poesía española se obsesionó tanto con la verosimilitud del poema que acabó por olvidar otro valor más profundo: su verdad. Goethe ya lo decía: “Poesía y verdad”. Mi voz se ha abierto a registros más oníricos, más próximos a la vanguardia, pero en realidad hablo de mí mismo de manera más descarnada, a flor de piel. De hecho, si escribo vastos versículos o despliego multitud de imágenes en el poema es tan sólo por que lo que la voz poética quiere decir tan sólo puede manifestarse en esos registros. La poesía es el cauce que ha creado nuestra especie para intentar decir aquello que el lenguaje común no logra decir. Llevar el lenguaje más allá de su uso común es su naturaleza misma, su razón de ser. Sólo así podemos cercar el enigma que somos, capturar una brizna de auténtica emoción, dar curso a una intuición que no sabríamos decir con las palabras de todos los días. Existe la poesía porque no nos basta para dar a entender todo cuanto somos con el lenguaje de la prensa o del relato tradicional, la impoluta cadena lógica de ideas o la narración lineal, sin fisuras. Supongo que el lector intuye en mis versos esa actitud de honestidad, esa entrega en carne y hueso a la palabra. Ella, y no yo, abre cauce al misterio. Y lo hace a su propio indómito antojo, cuando y como quiere. Quizá también se sientan contagidos por el entusiasmo, la libertad sin límites con la que intento acercarme al papel en blanco. Agradezco a la poesía esos fugaces momentos en los que unos versos logran hacerme sentir hermanado con un puñado de desconocidos. Tenemos tan escasas ocasiones de sentir el entusiasmo de la palabra…

5.- Cuando usted escribe un poema (o un poeta escribe), ¿qué busca en el lector: la interpretación de lo que usted quiso decir o que le dé otras interpretaciones que usted desconocía?

            He dejado hace tiempo de pensar en un lector ideal mientras escribo. Esa actitud es muy útil para el aprendiz de poeta, pues le hace consciente de los recursos de su oficio. Pero llega un día en que uno interioriza toda la técnica, los ritmos… y empieza a navegar sin brújula. Lo importante es escuchar esa frágil voz que late al fondo de uno mismo, amenazada por el temor a lo desconocido, la tentación del perfeccionismo, el solapado afán de agradar a crítica y lectores… Cualquier desviación puede dar al traste con la genuina revelación para hacernos desembocar en el remanso sin vida de lo apenas convencionalmente poético. Es preciso pulso firme para escapar a la normalización, virus de nuestro tiempo en todas las esferas de la cultura.

            Por otra parte, a un poema correcto le basta con que el lector reconozca el mensaje que el poeta se proponía comunicar. Pero un poema brillante, un pura sangre de esos que uno ha crecido admirando, esos que sueña escribir, trasciende la voluntad del autor, dice siempre más que aquello de lo que el poeta era consciente en el momento de la escritura. Mi mayor alegría es descubrir nuevas vertientes de sentido en mis poemas que no me imaginaba al escribirlos. A veces me los sugieren los lectores, pero en otras ocasiones soy yo mismo quien al cabo de los meses o los años me quedo de pronto de piedra ante una repentina revelación que arroja luz sobre lo que se agitaba en claroscuro dentro de mí en el momento de la escritura. Allí mismo, entre líneas, latente ante mis ojos. Y sin embargo he necesitado el poso del tiempo, aprender a mirar con ojos nuevos, para sentir el latigazo del descubrimiento.

6.- Miguel García-Posada dijo que usted era uno de los más importantes poetas de los últimos veinte años en España. ¿Qué opinión tiene de la poesía de dicha época?

            Hay un considerable número de poetas singulares en mi generación. Quizá hayamos pasado más desapercibidos por que fuimos los primeros en evitar la maldición de la poesía española contemporánea y su dinámica de las generaciones. Por primera vez una promoción de poetas rompió el círculo vicioso de enfrentarse en grupo a la generación precedente. Parece que no hemos necesitado “matar al padre” para afirmar nuestro propio discurso. Además, las condiciones sociológicas han cambiado.  Si pongamos por caso un joven poeta de los 50 necesitaba enfrentarse a los poetas de la generación anterior era en buena medida por que se publicaban poquísimos títulos de poesía en nuestro país. O se abría paso a codazos o sus versos languidecían en el cajón. Hoy el mercado del libro se ha diversificado de tal modo que pueden coexistir sin conflicto varias generaciones. Escasean los lectores del género, como siempre,  y la atención mediática brilla por su ausencia, pero la obra desemboca en el papel con relativa facilidad.

            También es cierto que renunciamos de algún modo a disfrutar la oportunidad que tuvieron las sucesivas promociones poéticas de alcanzar en plena juventud un veloz ascenso al Parnaso. Sólo ahora, recién entrados en la cuarentena, empezamos a ser reconocidos. Pero creo que valió la pena haber sido los primeros en romper con las absurdas guerras entre facciones. Ganamos a cambio, y mucho, en libertad creativa, diversidad de apuestas, lo cual sólo ha podido enriquecernos a todos. Al renunciar a formar una escuela o tendencia dominante cada cual ha tenido mucha más libertad para desarrollar, sin miedo a la censura del grupo, la especificidad de su propia voz. Sólo el tiempo lo dirá, pero es probable que entre todos estemos construyendo una de las generaciones más ricas en apuestas personales de cuantas han jalonado la poesía española contemporánea. Somos una proliferación de voces, no una escuela o un par de tendencias en conflicto. Las preceptivas han saltado por los aires, lo cual no puede sino complacer al duende de la poesía, que tiene ante sí cada vez más vastos territorios a explorar.

7.- ¿Y cómo ve la poesía cordobesa de hoy?

            Con tanta salud como poetas y libros de valía sigue dando a luz. Nadie sabe qué pasó en Córdoba para que sin apoyo oficial, ni editoriales locales, ni infraestructura de ninguna clase surgiera casi de la nada una promoción de poetas que alcanzaron reconocimiento a nivel nacional. (Cosmopoética vino mucho después y ni ha servido ni nunca se propuso proyectar ningún nombre local fuera de la provincia.) A día de hoy siguen apareciendo nuevas voces, aunque todavía sea pronto para valorar cuánto puedan crecer. Los últimos libros de poetas como Pablo García Casado, José Luis Rey, Elena Medel, José Daniel García o Antonio Luis Ginés demuestran que la poesía cordobesa continúa viva, proliferante de apuestas personales. Por no hablar de los “senior” como Pablo García Baena o Juana Castro, que han dado a luz en los últimos años algunos de sus mejores libros. Y podría citar otros muchos nombres.

8.- ¿Cree que los poetas cordobeses se leen unos a otros?

            Sí y no. Cada cual lee lo que más le place, sea o no obra de un autor local. A partir de mi generación el cosmopolitismo ha caracterizado a la mayoría de los autores de la ciudad. No formamos entre todos ninguna tendencia. Simplemente las afinidades de cada cual le conducen a indagar en la obra de los poetas que le interesan. Si además conoces personalmente al autor quizá brote la llama de la amistad. Pero no hay a día de hoy localismo que valga entre nosotros, lo cual es muy de agradecer. Me da la risa cuando veo que en algunos “blogs” nos suponen una mafia imbatible. La verdad es que cada cual va a su aire. Ni siquiera puede decirse que todos seamos amigos de todos. Además, en los últimos años la mayoría de los que eran o todavía son jóvenes poetas cordobeses viven fuera de la ciudad: Madrid, Cabra, Sevilla, Montevideo, México,  Alburquerque… Ha habido una auténtica diáspora. Lo que sí es verdad es que, a diferencia de otras ciudades, apenas nos hemos agotado en ridículas luchas intestinas.

9.- ¿Qué está escribiendo ahora? ¿Qué publicará próximamente?

            Quizá sea pronto para hablar de lo que está apenas naciendo. Como suele sucederme entre libro y libro escribo los poemas que me nacen, sin someterlos a un cauce, una dirección precisa. Con el tiempo irán por sí mismas perfilándose vetas y modulaciones. Por ahora creo que el ciclo que se inició en La vida nueva continúa en marcha, pero ya empiezan a asaltarme por sorpresa poemas que parecen abrirse a nuevos territorios. Experimento la poesía como una aventura, una exploración sin meta prefijada. Si se vive la escritura como un acto de libertad es natural que cada poema pida su particular ritmo, su actitud anímica, su modulación. Procuro siempre estar muy atento a la naturaleza de la voz que habla en mí, serle fiel hasta el final. Algunos piensan que escribir así es fácil, algo así como dejarse llevar por la escritura automática. Y sin embargo es justo al revés. Me ha costado décadas alcanzar ese grado de espontaneidad en el que el ritmo brota de la respiración misma de la voz. Escribir sin fórmulas cerradas es un continuo ejercicio de acrobacia técnica, pero desde una intuición elevada a la máxima intensidad. Lo fácil es escribir un soneto a toda prisa, una forma métrica cerrada donde las reglas están claras y sabemos de antemano que el ritmo funcionará. Pero soltar la mano de verdad, renunciar a las fórmulas, generando con palabras algo que no existe, donde la quiebra de la norma no puede ser caprichosa o arbitraria, sino que ha de generar una nueva respiración, una mirada… requiere un estado intuitivo excepcional. La poesía es así una experiencia misteriosa que se niega en redondo a obedecer a un simple ejercicio de voluntad.  Pero cuando brota espontáneo un verdadero poema… ese día me siento feliz como el niño que sopla las velas de su tarta de cumpleaños. Doy entonces por buenos los intentos fallidos, las fases de sequía, los meses de persecución en vano. Ha valido la pena intentar lo imposible: escribir un poema.

            Tengo, además, varios libros en transcurso, con los andamios puestos: aforismos, una traducción, una hipotética recopilación de ensayos… Los voy escribiendo según siento la necesidad de acercarme a ellos, regándolos de vez en cuando, como las plantas, para que vayan creciendo a su amor. Al fin y al cabo son organismos vivos que se nutren de mi sangre y mis huesos, mi vacío y mi deseo. Nunca sé, por fortuna, qué me aguarda al otro lado de la página.