Citado por Conrado Castilla en una entrevista

El escritor Conrado Castilla me cita en una entrevista que firma Maribel Ozgaz para Leer en Madrid:

Podría recomendar otros poetas que en su opinión sean interesantes.

Son muchos los poetas que podría recomendar pero me voy a ceñir solo a algunos bastante conocidos como Jesús Aguado, Juana Castro o Ángeles Mora, pero también a otros que aunque quizá lo son menos, como Francisco Onieva o Manuel Guerrero,  desde mi punto de vista están llamados a desempeñar un papel, importante en la poesía española actual.

Puedes leer la entrevista completa aquí:

http://www.leerenmadrid.com/2018/03/la-poesia-es-observar-la-vida-desde.html

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Citado por Sensi Budia en una entrevista

La escritora Sensi Budia ha sido entrevistada en Sur de Córdoba y me dedica unas gratas palabras:

http://www.surdecordoba.com/la-lupa/entrevista-sensi-budia-la-presentacion-su-libro-lucena-viernes-16

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Entrevista en el periódico Irreverentes

https://periodicoirreverentes.org/2018/01/08/al-compas-literario-del-tango-de-manuel-guerrero-cabrera/

Como el abrazo de la pareja, el tango baila estrechamente con la literatura, aunque unas veces es el primero quien marca el paso y otras, su compañera. Al compás literario del tango recoge seis estudios en los que se habla de la poesía de Rubén Darío en las letras de Enrique Cadícamo, de las milonguitas, de las parodias de textos literarios convertidas en tangos, de Mi noche triste (considerado el primer tango-canción), de Discépolo y de Homero Expósito, entre otros asuntos. Junto a estos seis ensayos se publican cinco breves artículos sobre la relación del tango con Federico García Lorca, Horacio Ferrer u Horacio Salgán, entre otros nombres. Sigue leyendo

Entrevista en Back Space

http://poesianoticias.blogspot.com.es/2018/01/al-compas-literario-del-tango-manuel.html

Manuel Guerrero Cabrera  (Lucena, Córdoba. 1980) es el autor de “Al compás literario del Tango”, un amenísimo ensayo sobre la relación entre literatura y tango que acaba de publicar la editorial Cuadernos del Laberinto.

Guerrero Cabrera no es nuevo en estos lindes, ya que en  2009 nos ofreció “Tango. Bailando con la literatura”, y además su obra poética goza de un reconocimiento merecido.

Nadie mejor para poder charlar sobre esta música que cautiva a todo el planeta y empezar el año con las notas de tangos tan inolvidables como Mi noche triste o Caminito.

En Al compás literario del Tango el lector encontrará jugosas anécdotas y profundos estudios que le ayudarán en el conocimiento de este ritmo.

—Tango y literatura, ¿cómo de especial es esta relación?

 Muy especial. Han estado unidos desde hace cien años, o más. Por ejemplo, Mi noche triste se difundió a partir de 1918 en una obra de teatro, convirtiéndose en éxito en Buenos Aires; desde entonces, las piezas teatrales incluían con frecuencia algún tango. En las letras, desde los años 20 del siglo pasado se recurre a elementos o personajes de obras literarias; por ejemplo, en Griseta (1926) se menciona a Margarita Gauthier (de La dama de las camelias de Dumas) o a Manon (de Historia del caballero des Grieux y Manon Lescout de Prèvost), en La novia ausente (1933) se recita la primera estrofa de la «Sonatina» de Rubén Darío, quien también es nombrado en el tango. También hay otras maneras más sutiles de manifestar obras literarias clásicas, como en Café de los angelitos(1944) que evoca unos versos de las Coplas de Jorge Manrique.

Decía Homero Expósito, uno de los grandes letristas del tango, que «nadie puede escribir un tango si no sabe escribir un soneto»; lo dijo a mediados del siglo XX, lo que implica que ya entonces la literatura estaba muy presente en la música popular del tango.

—El tango “Mi noche triste”, uno de los favoritos de casi todo el mundo, fue el comienzo de la unión entre tango y poesía, allá por 1916. ¿Qué significó este cambio?

—No fue exactamente el comienzo de la unión de tango y poesía, sino más bien un nuevo planteamiento estético y temático para el tango. Habla de un hombre abandonado por la mujer, algo novedoso para el tango; la mujer, recluida en el espacio doméstico, objeto de goce o, por el contrario, desde otro punto de vista, una femme fatale, se va de la casa; el hombre expresa esta situación desde la melancolía, que, desde entonces, será esa nota triste la que encontremos en el tango. Pensamiento triste que se baila, como decía Discépolo. Con Mi noche triste se coincide en que se inicia del denominado tango-canción, en el que se cuidan más las letras y sus autores pasarán de ser bohemios a periodistas o dramaturgos y de estos a universitarios; en otras palabras, los letristas irán teniendo más formación.

—El tango es una de sus pasiones, incluso ha puesto a su hija como nombre Malena. Además es usted profesor de literatura y periodista (dirige el programa radiofónico La voz a ti debida en Radio Atalaya de Cabra). Claramente lo suyo son las letras.

—Quizá esta no sea la respuesta esperada. Hace unos cinco años, una alumna me preguntó qué me hubiera gustado ser o hacer, de no ser profesor. Le dije que hacía todo lo que me había propuesto o había soñado, aunque me quedaba por cumplir un anhelo: el de ser letrista, el de escribir canciones y que las interpretaran. Y, aunque en verdad esto me ha pasado una sola vez gracias a un ex alumno que adaptó uno de mis poemas para su grupo adolescente de rock, sigue siendo algo que me encantaría hacer.

—En su libro nos relata cómo Gardel y Lorca se hicieron amigos. Una historia apasionante y poco conocida.

—Así es. Lorca coincidió con el tango en más de una ocasión. Una de ellas tiene como protagonista precisamente al mismísimo Carlos Gardel. Fue en 1933, durante su viaje a Buenos Aires, se encontraron, se los presentaron y el Zorzal no dudó en llevarlo a su domicilio y cantarle algunos temas. Según testimonios de los presentes, Lorca escuchó Claveles mendocinosMis flores negras y Caminito en este encuentro con Gardel.

—Normalmente al hablar de tango, se piensa rápidamente en Buenos Aires, pero Uruguay también tiene mucho que decir al respecto ¿no es así?

—Por supuesto. Simplemente basta recordar que el tango más  conocido, más difundido y más grabado es uruguayo: La cumparsita. En Montevideo el tango se respira en las calles y Gardel es muy reclamado.

—A esta alturas del siglo XXI ¿aún no se sabe a ciencia cierta el lugar de nacimiento de Carlos Gardel?

—Hay que recordar sucintamente que hay dos teorías sobre el origen de Gardel: una afirma que nació en Tacuarembó (Uruguay) el 11 de diciembre de 1887, la otra que lo hizo en Toulouse (Francia) en 1890, también un 11 de diciembre. El artista llevaba consigo documentos que se ajusta a la postura uruguayista, pero en su testamento pone que era francés. Luego hay circunstancias como que lo apodaran el Francesito o que a su compañero de dúo, José Razzano, lo llamaran el Oriental, cuando el propio Gardel también lo era; no obstante, en distintos periódicos de la época no dudó en afirmar que era de Tacuarembó. Además, hace unos seis años se encontró documentación muy sólida sobre su origen francés e, incluso, hay fotografías de él con su familia francesa (esto lo menciono en uno de los artículos del libro); y en torno a 2015 aparece un documento de identidad emitido en Argentina en el que se registra su origen uruguayo. Hay varios aspectos que necesitarían mucho tiempo y espacio para exponerlas con claridad, como que Gardel fue hijo de un incesto en la teoría uruguayista, o que su madre, Berta Gardés, tuvo otro hijo llamado Charles Romuald con el que se confunde al Zorzal. En definitiva, es algo apasionante sobre lo que se ha escrito y se sigue escribiendo.

—Además es usted fundador y colaborador de la revista literaria “Saigón”. Permítame que le pregunte la procedencia de este título.

—Saigón era el nombre de la antigua capital de Vietnam del Sur, rebautizada como Ciudad Ho Chi Min a raíz de la invasión del sur por los vietnamitas del norte. Para quienes hacemos la revista, este nombre alude a un episodio clave de la derrota de los estadounidenses en Asia y, por extensión, es una metáfora del proceso de traspaso de la hegemonía mundial de Occidente a Asia en el que nos hallamos inmersos desde hace varias décadas, así como del proceso mismo de decadencia de la civilización occidental (siguiendo a Spengler o Barzun, entre otros).

—Es inevitable preguntarle por cuál es su tango favorito.
—Probablemente sea Trenzas, de Homero Expósito y Armando Pontier, aunque me es difícil elegir uno. También considero de mis favoritos Por la vuelta de Cobián y Cadícamo, y, aunque no sea tango, la Milonga triste de Piana y Manzi.

Entrevista en Sexto Continente sobre Al compás literario del tango

En Sexto Continente me entrevistan. Aquí puede leerse:

http://www.sextocontinente.info/2017/11/al-compas-literario-del-tango-de-manuel.html

Llega a las librerías de toda España el libro “Al compás literario del Tango”, de Manuel Guerrero Cabrera (Editorial Cuadernos del Laberinto. 2017. Madrid) en donde se recogen seis estudios en los que se habla de la poesía de Rubén Darío en las letras de Enrique Cadícamo, de las milonguitas, de las parodias de textos literarios convertidas en tangos, de Mi noche triste (considerado el primer tango-canción), de Discépolo y de Homero Expósito, entre otros asuntos. Junto a estos seis ensayos se publican cinco breves artículos sobre la relación del tango con Federico García Lorca, Horacio Ferrer u Horacio Salgán, entre otros nombres. 

Hemos podido charlar con el autor, el andaluz Manuel Guerrero Cabrera (Lucena, 1980) quien de primera mano nos explica el proceso de trabajo y las peculiaridades de este ensayo profundo y ameno.

Este lunes, 6 de noviembre, llega a las librerías de toda España su nuevo libro titulado Al compás literario del tango, que recopila seis estudios en los que se habla de la poesía de Rubén Darío en las letras de Enrique Cadícamo, de las milonguitas, de las parodias de textos literarios convertidas en tangos, de Mi noche triste (considerado el primer tango-canción), de Discépolo y de Homero Expósito, entre otros asuntos. Junto a estos seis ensayos se publican cinco breves artículos sobre la relación del tango con Federico García Lorca, Horacio Ferrer u Horacio Salgán, entre otros nombres. ¿Cuál es la idea principal que quiere transmitir con la publicación de este libro?

Cada estudio del libro transmite una idea distinta, así, por ejemplo, en el de Darío y Cadícamo indico que el Modernismo pervive en algunas letras del tango, o en el de las milonguitas refiero cómo estas mujeres evolucionan desde las letras que las desdeñan moralmente por haber decidido por propia voluntad abandonar el núcleo familiar y llevar una vida nocturna en casas de baile o cabarets (en tangos como Flor de fango o Ivette) hasta que logra la admiración (Malena) pasando por la literatura (Griseta) y la realidad de la miseria (Santa Milonguita). No obstante, el conjunto puede presentar una idea firme de que en las letras de tango hay elementos claramente literarios y de que esta música popular no prescinde lo culto.

Anteriormente ya había profundizado en el tango con Tango. Bailando con la literatura (Moreno Mejías, 2009) ¿Cómo surgió esta fascinación por esta música? 

Allá por 1999, con motivo de escribirle en una carta (entonces aún escribíamos cartas) mis gustos musicales, una chica me recomendó que escuchara a Carlos Gardel, porque podría gustarme. Y acertó. En aquellos años no era tan sencillo conseguir la música que querías, salvo que la compraras o alguien de tu entorno lo hiciera, así que me compré un disco compacto recopilatorio de los llamados de serie media en Córdoba –donde residía como universitario. Recuerdo que la primera vez que escuché Cuesta abajoEl día que me quieras o Caminito en la voz de Gardel, encontré en estos tangos evocaciones modernistas. Y desde entonces me aficioné a escucharlo, tanto es así que en un par de exámenes, al fallarme la memoria sobre el contenido de ciertos poetas de influencia modernista, escribí sobre las letras de tango. Aprobé, por cierto.

El prólogo de Al compás literario del tango está escrito por Ariel Carrizo Pacheco, compositor y experto en tango y discípulo de don Enrique Cadícamo ¿Cómo se conocieron?

 A Ariel le estoy muy agradecido de que haya firmado este fantástico prólogo a mi modesta obra, por ser una persona con sabiduría e importancia dentro del mundo del tango; además, contar con una persona que estuvo tan vinculada a don Enrique Cadícamo, uno de los grandes autores del tango, me ha dado confianza. En verdad, Ariel y yo nos pusimos en contacto mediante Facebook hace unos cinco años y, desde entonces, hemos compartido impresiones sobre nuestros artículos y el tango; espero conocerlo en persona en cuanto la fortuna me permita visitar Argentina de nuevo.

A lo largo del libro aparecen datos curiosísimos sobre la relación del tango y la literatura, por ejemplo como el primero plagiaba literalmente los poemas de Rubén Darío; o bien el tema de las milonguitas o la imagen femenina tan negativa en sus letras. Logra, en todo el ensayo, que el lector encuentre los textos amenísimos con la gran riqueza de anécdotas y datos que aporta. ¿Cómo ha sido el proceso de documentación?

 Muchas gracias por las palabras acerca de mis escritos. Para Tango. Bailando con la literatura, mi libro anterior de esta temática, conseguí localizar y verificar un buen número de fuentes fiables, porque sobre tango hay muchos libros y aún más artículos en Internet que copian literal o casi literalmente lo que otros autores ya habían escrito, apropiándose de ello sin más, al no citar ninguna referencia; así que para Al compás literario del tango ha sido más sencillo la búsqueda de la información. En mi último viaje a Argentina y a Uruguay, me hice con un buen surtido de libros que no lograba encontrar en España (incluida una joyita como la primera edición de El tango: su historia y evolución de Horacio Ferrer publicada en la editorial Peña Lillo) y algunos más recientes los pude conseguir por Internet.

Además es usted poeta y dirige un programa de literatura en la radio y participa en revistas. ¿Es la literatura su gran pasión?

 Nunca me he planteado si es mi gran pasión, porque tengo varias y la literatura es una de ellas.

¿Cómo fue su encuentro con Buenos Aires? 

El primero fue en julio de 2007. Allí era invierno, la ciudad estaba envuelta en una densa niebla, pero por lo general y, pese a las advertencias de amistades argentinas, la ciudad fue acogedora y siempre dábamos con alguien cuyo abuelo, abuela, padre o madre habían sido españoles. Un amigo tanguero (Ángel Mario Herreros, al que saludo desde estas líneas) me llevó a sitios emblemáticos del tango (Café de los Angelitos, el barrio de Pompeya, el Viejo Almacén…) o de la ciudad (Los 36 billares, Café Tortoni…) y a varias milongas, me explicaba los códigos, me contaba anécdotas e íbamos a escuchar a orquestas típicas. En la ciudad el tango está muy presente y forma parte de su atractivo, tanto para el turismo como para cualquier persona de allí. Y luego me fascinaron las librerías de la calle Corrientes, a las que dedicaba horas y horas perdido en sus pasillos y estanterías. La segunda vez que fui, le dediqué una semana a Montevideo, porque el tango no es exclusivo de Buenos Aires, sino que pertenece al Río de la Plata; es más, en Montevideo se estrenó en 1916 (quizá antes, pero se acepta esta fecha) La cumparsita, el tango más conocido, más difundido y más grabado; Montevideo es una ciudad muy amable, menos agresiva en el turismo, con muchas librerías de segunda mano llenas de volúmenes del siglo XIX (a muy buen precio para un español), y con una comida excelente.

¿Qué posee el tango que no tiene otro tipo de música?

Quizá, uno de los factores que le diferencien de otros estilos musicales es su voluntad de pervivencia, de adaptarse a los tiempos y las historias que le rodean más allá de lo propiamente musical. Sus orígenes están llenos de mitos, como un supuesto origen africano o prostibulario, que lo hace exótico o atractivo, pero, si escuchamos las grabaciones más antiguas de tango (primeros años del siglo XX), nos recuerda más al cuplé y a la música europea de unas décadas antes. Sin duda, fue popular, del pueblo, conquistó a las clases sociales acomodadas y se difundió sin fronteras por todo el mundo. Con el tango-canción –y poco después con el fin de la Guardia Vieja y el comienzo de la Nueva–, el tango se renovó y aparecieron letras cada vez más cuidadas, muchas de las cuales se convirtieron en himnos que difundió como nadie Carlos Gardel, una de las grandes voces del siglo XX y un icono de la música. Más tarde, volvió a actualizarse con el llamado tango de vanguardia, gracias al gran e imprescindible Astor Piazzolla y fue tal su impronta que llegaría a la fusión con otros estilos. El tango también fue perseguido en distintas dictaduras argentinas y sufrió la censura que buscaba eliminar, no solamente el rastro moral del alcohol o el sexo, sino también sus marcas características de expresión formal, por ejemplo, el voseo y el lunfardo. Sin duda, el baile ha ayudado mucho a su difusión y pervivencia: intimidad, confianza y seducción se asocian a él; el público queda deslumbrado ante la danza e, incluso, el cine ha ayudado en divulgar una faceta sensual (pienso en el cine clásico con el baile de Rodolfo Valentino de Los cuatro jinetes del apocalipsis y, en el más moderno, de Al Pacino en Perfume de mujer; aquí valdría como complemento y contraste que en Con faldas y a lo loco el millonario Osgoord se prendara de la Daphne interpretado por Jack Lemmon bailando un tango). Las demás artes han ayudado a hacerlo más conocido, como en los teatros populares en los que se añadía un tango al guion –así triunfó Mi noche triste–, los letristas escribían poesía (Enrique Cadícamo u Homero Expósito, por ejemplo) y los poetas escribían letras (cito a Nira Etchenique o a Jorge Luis Borges), y los novelistas (desde Manuel Puig a Arturo Pérez-Reverte) se han sentido atraídos por el tango. Y no quiero dejar atrás la polémica que siempre ha levantado, como su machismo –aunque esto es algo que comparte con muchos estilos del siglo XX, por ejemplo, el rock– o su capacidad de perversión moral, que llevó, lleno de curiosidad, a algún que otro Papa a contemplar el baile para decidir si le daba su bendición.