Cristo en Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío. Artículo para Silencio

En la revista Silencio ha aparecido este artículo sobre la figura de Cristo en el libro Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío.
CRISTO EN CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA DE RUBÉN DARÍO
(c) Manuel Guerrero Cabrera
Este 2016 se cumplen cien años del fallecimiento de Rubén Darío (Ciudad Darío, Nicaragua, 1867 – León, Nicaragua, 1916), padre del Modernismo, un movimiento literario que traspasó las letras y marcó, además, el Arte y la vida en la etapa finisecular del XIX e inicios del XX. Sus tres obras principales son Azul… (1888), Prosas profanas y otros poemas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905), que condensan el espíritu modernista y en el que no podemos detenernos; puesto que nuestra intención es tratar las referencias a Cristo en el tercero de los títulos citados, Cantos de vida y esperanza, muy presente, en especial, en relación con las escasas alusiones en Prosas profanas.
En el poema que abre el libro (la conocida palinodia «Yo soy aquel que ayer no más decía…»), el poeta reafirma el espíritu del Arte mediante tres términos: vida, luz y verdad, para citar a Jesús cuando dice: Ego sum lux et veritas et vita (‘Yo soy la luz y la verdad y la vida’). Tres elementos indispensables, según Darío, que juntas forman uno más fuerte.
El siguiente poema es «Los tres reyes magos», en el que Gaspar, Melchor y Baltasar hablan en un turno único de palabra presentando la ofrenda (incienso, mirra y oro, respectivamente, en el texto rubeniano) y su significado, acompañado de una afirmación tajante de la existencia de Dios. Pero hay una cuarta intervención, anónima, quizá sea el poeta, que los manda callar, para afirmar que el amor y su fiesta triunfa, porque ha nacido Cristo, quien «hace la luz del caos y tiene la Corona de la Vida».
La mención de Cristo en el poema «A Roosevelt» no implica nada más que la alusión a la América cristiana, sin otro significado.

2016-03-27 (1)

«Canto de esperanza», uno de los textos más destacados de este conjunto, es una imploración a Jesús para que vuelva a la tierra, pues esta está llena de dolor, muerte y verdugos. Solamente Él, su amor, su esencia de vida bastarán para mejorar el mundo:

Ven, Señor, para hacer la gloria de Ti mismo,
ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo,
ven a traer amor y paz sobre el abismo.
En «Spes», claramente, se observa la fe en Jesús y la angustia vital, pero en Él busca la salvación:
Jesús, incomparable perdonador de injurias,
óyeme; Sembrador de trigo, dame el tierno
pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno
una gracia lustral de iras y lujurias.
Dime que este espantoso horror de la agonía
que me obsede, es no más de mi culpa nefanda;
que al morir hallará la luz de un nuevo día,
y que entonces oiré mi «¡Levántate y anda!»
«Charitas» es un texto más complejo, en el que representa el alma de San Vicente de Paul y su ascenso a los cielos, en los que le guía Cristo, hasta llegar a los Serafines, con la bendición de Jesús, porque ahí le corresponde estar al «Serafín de Francia».
Otro poema, «El verso sutil que pasa o se posa», tiene un súplica final hacia el Señor, a fin de que lo libre del dolor y del amor, tras una descripción poética del amor y la belleza de la mujer.
Finalmente, en «Divina Psiquis», un poema en el que habla del alma, ofrece una bella imagen de la suya bajo el símbolo de la mariposa que se posa sobre uno de los clavos de Cristo.
Y de la flor
que el ruiseñor
canta en su griego antiguo, de la rosa,
vuelas, ¡oh, Mariposa!,
a posarte en un clavo de Nuestro Señor.
Después de esta relación, podemos concluir que Rubén Darío encuentra la espiritualidad en Jesús, por su misericordia y salvación y, como indica en el poema «Spes», tiene esperanza en la resurrección. Algunos estudiosos han indicado que esta espiritualidad es una reacción al no hallar respuesta de Dios en el cristianismo tradicional, pero, pese a esto, insistimos, no pierde la esperanza; de ahí los ruegos y súplicas hacia Jesús para tener una salvación espiritual.
Sin embargo, recordemos que Pedro Salinas veía a Darío dividido entre lo «fáunico» y lo «angélico», dispuesto siempre en hallar una síntesis de ellas, motivada por su conciencia cristiana. De ahí que concluyamos que la espiritualidad cristiana antes referida nos ofrece solamente una vertiente de Rubén Darío, que se complementa y contrasta con la profana, la sensual, la dionisiaca.
DARÍO, Rubén (2007): Obras completas (I). Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
FEUSTHLE, Joseph A. (1980): «El secreto de la satiresa en Rubén Darío» en Actas del Sexto Congreso Internacional de Hispanistas. Dialnet.
SALINAS, Pedro (1968): La poesía de Rubén Darío. Losada.
WARD, Thomas (1989): «El pensamiento religioso de Rubén Darío: un estudio de Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza» en Revista Iberoamericana, números 146-147, pp. 363-375.
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La santería de 2002 a 2006 (I): Población, número y esquinas

Este artículo aparecerá en Silencio, revista -hoy digital- de la Cofradía del Cristo del Silencio de Lucena. Se complementa con otro ya publicado en la revista Campanitas (número 27, 2014, pp. 49-51), editada por la Cofradía del Cristo del Amor de Lucena.
LA SANTERÍA DE 2002 A 2006:  POBLACIÓN, NÚMERO Y ESQUINAS.
Manuel Guerrero Cabrera
 
«La pertenencia, además, a asociaciones y grupos de sociabilidad para el ritual –hermandades, cofradías, corporaciones, cuarteles, cuadrillas de costaleros, santerías, incensarios, bandas musicales, etc.– supone también una importante vía para la superación del aislamiento individualista que conlleva la modernidad. […] sus componentes, sin perder la individualidad del protagonismo, son y se sienten parte de un nosotros colectivo que trasciende el individualismo: bajo los antifaces, todos iguales, de nazarenos, o bajo las trabajaderas o el varal de un paso o trono».
 
Estas palabras de Isidoro Moreno Navarro se relacionan claramente con la Semana Santa, una de las fiestas de carácter social-religioso más importantes de Lucena, al igual que en la mayor parte de Andalucía. Frente a otras poblaciones, destaca su originalidad en el modo de llevar los pasos, denominado santería, que, pese a ser exclusiva de los hombres, implica a toda la familia de varias generaciones. Este trabajo no pretende analizar qué es la santería, su origen o su destino, sino que pretende establecer algunos datos porcentuales respecto a la población lucentina y la santería misma (número de santerías y esquinas), entre 2002 y 2006, pues a principios del siglo XXI, Lucena fue una de las poblaciones más destacadas de Andalucía en actividad económica e industrial. Esto llevó parejo un aumento de la población y, por consiguiente, del interés social, reflejado en actividades culturales, lúdicas, laborales y, por supuesto, de tipo festivo y religioso. Para ello se han utilizado las revistas de La voz y Entrevarales, principalmente, y las de las cofradías en menor medida, a fin de crear una base de datos o listado de los santeros y sus santerías (de Semana Santa) de estos años, salvando en varios momentos problemas como erratas en los nombres o en los apellidos, el empleo arbitrario de motes e, incluso, fotos equivocadas; en cambio, los datos de población han sido obtenidos de la página web del Instituto Nacional de Estadística (INE).
 
1.- SANTERÍA Y POBLACIÓN
Cada uno de los distintos pasos procesionales de Semana Santa tiene un número concreto de santeros, entre 24 y 28: son los denominados sitios. Sin embargo, esto no quiere decir que por cada sitio haya que contabilizar un santero, pues hay algunos que salen dos o tres veces el mismo año. A continuación se contabiliza el número de santeros que han participado cada año y el número de sitios, lo que implica un alto porcentaje de santeros que participan una vez:
2002: 881 santeros. 924 sitios. 95.34%
2003: 882 santeros. 924 sitios. 95.45%
2004: 911 santeros. 948 sitios. 96.09%
2005: 892 santeros. 924 sitios. 96.53%
2006: 900 santeros. 952 sitios. 94.53%
El total de personas que santearon durante los cinco años es de 1744, de los que 140 (8%) han santeado más de una vez en la Semana Santa de un mismo año.
Respecto al número de sitios, este viene determinado por la procesión de la Virgen de los Dolores y el nuevo trono del Santo Entierro; la primera sucede en 2004 y 2006, y el segundo, en 2006 únicamente.
Si comparamos estos datos con la población total de Lucena –niños y mujeres incluidas–, el porcentaje de participación en la santería de la Semana Santa de estos cinco años resulta bajo, aunque se eleva al doble, si realizamos el cálculo con el total de santeros que han participado durante ese tiempo (1744) y una media de los datos de población.
 
Año
Población
Porcentaje población-   santeros
2002
37669
2,33
2003
38598
2,28
2004
39259
2,32
2005
39783
2,24
2006
40143
2,24
Media población
39090,4
4,45
 
Como la santería es algo exclusivo del hombre, analicemos los datos atendiendo a la población masculina. Hemos tomado el grupo de varones de 16 a 64 años, aunque somos conscientes del bajísimo número o de la improbable participación en Semana Santa de santeros con edad de 16 y de 64. El porcentaje de cada año está en torno al 7% de la población masculina.
 
Población masculina   españoles 16-64
Porcentaje población   masculina-santeros
12175
7,23
12401
7,11
12582
7,24
12748
7
12871
6,99
 
Si de 2002 a 2006 han santeado 1744 hombres, esta cifra representa un 13,54 de la población en 2006. Evidentemente, es fácil suponer que el número será mayor si ampliamos el margen de tiempo, pues año a año aumentan los santeros, a lo que se suma que repite un 60% aproximadamente al siguiente. Así, es significativo que solamente 242 santeros de 2006 (26.88%) hayan santeado los cinco años, ya que esta es la cifra que correspondería al grupo más estable de participación en Semana Santa del lustro que estudiamos.
 
Año
Repiten del año   anterior
Porcentaje sobre   participación de ese año
2003
519
58,84
2004
564
61,9
2005
584
65,47
2006
555
61,66
 
2.- CANTIDAD, COFRADÍA Y ESQUINA.
En este segundo apartado del trabajo, atendemos tres aspectos: Cantidad o qué santeros han realizado más santerías en este tiempo; cuántos santeros han procesionado únicamente pasos de una sola cofradía; y cuántos santeros han ocupado alguna de las esquinas en tres o más ocasiones.
Debemos destacar únicamente a ocho santeros de los 1744, pues han realizado (dentro de las procesiones de Semana Santa) más de 7 santerías en los cinco años, con el resultado de:
  • M. García Rapao: 9 santerías. Cristo de la Humillación y Virgen de los      Ángeles (2002), Cristo de la Humildad y Virgen de los Ángeles (2003),      Verónica (2004), Cristo del Encuentro y San Juan (2005), Virgen de la      Pasión y Resucitado (2006).
  • M. Redondo Calero: 8 santerías. Pollinita (2002), Cristo de la Pasión      (2003), Virgen de la Estrella y Virgen de la Amargura (2004), Cristo del      Encuentro, Virgen de la Amargura y Magdalena (2005) y Cristo del Amor      (2006).
  • A fin de ahorrar espacio, con siete santerías encontramos a P. Burguillos,      P. Fuentes, J. Hofmeyer, J. C. Martos, M. Martos y J. Ruiz Cabito.
 
En la santería, el sitio más importante es el del manijero, que forma su cuadrilla. No obstante, de forma equivalente, aunque con menor relevancia, el resto de las esquinas (izquierda, mala y de la salud) también son sitios destacados en una santería, pues dirigen a los hombres que les corresponde en cada contraesquina, pata, etc. Por lo tanto, ¿hay santeros que sobresalgan por santear en las esquinas? ¿Es recurrente de algunos santeros ocuparse de alguna de las esquinas, incluyendo la del manijero?
De los 1744 santeros, solamente encontramos uno que en los cinco años que estudiamos ha ocupado cinco veces una esquina, concretamente, la manijería en tres ocasiones y la esquina de la salud en dos: C. Beato.
Cinco santeros han salido cuatro veces en una esquina: A. Algar (dos manijerías, una mala y una izquierda), R. Egea (una manijería y tres malas), J. A. Jiménez (una vez en cada esquina), J. Peñalver (dos manijerías, una izquierda y una de la salud) y J. C. Redondo (dos esquinas malas, una izquierda y una de la salud).
Finalmente, hemos registrado 24 santeros que en tres ocasiones han salido en una esquina.
 
CONCLUSIONES.
–La participación directa de los santeros representó entre 2002 y 2006 un porcentaje muy bajo de la población (en torno al 2,6%), siendo más elevado entre la masculina (en torno 13,54%). No obstante, estos porcentajes no son representativos ni definitivos de la participación lucentina en la Semana Santa, porque obvian a los hermanos de vela, a los menores de edad involucrados, a las mantillas, a los miembros de las Juntas de Gobierno y demás personas relacionadas con la Semana Santa (por ejemplo, santeros que no han sido «aviados»).
–De los 1744 santeros, en torno al 60% (entre 519 y 584) repiten de un año para otro, manteniéndose un 26,88% (242) todos los años de nuestro estudio y que, por lo tanto, es un grupo estable.
–En cinco años, lo habitual es salir en Semana Santa menos de cinco o seis veces, encontrando a ocho santeros que lo han hecho en mayor número de ocasiones.
–De los 1744 santeros, solamente encontramos uno que en los cinco años que estudiamos ha ocupado cinco veces una esquina. Además, cinco santeros han salido cuatro veces en una; y 24 santeros lo han hecho en tres ocasiones.
Segunda parte:
http://manuelgc.blogcindario.com/2014/04/00276-la-santeria-de-2002-a-2006-parte-2-familias-en-las-cuadrillas.html
BIBLIOGRAFÍA.
MORENO NAVARRO, I.(1997 ): «Los rituales festivo religiosos andaluces en la contemporaneidad», en SÁNCHEZ RAMOS y RUIZ FERNÁNDEZ, Actas de las I Jornadas de religiosidad popular. Instituto de Estudios almerienses, pp. 319-332.
Entrevarales, 2002.
La Voz, «Especial Semana Santa». Ejemplares de 2002 a 2006.