Reseña de Festum de Maricruz Garrido en Odisea Cultural

http://www.odiseacultural.com/2019/07/19/festum-maricruz-garrido-manuel-guerrero/

Maricruz GARRIDO LINARES (2017): Festum. Ex Libric, 70 pp.

 

 

Uno de los temas habituales desde siempre en la poesía ha sido la ciudad. Aunque hay ejemplos de ciudades innominadas, parece que se prefiere aquella en que se nombra, tanto de manera explícita, como por algún barrio o lugar de referencia; valgan como ejemplos poéticas muy distintas y actuales como las de Izet Sarajlic (Una calle para mi nombre), María Jesús Soler Arteaga (Antes de que olvides) o Ángela Martín del Burgo (Dónde la muerte en Ámsterdam). De manera más localista, sin dejarse llevar por las luces de las grandes ciudades, encontramos Festum de Maricruz Garrido Linares. Concretamente, Maricruz pone los ojos y los versos en la localidad cordobesa de Almedinilla, población vecina a su Priego natal, que fue un punto geográfico importante en épocas íberas y romanas. El dios Hypnos, hallado en los restos arqueológicos, es uno de sus símbolos. Quizá con esa intención de tratar de que nos dejemos llevar por un sueño, Festum de Maricruz Garrido se construye con léxico e ilustraciones (salvo en un par de casos, que muestran la naturaleza) relacionados con lo latino.

La obra se divide en cuatro partes: «Festum», «Tempus fugit», «Carpe Diem» y «Beatus Ille». En la primera, «Festum», se centra en aspectos llamativos de la localidad, como el primer poema llamado «Almedinilla» o el dedicado al citado Hypnos:

 

Deja que el sueño habite

donde habita el olvido

de las almas errantes.

Permite que Selene vigile

a su amado Endimión.

 

«Tempus fugit» recoge también aspectos de Almedinilla, pero apuesta por la evocación y sugerencia de lo que fue en el pasado. En cambio, en «Carpe Diem» los poemas tienen más carácter de experiencia, con mayor expresión del sentimiento: el amor y la amistad aparecen; aunque aún hay espacio para lo latino, como el poema dedicado a la caída de Roma o a Medusa. Apuntamos estos versos de «A Antonio Pulido» como muestra de lo expuesto:

 

Hypnos te envolvió,

cuando el amor dormía

y esparció tu ternura

sobre esta silenciosa

villa de sueños vivos.

 

Finalmente, los poemas de «Beatus Ille», que no hacen referencia al tópico homónimo, evocan lugares de Almedinilla y el yo poético, con resonancias a caballo entre lo clásico y lo contemporáneo, como atestigua la presencia de un senryu. Y este motivo métrico nos obliga a comentar la variedad de metros y ritmos que hallamos en este libro, con el resultado mayoritario de poemas de influjo actual con esencia o espíritu clásicos. Al fin y al cabo, Festum pretende que sintamos fascinación o que nos dejemos atrapar por la fiesta de la poesía, lo que consigue totalmente:

 

Tan solo tú y la noche

para escuchar silente

tu latir con el mío,

en armónico ritmo.

Allá, justo a lo lejos

la fiesta continúa.

Un foto poco conocida de Carlos Gardel. En Surdecordoba.com

https://www.surdecordoba.com/la-lupa/foto-desconocida-carlos-gardel

Carlos Gardel, el rey indiscutible del tango, realizó desde 1930 (aunque previamente había participado en una película muda) una carrera cinematográfica en los estudios de la Paramount en Joinville (Francia). Debido a sus éxitos y, en especial, a su constancia, consiguió rodar para la Paramount en Estados Unidos, en 1934, las películas Cuesta abajo y El tango en Broadway y, a principios de 1935, El día que me quieras y Tango Bar también con la Paramount. Gardel había conseguido ser una estrella del celuloide, ayudado por su voz y por su aspecto; era muy querido en distintos países de habla hispana, sobre todo por las mujeres; y la prensa alimentaba su luz.

Foto Cine Mundial Carlos Gardel

Sigue leyendo

Biblioteca Gardeliana 6: Carlitos Gardel como nunca se vio. En La opinión de Cabra

http://www.laopiniondecabra.com/ampliar.php?sec=especiales&sub=colaboraciones&art=1433

BIBLIOTECA GARDELIANA 6: CARLITOS GARDEL COMO NUNCA SE VIO

Manuel Guerrero Cabrera

PRODUCCIÓN GENTE (1977): Carlitos Gardel como nunca se vio. Gente, Editorial Atlántida, 208 pp.

–¿Quién te dio esa guitarra…? ¿Quién te prestó una copla…?

¿Dónde fue el primer día…? ¿Quién te enseñó esa magia…?

CÁTULO CASTILLO Sigue leyendo

350 aniversario del nacimiento de Hurtado Izquierdo (y 4). En Lucenahoy.com

https://www.lucenahoy.com/blog/manuel-guerrero/350-aniversario-nacimiento-francisco-hurtado-izquierdo/20190612222426070058.html

En esta última aportación sobre Hurtado Izquierdo pretendo mencionar la bibliografía que utilicé en los tres anteriores artículos; además, la publico, principalmente, no solo para corregir los errores que cometí al ceñirme a unos estudios algo superados hoy, sino también para matizar algunas cuestiones.

En cuanto a la bibliografía, «Francisco Hurtado and his school» de René Taylor ha sido el ensayo principal del que hemos tomado la información. Se publicó en 1950 en el número 32 de Art Bulletin y, pese a su antigüedad, sigue siendo la investigación más importante sobre Hurtado Izquierdo. ¿Habrá una revisión en estos años sobre su figura?

También de Taylor hemos consultado el libro Arquitectura andaluza. Los hermanos Sánchez de Rueda (Universidad de Salamanca, 1978), obra en la que analiza la influencia –y relación– de Hurtado en sus dos discípulos; el artículo «Vicente Acero en El Paular», publicado en Imafronte nº 10, en 1994 (1996), sobre los trabajos que hizo y pudo hacer este autor en El Paular; y «La sacristía de la Cartuja de Granada y sus autores (Fundamentos y razones para una atribución)», en Archivo español de arte, nº 35, de 1962, un muy buen ensayo sobre esta formidable obra de la Cartuja granadina y su nexo artístico con nuestro artista.

De Antonio Bonet Correa hemos consultado el artículo «Hurtado Izquierdo y la morfología regular» de su obra Andalucía Barroca. Arquitectura y Urbanismo (Polígrafa, 1978), que recomiendo para quien quiera iniciarse en la trayectoria artística de Hurtado, por su concisión y claridad expositivas. Añadimos que nos parece muy interesante su postura acerca de que todo el trabajo o trayectoria de Hurtado es un intento de superar las barreras sociales, al querer salir de ella –para ascender– gracias al Arte.

De Antonio Gallego Burín tomamos la partida de nacimiento, contratos en Córdoba y en Granada, y documentos relativos a su muerte, publicados en El barroco granadino (Universidad de Granada, 1956).

El artículo de María Ángeles Raya Raya titulado «Francisco Hurtado Izquierdo y su proyección en el arte andaluz del siglo XVIII», que se publicó en el primer tomo de las actas del Congreso Internacional Andalucía Barroca [Arte, Arquitectura y Urbanismo] en 2009, pone de manifiesto la imagen de Hurtado como director de orquesta (palabras que robo a mi amigo el Doctor Manuel García Luque), ya que habla de su carácter, de sus ideas artísticas y de su relación con los artistas que han participado en las obras que él proyectó y llevó a cabo.

Finalmente, citamos a Jesús Rivas Carmona y su obra Arquitectura barroca cordobesa (Monte de Piedad y Cajas de Ahorro de Córdoba, 1982), en el que no solamente se hace una trayectoria biográfica y artística de Hurtado, sino también de los artistas que han trabajado con él (Bada, los Sánchez de Rueda, Juan Trujillo…); también encontramos análisis sobre los templos o edificios barrocos de la provincia de Córdoba.

Y es que, como se puede apreciar, la bibliografía no es precisamente actual. Pero, gracias al ya citado Manuel García Luque, he de hacer una serie de correcciones y matizaciones sobre la información dada en los trabajos que he publicado en este medio:

–En el primer artículo (Lucena y Córdoba), aludía a que Hurtado «será tomado como referencia en México». Me dejé llevar por el entusiasmo de René Taylor. En verdad, hoy se conoce que fue Jerónimo de Balbás quien llevó elementos barrocos como el estípite a la otra orilla, y que también hizo lo propio Lorenzo Rodríguez; Taylor relaciona a Rodríguez con Vicente Acero, que había trabajado con Hurtado; en definitiva, actualmente se habla del estilo de Balbás en el citado Rodríguez, estilo que marcará su obra en México. En este primer artículo también aludía a dos obras en Málaga, que citaba de Gallego Burín. Ninguna pertenece a nuestro artista. Concretamente, según estudios posteriores, el camarín de la Victoria está documentado como obra de Felipe de Unzurrúnzaga.

–En el segundo artículo (Granada), menciono a José Risueño entre quienes participaron en el Sagrario de la Cartuja. No fue así. Este dato lo tomé de Bonet Correa, que erró.

–Y en el tercer artículo (El Paular y Priego), he de indicar que, en El Paular, la capilla octogonal es el Transparente y que la de cruz griega es el sagrario.

En las líneas finales, quiero mostrar mi agradecimiento a Manuel García por su asesoramiento, a José Manuel Pozo y a Irene Zurita por el apoyo prestado en la difícil tarea que en la Asociación Cultural Naufragio me había propuesto de dar a conocer mejor la obra de este artista, a las personas que participaron en los paseos y viajes para ver la obra de Hurtado, y a quienes hayan leído y difundido los tres artículos anteriores. Si la fortuna lo permite, en 2025 tendremos otro aniversario (300 años del fallecimiento) para volverlo a recordar, viajar y redescubrir.

Acabo este artículo con la mención de la página de Facebook Hurtado Izquierdo 1669-2019 en la que he conseguido publicar imágenes de todas las obras que ha realizado nuestro artista y casi todas las que se le atribuyen.

Libros para hacer lectores. Artículo en Surdecordoba.com

https://www.surdecordoba.com/opiniones/manuel-guerrero-cabrera/libros-hacer-lectores

Cursaba 6º de EGB: yo apenas leía más que otros compañeros (un libro por trimestre, y ya había entregado la ficha –datos y resumen– correspondiente al de aquel trimestre), así que me presento un lunes con las fichas de los dos libros que me habían atrapado el fin de semana. Era la primera vez que me ocurría. Jamás olvidaré la conversación con aquella maestra:

–Le entrego las fichas de los dos libros que me he leído –le dije.
–No es verdad. Tú no has leído estos libros.
–Sí lo he hecho. Es que me han gustado mucho.
–Me cuesta creerte.
Decepcionado, tomé las fichas para llevármelas:
–¿Qué haces? Déjamelas en la mesa –me ordenó.

Los alegres viajeros de Marcelle Lerme-Walter, que trata de un niño y una niña (aún recuerdo que ella se llamaba Ágata) que con un artefacto mágico viajan por distintos lugares y hasta resuelven un problema, y Pájaro rojo de Irlanda de Sondra Gordon Langford, sobre una chica irlandesa que tiene que emigrar con su familia, fueron los dos libros que presenté a aquella maestra y que me engancharon a la lectura. Los dos pertenecían a la colección de El barco de vapor. Lo curioso fue que leí uno detrás del otro, que los dos me encantaron, y eso no me ha vuelto a pasar. Guardo en mi memoria momentos inolvidables, como la primera vez que leí a Miguel Hernández en el patio del Marqués de Comares, tras haberme saltado una clase; o cuando acabé Maus de Spiegelman de madrugada, a tres horas de que sonara el despertador para ir a trabajar; o cuando Lara Cantizani me descubrió a Luis Alberto de Cuenca, antes de preparar el nº 8 de la revista Saigón; pero nada de esto sucedió de seguido, sino muy espaciado en el tiempo.

En la última estancia en el hospital, indeseada como todas, le descubrí a mi hija el cuarto de juegos y yo en él una biblioteca. Era variada, aunque predominaban los cuentos tradicionales, esos que hoy censuran, prohíben o retiran de bibliotecas escolares por una estúpida y sesgada visión del sexismo y del feminismo… pero no es este el asunto de este artículo. Comentaba que había un buen número de volúmenes de cuentos tradicionales, seguido de libros de narrativa infantil y juvenil actuales. También había de poesía, algunos de teatro y de cómic (Asterix, principalmente). Tras varias inspecciones, siempre acababa con los mismos libros en las manos: los de la colección de El barco de vapor; pero me refiero a las ediciones de esta colección que llenaron la vida de los escolares en los ochenta y en los noventa, como los que mencionaba arriba, no a las reediciones y nuevos títulos que han ampliado la colección en el siglo XXI. Confieso que no me pude resistir a leer El pirata Garrapata (de 1982, que se dice pronto) de Juan Muñoz Martín (quien, por cierto, en mayo cumplió 90 años, que también fue el autor de los libros de Fray Perico –del que no encontré ningún ejemplar allí–, y que llegó a ser en los noventa uno de los autores más leídos por los niños); pensaba decir releer, pero, como lo había olvidado completamente después de más de veinticinco años sin hacerlo, creo que lo correcto es emplear el verbo sin la partícula re-El pirata Garrapata es ingenioso y divertido, aunque en los tiempos inciertos de hoy para el humor desenfadado y que delata las carencias de los personajes no sería comprendido. En serio, el libro ardería hoy en Twitter en un auto de fe digital. Otro de los libros de El barco de vapor, que leí y que me atrapó, fue El fabricante de lluvia de William Camus, un libro que en su momento se catalogó de juvenil porque el protagonista era un adolescente, pues su contenido con algunos capítulos violentos y detalles polémicos (un padre borracho, una biblia que oculta una botella de alcohol, un menor que trabaja, la desconfianza hacia el género humano y los representantes de la justicia, la ausencia de mujeres con buenas pretensiones, disparos a bocajarro en la cabeza…) sería muy discutido hoy para recomendarlo en clase, pero tiene algo de lo que adolecen varios de los títulos actuales juveniles e, incluso, adultos: una narración fascinante que atrapa, una construcción muy acertada de los dos protagonistas, una buena muestra de la sociedad y de los problemas de convivencia sin reservas (la historia se sitúa en los Estados Unidos de principios del siglo XIX) y, en especial, una sólida historia con un principio, con momentos en el desarrollo y un final sorprendentes, además de que tiene una gran ventaja: el libro también funciona para adultos, podrían leerlo a la vez los distintos miembros de la familia.

No sé que tienen aquellos libros de El barco de vapor naranjas y rojos para que consiguieran hacer tanto por la lectura, para que consiguieran alentar el alma lectora de tantos jóvenes, incluso pasados más de veinte años.

Reseña de Tras el oro del Rin de José Manuel Valle en El coloquio de los perros

https://elcoloquiodelosperros.weebly.com/la-biblioteca-de-alonso-quijano/tras-el-oro-del-rin

VALLE PORRAS, José Manuel (2019): Tras el oro del Rin. La imagen de Alemania en los viajeros españoles (1842-1920). Cuadernos del Laberinto, 140 pp.

Quiero señalar otro [periodo] más amable: el que llevó a este país [Alemania] a convertirse en escuela, luz y estímulo de aquellos españoles que se dolían de las derrotas materiales y morales de su patria. Alemania podía ser, en aquella época el modelo para que España tomase el camino del progreso.

Con la claridad y la lucidez que le caracteriza, José Manuel Valle Porras (Cabra, 1980) expone en la Introducción de Tras el oro del Rin. La imagen de Alemania en los viajeros españoles (1842 – 1920) (Cuadernos del Laberinto, 2019), al que pertenece el párrafo inicial, la justificación del libro y la siempre interesante relación entre nuestro país y el germano, de «unos vínculos inevitablemente más débiles, debido sobre todo a motivos geográficos», como dice el autor.

El segundo capítulo presenta los autores tratados: Ramón de la Sagra, Juan Valera, Mariano Vázquez Gómez, Emilia Pardo Bazán, José Ortega y Gasset, Julio Camba, Ricardo León y Félix Díaz Mateo. A cada cual le hace un repaso biobibliográfico expuesto de modo ameno y especifica los detalles de sus viajes, salpicados por alguna que otra anécdota, siempre en aras de alentar a quien se acerque a esta lectura; es esta una de las virtudes del estilo de Valle Porras. Por ejemplo, sobre su paisano Juan Valera:

El deseo amoroso de Valera le llevó a protagonizar una curiosa anécdota cuando, ansioso de amar a la princesa Badrul-budur, se presentó un buen día en su casa, creyendo que vivía sola, y allí se encontró al padre, la madre y las hermanas. Al preguntarle la familia quién era y el motivo de su visita, se formó una curiosa escena, en la cual fue destacado ingrediente el desconocimiento que esta familia tenía del francés, de forma que Valera tuvo que explicarse en un precario alemán.

La tercera parte se titula «Alemania vista por los españoles», capítulo en el que el análisis cobra protagonismo, que aporta en apartados temáticos, un estudio no solamente por autor, sino también por la amplitud del tiempo y situación de cada uno. No deja atrás ningún rasgo: los lugares visitados, la política, la economía, la clase media, el carácter alemán, la gastronomía, costumbres, cultura, ciencia, literatura, música y filosofía. Lo anterior es una enumeración de los apartados antes referidos, el mérito de Valle Porras está en articular cada tema, según lo aportado por cada autor, y en conectar con las épocas posteriores dichas aportaciones. Buen ejemplo es el dedicado a la clase media, que parte de Ortega y Gasset: «existe una clase social –la más numerosa– que sirve de trazo de unión, los kaufmänner. Todos hacen la misma vida; […] comen en el mismo sitio y por el mismo dinero». Ricardo León también lo observa entre los obreros. Pero esto entrará en crisis con la Primera Guerra Mundial, para ello Valle Porras toma a Félix Díez, que contrasta la moralidad de antes y después de dicha guerra.

La cuarta parte ofrece las conclusiones a las que llega el autor, a partir de tres cuestiones: la comparación del carácter alemán con el español, la idea que de Alemania tienen los ocho escritores tratados y lo que estos buscaban en aquel país. Mientras que de las dos primeras se halla la respuesta en la tercera parte del libro, aquí atiende sobre todo a lo que España buscaba en Alemania: «Si ser un introductor de la música o de la filosofía alemanas equivalía a ser un renovador d ela música o la filosofía españolas, volver la vista al ejemplo alemán equivalía […] a modernizar España.

El libro concluye con la enumeración de las fuentes y de la bibliografía.

José Manuel Valle Porras nació en Cabra en 1980, es doctor (2017) por la Universidad de Córdoba y trabaja como profesor de Secundaria. Se ha especializado en el estudio de la heráldica en la Edad Moderna, desde una perspectiva de Historia social. Ha publicado diversos artículos sobre la materia, el libro El rumor de las piedras. Heráldica y genealogía de Cabra (2009), y, en breve, Ennoblecimiento y usurpación de armerías durante la Edad Moderna. El caso de Lucena (Córdoba), ganador del V Premio Nacional de Investigación en Historia, Patrimonio Documental y Archivos «Antonio García Rodríguez» (2018). Ha sido fundador de la Asociación Cultural Naufragio e impulsor primero de la revista Saigón, por no decir que fue quien la trajo al mundo y, posteriormente, miembro de su consejo de redacción. En esta revista publica reseñas literarias en la sección «Una biblioteca en la Conchinchina». Quien le haya seguido en estas publicaciones no se sorprenderá del exquisito estilo, de la palabra certera y del buen modo que tiene para comunicar algunos temas tan complejos y áridos. Esto último también vale para Tras el oro del Rin.

 

Biblioteca Gardeliana 5: Carlos Gardel. El gran desconocido de Erasmo Silva Cabrera. En La opinión de Cabra

http://www.laopiniondecabra.com/ampliar.php?sec=especiales&sub=colaboraciones&art=1431

SILVA CABRERA, Erasmo (1967): Carlos Gardel. El gran desconocido. Ediciones Ciudadela, 250 pp.

Pocos títulos en la bibliografía sobre Carlos Gardel han iniciado una línea de interés y de polémica como El gran desconocido de Silva Cabrera, también llamado Avlis. Esto se debe, en pocas palabras, a que el autor rechaza de pleno el origen francés de Carlos Gardel y defiende su nacionalidad uruguaya, concretamente, su nacimiento en Tacuarembó. Este es el primer libro que habla de un Gardel oriental, que luego tendrá dos continuaciones más del mismo autor: Alegato por la verdad y El hombre y su muerte. Sin embargo, el espaldarazo a esta tesis se debe a Blas Matamoro [1] y a Nelson Bayardo [2], pero no nos importan sus aportaciones, puesto que se sucederán las distintas publicaciones hasta llegar a dos de los mejores títulos al respecto: Páginas abiertas de Eduardo Payssé (Ediciones Prometeo, 1990) y Repatriación de Gardel de Ricardo Ostuni (Club de tango, 1995; Corregidor, 1998). Estos dos últimos recogen y rehacen con interés, incluso en lo contradictorio, lo que ha dado de sí esta tesis uruguayista. Sigue leyendo