De banderas y de Boabdil en Lucenahoy.com

Antonio Banderas, a quien solo hemos vuelto a ver en Lucena a través de la gran y de la pequeña pantalla tras la inauguración de los multicines, tiene una nueva oportunidad para visitar nuestra ciudad, ahora que está recorriendo los lugares por los que anduvo Boabdil «El Chico». Su interés por el último sultán o rey moro –o, para los más puntillosos, nazarí– estriba en la realización de una película sobre su figura y, por consiguiente, sobre su vida, que se llamará Boabdil a secas. Ambos coinciden, no sólo en la primera letra del nombre del rey y la del apellido de la estrella de cine, sino también en que pisaron, con garbo o sin él, Lucena; aunque se trate de épocas distantes en el tiempo y de motivaciones distintas.

Banderas ha visitado la Alhambra y ha estado atento a sus detalles más precisos, a fin de reproducirla en el cine con todo su esplendor medieval; es decir, pretende ser fiel en el espacio, en los lugares, en un punto del tiempo; de ahí que desde estas líneas animemos al actor-director a que nos visite de nuevo y tome nota del Castillo del Moral, donde estuvo preso, y de las inmediaciones del Arroyo de Martín González, con el fin de que le cuenten –a ser posible de la mano del fantástico Velón mágico de la Historia de Lucena en cómic– lo sucedido aquí y de la suerte del peón Martín Hurtado. Sería notable que la película no se centrara únicamente en la etapa final del sultán en Granada y las últimas luchas entre moros y cristianos, sino que abarcara desde sus ansias y sus luchas de juventud desdichadas, en contraste con las de su tío el «Zagal», y ser nombrado sultán por los abencerrajes hasta su muerte en Fez, al norte de África. No me cabe duda de que ambos personajes, rey y actor, comparten un carácter ambicioso que a uno le ha hecho quedarse en la Historia de España y a otro le hará un hueco en el cielo cinematográfico, que está tan alto como todos los cielos; sin embargo, Boabdil siempre es recordado como un llorica que suspiraba en lo alto de la colina granadina del Suspiro del Moro con su malévola madre, que debió de ser de armas tomar, hiriéndole con las palabras que todos sabemos. Yo no me creo esta historia, pues, como he comentado anteriormente, el sultán nazarí –o moro, para los más puntillosos– era ambicioso y se fue al norte de África colmado de las riquezas que consiguió con la capitulación (o contrato de compraventa) de Granada –para darse una vida a cuerpo de rey, aunque ya no lo fuera–, dejando olvidados a muchos de su raza y de su religión en Granada y lo que hoy es su provincia, especialmente en las Alpujarras, donde tuvieron que vérselas desamparados y acabaron asesinados por las revueltas que ocasionaron, mientras que a su sultán le importaba bien poco lo que pasaba ya a este lado de las Columnas de Hércules. Por esto mismo, espero que Antonio Banderas recree al primer Boabdil y que, al contrario que este, venga de nuevo, y por algo bueno, a Lucena.

 

 

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No news en Surdecordoba.com

No news. Good news dice una conocida máxima del periodismo, que en román paladino, es decir, en lo que todos hablamos es «Sin noticias. Buenas noticias». Sin embargo, esto no parecen llevarlo a cabo los periodistas deportivos que en la prensa escrita (y en la virtual en algunas ocasiones) y, sobre todo, en las televisiones abordan «noticias», entre comillas, de dudoso interés.

Respecto a la prensa escrita, el deporte suele ocupar tanto como la noticia del día y el doble que las dedicadas a cultura. En cuanto a la televisión, donde ya tienen una sección fija entre diez y quince minutos en los telediarios, los ejemplos son más claros: en estas fiestas pasadas alguna que otra cadena ha emitido reportajes de futbolistas cantando villancicos o de un baloncestista, compañero de la comunidad del último anillo de Gasol, que canturreaba vestido de mujer algo más parecido a un himno de la Tierra Media que a una copla popular navideña. El mismo caso encontramos con la adjudicación del Balón de Oro a Messi, a quien no solo se le ha dedicado minutos y minutos, sino también a los perdedores. En verdad, no exagero al decir que han aparecido más imágenes de esa gala deportiva, en un día, que del Congreso en lo que llevamos de año; que han solicitado opinión sobre el reconocimiento al argentino a más personas (futbolistas, entrenadores y políticos) que sobre el Premio Nobel al peruano Vargas Llosa; que hay telediarios que no dedican un segundo al cine, los libros o la música, pero que mantienen inexorables los diez minutos de deportes. Empiezo a creer, como he leído recientemente en una entrevista al baenense Manuel Piedrahita, a quien felicito por su nuevo libro sobre televisión, que se apela a una audiencia pasiva y que no se quiere dar cabida a la reflexión.

Considero que ayudaría mucho que en los noticiarios fijaran también diez minutos constantes para la cultura y retirar de los horarios tardíos los programas de cine, música y literatura (teatro incluido). En la gala del último Certamen de Creación Audiovisual de Cabra, el ganador del Premio de RTVA, Antonio Palomino por El ambidiestro, que recomiendo desde estas líneas, le pudo decir de primera mano y palabra a Cristina Álvarez, jefa de Relaciones Institucionales de la radio y televisión andaluzas, que se intentara emitir el cortometraje a horas que no fueran intempestivas, sino en un horario que pudiera ser visto por todos despiertos; puesto que, como buen creador, prefiere que su obra sea correspondida por todos los posibles y no entre unos pocos. Y es que los dirigentes de la programación, por un lado, deben de pensar que la cultura solo interesa a los noctámbulos y no a quienes se tienen que levantar temprano por su profesión o estudio y, por otro lado, no deben de ser españoles. Por lo primero, supongo que aún creerán que la etimología de novela es la que indicaban maliciosamente en el siglo XVII: «No vela, porque se duerme»; y que hablar de libros y de lo que les rodea los hace entrar directamente en fase REM. Y, a raíz de esto, no deben de ser de España, pues no me explico por qué no hacen su contribución a la siesta, sustituyendo los programas del corazón por otros sobre libros, música o teatro.

Por esto mismo, ante la ausencia de noticias culturales habría que reconsiderar la máxima con la que comenzábamos: No news. Bad news; que en el idioma de mi pueblo es «No hay noticias. Échate a temblar».

Un villancico para después de las fiestas en Lucenahoy.com

 Ya se van los pastores
a la Extremadura,

ya se queda la sierra

triste y oscura.

 

Ya se van los pastores,

ya se van bajando.

Más de cuatro zagalas

quedan llorando.

 

Este villancico, junto a otros que hoy se siguen cantando y otros que están en la línea de copla popular, lo recordó mi abuela, como uno de los que cantara en su juventud. Me indicó que la conocía por Rafael Benedito, músico-pedagogo, uno de los maestros que desarrolló la canción popular en los años veinte y treinta y que, según podemos conocer por el libro Lucena, siglo XX de Juan Parejo, fue director del coro de nuestra ciudad en 1928 y 1929.

Dejando aparte estos datos, lo que más me llama la atención de este villancico es que no menciona a la virgen María, a San José o al Niño por ningún lado; trata de unos pastores que se van, dejando tristeza tras su marcha, puesto que se han llevado la alegría. Se podría decir que es un villancico para después de las fiestas, cuando ya no hay Niño ni San José, cuando los pastores se han ido con las luces de colores, la música alegre, los juguetes y los regalos y las felicitaciones diarias; ahora quedamos desde el valle a la sierra con un triste enero. Sin embargo, enero ya empezó para muchos el pasado diciembre, aunque algunos medios de comunicación no se animen a exponerlo. En las cadenas televisivas nacionales más vistas dedicaban mayor atención a lo que se podía comer que a las familias que no podían hacerlo, a que los futbolistas por haber ganado el mundial merecían las suntuosas cenas a las que asistían, a que se activó la economía entre Nochebuena y Reyes sin comentar por asomo el número de empresas cerradas el último día del año; en resumen, las televisiones no anunciaron que se han ido los pastores.

Pastores que «ya se van bajando» por la cuesta de enero, mientras que otros tenemos que subirla. Lo importante es que hay que evitar lo que cantaba el tango y no rodar con las ilusiones pasadas, aunque será difícil, ya que 2011 no ha comenzado lleno de ellas ni las vemos en el futuro, tanto en lo nacional como en lo local: sube todo, los políticos no se ponen de acuerdo, los futbolistas acaparan horas en los informativos en detrimento de los escritores, los músicos o los cineastas… Creo que ya entendemos por qué «más de cuatro zagalas quedan llorando».

Pero todo tiene su explicación. Este villancico está catalogado como canción de montaña (en un cancionero) y su autor no es el señor Benedito, aunque este sí lo empleó para sus trabajos de música y, por ello, debió utilizarlo en Lucena y sonó en las Navidades de finales de los años veinte. Malos años debieron ser estos, pues Juan Parejo, en el libro citado más arriba, habla del desempeño de lotes de ropa en el Monte de Piedad y de la labor del ayuntamiento prestando los servicios de farmacia municipal, subsistencia, cocina y comedor populares; que nos recuerdan la situación actual. Lo que quiere decir que en todas las épocas ha habido momentos buenos y malos y que los pastores tarde o temprano se acaban marchando. Sin embargo, de la memoria de mi abuela no se fueron, quedándose en forma de villancico para después de las fiestas, aunque paradójicamente la coplilla diga que se están yendo y se calle que van a volver.