Una oportunidad para Leonardo Antonio de Castro en Lucenahoy.com

https://www.lucenahoy.com/articulo/ocio/opinion-oportunidad-leonardo-antonio-castro/20200108001424077089.html

En 2016 escribí en este mismo periódico una breve semblanza de Leonardo Antonio de Castro con motivo del 360º aniversario de su nacimiento, ocurrido en 1656. Este 2020 se cumplen 275 años de su muerte, sucedida en 1745. Leonardo Antonio de Castro fue el artista clave para comprender el por qué del Barroco en Lucena. A diferencia de Hurtado Izquierdo, que consiguió el mérito y los laureles artísticos fuera de su patria chica, Leonardo realizó casi toda su obra en Lucena, donde vivió siempre. Hombre docto y poeta, sacerdote respetado y con alguna capellanía, su obra más conocida es la pictórica, que estaba en todos o casi todos los templos, conventos incluidos, de Lucena (San Mateo, Santiago, el Santuario aracelitano, los Franciscanos, San Martín, Santa Ana, La Paz, Dios Sigue leyendo

Biblioteca Gardeliana 9: Carlos Gardel. El ídolo roto de Manuel P. de Somacarrera

http://www.laopiniondecabra.com/ampliar.php?sec=especiales&sub=colaboraciones&art=1467

BIBLIOTECA GARDELIANA (9):

CARLOS GARDEL. EL ÍDOLO ROTO DE MANUEL P. DE SOMACARRERA

PÉREZ DE SOMACARRERA, Manuel (1937): Carlos Gardel. El ídolo roto. Barcelona, Ediciones Mi revista.

Gardel actuó varias veces en España y se puede afirmar sin rotundidad que salió satisfecho y, especialmente en las últimas ocasiones, con éxito. El primer viaje fue en 1923, con su compañero José Razzano, dentro del espectáculo que la Compañía de Matilde Rivera y Enrique de Rosas realizó en Madrid: ABC y El Liberal destacaron la actuación del dúo. En 1925 volvería Gardel solo (Razzano se quedó sin voz ese mismo año), de nuevo con la Compañía Rivera-De Rosas, a Madrid y Barcelona; de nuevo la prensa destaca al Zorzal en el Teatro Romea de Madrid durante todo el primer difícil mes de 1926. A finales de 1927 volverá a España por tercera vez; además de Barcelona y Madrid, actuará en Bilbao, San Sebastián, Santander y otras ciudades del norte. Su cuarto viaje se fecha a mediados de 1929, cuando canta en el Teatro Principal Palace de Barcelona y el Teatro Avenida de Madrid las que serían sus últimas presentaciones ante el público español, por quien ya era admirado sin distinción de clases sociales, además de por la buena venta de sus canciones. El último viaje sucede en 1932 para grabar discos en Barcelona [1], donde conoce la gran aceptación con la que ha sido acogida Luces de Buenos Aires, película que protagoniza, y la anécdota de «que el público aplaudiendo frenéticamente» [2] interrumpió la proyección.

Según la poca información respecto al público de sus primeros viajes y en vista de los teatros en los que cantó, se puede afirmar que actuó para la clase acomodada, desde la corona (la reina Victoria Eugenia, la Infanta Isabel y las princesas María Cristina y Beatriz se hallaban entre el público de sus actuaciones de 1923) a la burguesía, pasando por la aristocracia. Sin embargo, aunque la radio y la venta de discos difundieron su voz a finales de la década de los años 20, creemos que fue el cine lo que hizo que Gardel llegara al pueblo, en especial, el éxito de Luces de Buenos Aires, de la que ya hemos anotado lo que pasó en Barcelona; en Madrid no fue diferente, pues se mantuvo en cartelera por tres años, exhibiéndose al mismo tiempo que Melodía de arrabal, Espérame o los cortometrajes La casa es seria y los dirigidos por Eduardo Morera (proyectados en España bajo diversos títulos como Musas argentinas o Nostalgias porteñas, entre otros). A ver sus películas acudía gente de la más diversa procedencia e ideología [3], como es el caso de Manuel Pérez de Somacarrera, periodista que perteneció a la CNT y que fue responsable de prensa y propaganda del Comité del Producción Cinematográfica del Sindicato de Espectáculos durante la Guerra Civil. P. de Somacarrera entrevistó a Carlos Gardel en diciembre de 1931 para la revista Films selectos, motivado por el éxito de Luces de Buenos Aires. Pudo quedar tan asombrado con él que siguió su trayectoria cinematográfica y publicó en el otoño de 1937 [4] Carlos Gardel. El ídolo roto, dentro de la colección de libros de Mi revista, publicación preparada generalmente por varios miembros de la CNT, de espíritu anarquista y antifascista.

Carlos Gardel. El ídolo roto se publica, por lo tanto, al segundo año de su fallecimiento, y, lo que es más significativo, durante la Guerra Civil española [5]. Se tiene constancia de que la muerte del cantor, debido a lo impactante del suceso, fue una de las noticias más comentadas en el verano de 1935, también llegaron las que trataban de las mujeres que se suicidaron (o lo intentaron) tras su muerte y, algo menos difundido, lo relativo al multitudinario entierro [6] de febrero de 1936.

El libro está dividido en dos partes: una que recoge supuestos momentos de la vida del cantor y otra que es un cancionero.

De la primera hemos de decir que mayormente es fruto de una reelaboración de la información publicada sobre Carlos Gardel en España durante la década anterior a esta obra, por lo que está llena de inexactitudes; por ejemplo, menciona que pudo nacer en Montevideo, Buenos Aires o Toulouse (decantándose por esta última), escribe que el apellido real de Gardel es Garde [7], o indica que su «secretario» es Antonio Delfino [8] o que Tango Bar es su penúltima película y El día que me quieras la última [9] (cuando es al contrario). En cuanto a sus fuentes, generalmente notas de prensa y artículos sobre el cantor en revistas y periódicos, recurre en varios asuntos a los escritos de Santiago Aguilar Oliver [10] en la revista Cinegramas, de donde toma y rehace las anécdotas del éxito con las mujeres, destacando el capítulo de la corona de laurel de oro regalada por una anciana que esperaba al cantor escondida dejado de la cama [11]; de Aguilar, también, toma la alusión a unos «padres» [12] y, ya referido anteriormente, que El día que me quieras figure como la última película que rodara. Otros episodios, cuya fuente no hemos podido localizar, y que no descartamos que puedan ser de la imaginación de P. de Somacarrera, son el relato de la noche de debut en solitario, ya separado de Razzano, en el teatro Astral [13], en la que Gardel está muy nervioso (y cuenta con el apoyo de un «protector» sin nombre con el que luego se va a emborrachar) cuando canta por primera vez Mi noche triste [14], aunque la letra que se transcribe pertenece a otro tango [15]; y la mención de Budapest y Estocolmo (con un concierto ante el rey Gustavo), lugares que Gardel no pisó (o aún no se tiene certeza de que lo hiciera), entre las ciudades en las que triunfó.

Hallamos dos capítulos relacionados con el cine, la materia predilecta del autor: el primero es el encuentro, en el tren a Tarrasa, del periodista con el actor Castel Rodrigo [16], quien habla de su amistad con Gardel desde «poco antes de la Gran Guerra», al que conoció en Rosario de Santa Fe, cuando coincidieron al hospedarse en una pensión de artistas en la calle Mitre, esquina a Córdoba. Rodrigo informa a P. de Somacarrera de que empezó a cantar «ya pasados los veinte años» no tangos, sino canciones criollas junto a Razzano en cafés y «en cines de barriada, vistiendo prendas de calle». Rodrigo cuenta algunas anécdotas, como el conocido suceso del disparo que recibió Gardel o la desconocida (tanto que suponemos invención del actor) en el que coincidieron como jurado de un concurso de baile de tango en Rosario. Uno de los datos que nos hace desconfiar de las aportaciones de Rodrigo es que este diga que trató diariamente al Mago «tres o cuatro años» en Rosario [17], algo imposible, hasta que se fue con Razzano a Buenos Aires, donde lo volvió a ver en 1917, en el café Imperial de la calle Corrientes. El actor apunta el cambio de suerte de Gardel en lo económico: «Ganaba el dinero con más facilidad y su popularidad comenzaba a tejer guirnaldas de gloria».

La segunda aportación, de mayor interés, es la breve trayectoria cinematográfica que hallamos en estas páginas. El autor comienza señalando una decepción y una revelación [18]:

La primera actuación de Gardel en el cine fue en La canción del gaucho. Me encontraba por entonces en Santander. Era en el verano de 1931. Una noche, al llegar a la redacción del periódico en que trabajaba, me encontré una tarjeta sobre mi mesa de trabajo. Era de un señor argentino, enviado extraordinario del diario La Época, de Buenos Aires. Una invitación para el cine Victoria, salón donde se proyectaba La canción del gaucho, cantada por Carlos Gardel.

Habíase hecho una extraordinaria propaganda. «Podrá usted oír su voz de oro», rezaban las gacetillas de prensa y los carteles murales.

Yo, al igual que los espectadores, quedé algo decepcionado viendo que Carlos Gardel no aparecía en la pantalla.

Pero la «reclame» había constituido un gran éxito de taquilla.

En efecto, Gardel atraía al público, y esto sucedía por su faceta de cantante, no de actor, que P. de Somacarrera define en sus primeras películas de «muy deficiente» y en el de Hollywood «de arte perfecto» [19]. No dejan de tener gracia sus comentarios acerca de que «se afeaba con los primeros planos»: «Era preferible no verle el rostro en primer término. […] También cuando cantaba se ponía muy feo». Posteriormente, comenta brevemente su trayectoria en Estados Unidos y, al final, aporta un cuadro con los títulos, nombre del director, dialoguista, protagonistas y autores de la música.

Precisamente, la música es la segunda parte del libro, un cancionero que únicamente recoge la letra de los tangos y demás canciones de todas sus películas.

Un año después de la publicación de este libro, a finales de 1938, la II República estaba perdiendo la guerra y Barcelona caería en manos de Franco en enero de 1939. Manuel Pérez de Somacarrera partiría a Francia, al exilio, donde continuará escribiendo críticas de cine en distintos medios como Cinémonde o Spectateur, entre otras muchas. Volvería a España, a Barcelona, ambas rotas por la guerra, en 1953 trabajando para el Servicio Internacional de Informaciones (FIEL) y publicará en distintas revistas; también colaborará en el proyecto CICOCA. En este regreso publicará Carlos Gardel: su vida y sus canciones (Ediciones Bistagne, 1958), al que hemos podido acceder fragmentariamente y al que añade más letras en el cancionero, aunque mantiene la misma información biográfica (y ficticia) de El ídolo roto.

NOTAS:

[1] Volvería, no obstante, a pisar esta ciudad en 1933, antes de trasladarse a París de inmediato tras desembarcar.

[2] En el diario La Nación (31-12-1932). Miguel Ángel MORENA (1985): Historia artística de Carlos Gardel. Corregidor, Buenos Aires, p. 148.

[3] Curiosamente, durante la Guerra Civil, las últimas películas de Gardel se exhibirían tanto en las ciudades de la zona republicana como en las ocupadas por Franco.

[4] La datación se realiza por la información dada por Mi revista, porque en el interior del volumen no aparece fecha alguna.

[5] Probablemente se trate de la tercera o cuarta biografía publicada en España tras su muerte. La circunstancia de la Guerra Civil hace que la calidad del papel sea mala y, como comentaremos más adelante, tenga información limitada a unas fuentes concretas. En cuanto a Barcelona durante la guerra, tomamos estas palabras de Andrés Trapiello: «hallarse lejos del frente, lo cual, y pese a los bombardeos, hizo de Barcelona una ciudad en la que muchos días de muchos meses podía pensarse que seguía siendo una ciudad de paz. […] La potente industria editorial, la más importante del país, se puso al servicio de la propaganda republicana, en catalán y en castellano, y Barcelona, en muy poco tiempo, quedó convertida en la principal factoría de carteles, fascículos, libros y revistas». Andrés TRAPIELLO (2019): Las armas y las letras. Literatura y Guerra Civil (1936–1939). Austral, p. 429.

[6] Cito las cifras dadas en algunos diarios: Ahora y El heraldo de Madrid (6-2-1936: «una multitud de más de 20000 personas») o El Nervión de Bilbao (6-2-1936: «Veinte mil mujeres»), entre otros.

[7] En la edición del 8 de julio de 1935 de La voz (Madrid) se publica que Carlos Gardel era el «pseudónimo de “Charles Garde”». En la revista francesa Paris-soir, en su edición del 22 de julio de 1935, también se publica «Garde» como el apellido real de Carlitos y de su madre. Lo real es que era Gardes.

[8] Armando Defino, en verdad. Escribe, además, que fue el pianista que le acompañó en su debut. No hemos encontrado de dónde toma esta información.

[9] Hemos hallado en diarios y revistas españoles que El día que me quieras aparece como la última película de Gardel, por ejemplo en Democracia o en Cinegramas. Como indicamos más adelante, creemos que toma esta información de los artículos de Santiago Aguilar.

[10] Sobre Santiago Aguilar Oliver y Carlos Gardel he escrito en la revista El coloquio de los perros: https://elcoloquiodelosperros.weebly.com/artiacuteculos/santiago-aguilar-y-carlos-gardel-el-espanol-que-supo-que-el-rey-del-tango-era-frances

[11]Santiago AGUILAR (1935): «Carlos Gardel. El último ídolo de las mujeres» en Cinegramas, 43 (7-7-1935).

[12] Santiago AGUILAR (1935): «Carlos Gardel. Su vida novelesca y su muerte trágica» en Cinegramas 42 (30-6-1935).

[13] P. DE SOMACARRERA (1931): «Carlos Gardel a su paso por Barcelona… Nos habla de su vida, de su excursión por América y de sus inquietudes cinemáticas» en Films Selectos 63 (24-12-1931), pp. 12 y 24. El autor recoge elementos de esta entrevista, como el Teatro Astral de Buenos Aires o la referencia a la Cumparsita (Comparsita en el libro) como el tango que le consagró. Este capítulo es una buena demostración de que no se puede tomar al pie de la letra todo lo que dijo Carlos Gardel sobre sí mismo…

[14] Recordemos que la primera vez que canta tango, y en solitario, y precisamente este tango, es aún formando parte del dúo con Razzano, en 1917.

[15] P. de Somacarrera transcribe la primera estrofa del tango Así es, compañero de Alejandro Scarpino y Francisco Barroncello con el título de Mi noche triste.

[16] De la poca información que hemos encontrado sobre él: actor argentino, protagonista de la película Amor en maniobras y con papeles secundarios en Barrios bajos y Como quieras. Su pista se pierde durante la Guerra Civil.

[17] Miguel Ángel Morena en Historia artística de Carlos Gardel indica que el dúo Gardel-Razzano estuvo en Rosario, Santa Fe y Córdoba entre junio y septiembre de 1914. Si coincidió con Rodrigo, serían «tres o cuatro» meses, pero parece que el actor, como muchos harían tras la muerte de Gardel, exageró, en este caso, el tiempo de tratarlo, como para justificar una amistad que no debió existir como tal. Rodrigo, más adelante, dirá que Gardel iba con dos guitarristas Ricardo y El Negro, lo que es una evidente confusión, porque el apodo de Ricardo era El Negro. Otra opción es que el biógrafo errara.

[18] En la entrevista que P. de Somacarrera le realizó en 1931 para Films Selectos, Carlos Gardel responde así a la pregunta de si Luces de Buenos Aires es su primera película: «Puede decirse que sí, aunque intervine con anterioridad en “La canción del gaucho”, el primer film de costumbres argentinas realizado en mi patria y en el que solamente se oye mi voz, sin que aparezca como actor». Esta información complementa lo que el autor relata.

[19] De nuevo, P. de Somacarrera se inspira en Santiago Aguilar, quien había dicho esto mismo sobre el Gardel de Hollywood en el nº 43 de Cinegramas.

Después de treinta años. En Lucenahoy.com

https://www.lucenahoy.com/blog/manuel-guerrero/despues-de-treinta-anos/20191208213759076008.html

Mientras me dirigía al lugar en el que habíamos quedado, pensaba en cómo habríamos cambiado después de tanto tiempo. Reconozco que iba con cierta inquietud, porque no me entusiasman las comidas de grupo, sean las familiares, las de trabajo o los peroles de mis amistades; sin embargo, la ocasión merecía el esfuerzo: darle un reconocimiento sorpresa a quien fue nuestra maestra durante cinco años en la EGB.

Una vez llegué al lugar de encuentro, el nerviosismo había dejado paso a la ilusión y, con mucha, fui saludando a mis antiguos compañeros de escuela. No recuerdo del todo bien en qué orden los fui saludando, pero sí que sentí una inmensa alegría de hacerlo, de estar allí y de descubrir que esta sensación era mutua. A cada mano que estrechaba, a cada abrazo que daba, a cada beso que repartía, pensaba que tanto ellos como ellas estaban igual, que apenas había hecho mella en sus rostros el paso del tiempo (salvo un par de excepciones que, ocioso es decirlo, no ha sido para peor), hasta que alguien exclamó: «Tú sí que no has cambiado nada». Sonreí y repliqué que no lo creía así, porque tenía menos pelo y más kilos. O, al menos, lo pensé.

Mientras esperábamos la llegada de nuestra seño (palabra que sigue siendo importante después de todo), para lo que habíamos dispuesto como cómplice a uno de sus hijos, nos pusimos al día como se puede hacer después de treinta años, con aquellas preguntas que el ser humano se ha hecho desde siempre: quiénes somos, de dónde venimos y a qué nos dedicamos ahora.

Y por fin llegó nuestra «Señorita Antonia». Sorprendida por el momento, debió ocurrirle lo de aquel tango que cantaba «mil recuerdos se me agolpan en la mente» para revivir en unos segundos el ayer. No quiero omitir por obvio que nos fue saludando uno a uno y que hubo a quien no reconoció. Una vez pasado este momento de entusiasmo, nos hizo preguntas, que, aunque alguien bromeó sobre si se trataba de un examen sorpresa, a mí me parecieron propias del examen de la vida, o del amor que diría San Juan de la Cruz. «¿Fui dura con vosotros?» «¿Fui buena maestra?» «¿Y todo esto –este reconocimiento– por qué, si era mi trabajo?» Alguien dijo que porque fue la mejor. Yo asentí.

Después, según había más conversación –y para quien más vino–, florecieron los recuerdos, las anécdotas en el cole, la mención a los ausentes; en definitiva, como si treinta años no fueran nada, parafraseando otro tango… También nuestra seño aludió a la dura enfermedad que había pasado y, debido a que el contraste con aquella época de finales de los 80 debe ser muy manifiesto, habló más de una vez de la situación actual de la educación.

A la seño le agradecimos su dedicación, su vocación, que nos hubiera dado el primer empujón a ser lo que hoy somos: todos hemos hecho algo de provecho en nuestra vida. Yo me había llevado la única foto de grupo de la clase que nos hicimos a lo largo de los cinco años de EGB bajo su tutoría, precisamente en 5º, el último año que nos dio clase. La fotografía le fascinó y se la quedó como recuerdo… ¡Qué curioso! Un recuerdo que físicamente llega a sus manos después de tanto tiempo… Al contrario que en la canción de Aute, todo queda en ese trozo de papel y nada es mentira: esos rostros siguen llevando nuestros nombres. Y en todos ellos, el de una seño con la que crecimos.

Sabor a luz de luna. En Surdecordoba.com

https://www.surdecordoba.com/opiniones/manuel-guerrero-cabrera/sabor-luz-luna

No quisiera terminar este 2019 sin recordar, aunque sea con este breve artículo, a Álvaro Carrillo, uno de los grandes compositores y cantantes de la música popular de México. En verdad, podría decirse que hay un triple motivo para ello: en primer lugar, Carrillo nació hace cien años, en 1919, en una ranchería de Cacahuatepec (Oaxaca, México); en segundo lugar, falleció hace cincuenta, en 1969, en un accidente de tráfico a pocos kilómetros de Ciudad de México; y, por último, es autor de dos de mis canciones favoritas, el conocido bolero Sabor a mí y la magnífica Luz de luna.

Yo siento tus amarras como garfios, como garras
que me ahogan en la playa de la farra y del dolor.
Si llevo tus cadenas a rastras en la noche callada,
que sea plenilunada, azul como ninguna,
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.

En el blog escrito por el hijo de nuestro autor (saboramipadre.blogspot.com), se cuenta la anécdota de la que surgió Luz de luna: Álvaro estudiaba en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, una institución militar en la que el rector quiso que una noche de viernes nuestro compositor cantara ante unos invitados, pero este se negó porque había quedado con una mujer; como el rector no pudo convencer a nuestro autor, no tuvo otra opción que arrestarlo y, así, obligado a permanecer en una celda, contemplaba la luna que iluminaba el patio de la escuela, lo que dio origen a esta canción. En ese mismo blog se recoge una anécdota con Octavio Paz en el que este le hace un comentario a Mario, hijo de Álvaro Carrillo, sobre el adjetivo «plenilunada», que resulta ser una invención del cantante: «”Plenilunada” debería ser considerada una aportación de Álvaro Carrillo a la poesía en español».

Sabor a mí fue escrita a finales de 1957, a partir de la anécdota de una cena, en la que tras beber whisky, el cantante besaba a su mujer. Esta le dijo que, de tanto besarla, la estaba emborrachando, a lo que él replicó: «lo que tienes en la boca no es sabor a whisky, es sabor a mí». Este bolero fue una de las primeras canciones en incluirse en antologías de poesía, como la de Gabriel Zaid sobre México, en la que se aporta la letra (también aparece el conocido Bésame mucho de Consuelo Velázquez y varios títulos de Agustín Lara).

No pretendo ser tu dueño.
No soy nada, yo no tengo vanidad.
De mi vida doy lo bueno,
soy tan pobre, ¿qué otra cosa puedo dar?

Aunque Carrillo lograría el título de ingeniero agrónomo, su pasión fue la música. Autor de más de 300 canciones, también le pertenecen Sabrá DiosEl andariego y Se te olvida (La mentira).

Entre las varias anécdotas de su vida, la más llamativa es aquella en que fue secuestrado por Lucio Cabañas, un guerrillero y militante del partido comunista que actuaba contra el gobierno mexicano. En ocasiones, a Cabañas le gustaba cantar, incluso imitaba al gran Jorge Negrete, y secuestró a Carrillo para cantar con él durante tres días. Parece que congeniaron, pues, en verdad, ambos buscaban un ideal social y sus orígenes estaban condicionados por la marginalidad. En efecto, el secuestro pasó a ser convivencia y, como recuerdo, Lucio Cabañas le regaló su rifle y su machete.

Biblioteca Gardeliana: Repatriación de Gardel de Ostuni. En La Opinión de Cabra

http://www.laopiniondecabra.com/ampliar.php?sec=especiales&sub=colaboraciones&art=1461

BIBLIOTECA GARDELIANA 8: REPATRIACIÓN DE GARDEL DE RICARDO OSTUNI

Manuel Guerrero Cabrera

Primera edición:

Ricardo OSTUNI (1995): Repatriación de Gardel. Editorial Club de Tango, Buenos Aires, 300p.

En una de las acepciones repatriar significa reintegrar a alguien a su patria de origen. En el caso de Gardel es reinsertarlo en la geografía de su cuna, el Río de la Plata, un territorio mucho más vasto y más significativo, que el de cualquier lugar determinado de esta misma latitud.

Si después de leer Repatriación de Gardel de Ricardo Ostuni, uno no se ha convencido de que Carlos Gardel no nació en Francia, con casi total seguridad se podría afirmar que no habrá quien lo haga. Ostuni escribió un libro analítico, de contraste de fuentes y citas, con la intención de ser objetivo y, en especial, con mucha conciencia criolla: «Creo que Carlos Gardel es un arquetipo de nuestra identidad cultural, un punto de referencia insoslayable cuando se trata de representar el modelo argentino o, con mayor precisión, el modelo espiritual de la cultura rioplatense» [1]. Y es que el autor tiene «algunas reticencias» sobre las tesis uruguayas, como la de que nació en Tacuarembó (curiosamente, uno de los puntos esenciales) pero no tiene duda de que Gardel no es francés. Sigue leyendo

Una clase desaprovechada. Artículo en Lucenahoy.com

https://www.lucenahoy.com/blog/manuel-guerrero/una-clase-desaprovechada/20191106123530074939.html

Hace cosa de de un mes, vi un fragmento de un programa de televisión en el que una alumna de primaria le preguntaba al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que a «dónde» donaría dinero si pudiera hacerlo a un «sitio», para lo que le daba dos opciones: la Catedral de Notre Dame o replantar el Amazonas. El alcalde, sin dudarlo, optó por la primera ante la sorpresa de la clase. No creo conveniente valorar lo que le dijera el alumnado, que trató de argumentar que el Amazonas es naturaleza; aunque después volveré sobre este punto. Sin embargo, Martínez-Almeida, como mayor de edad, da una explicación tan poco convincente que ningún niño de esa clase le creyó: «[El Amazonas] es el pulmón del mundo, pero la Catedral de Notre Dame es un símbolo de Europa, y nosotros vivimos en Europa. Y la verdad es que os digo una cosa, de las mejores cosas que nos han podido (sic) pasar a España en los últimos años es haber ingresado, treinta ya, en la Unión Europea y compartir una serie de valores…»

Elegir Notre Dame porque se vive en Europa es una preferencia muy torpe para un político. Así, se preferirá cualquier monumento europeo a las pirámides de Egipto, a la gran muralla china o al Taj Mahal. Esto lleva también a una peligrosa apreciación: a Martínez-Almeida no le importó nada la destrucción de Palmira en Siria o la de los Budas gigantes de Bamiyán en Afganistán, porque no eran «símbolos» europeos. El alcalde no debió apelar al lugar de origen, porque llegará el momento en el que considerará más valioso cualquier monumento de Madrid, por ejemplo, la Cibeles, que del resto de España, porque vive allí y es un símbolo innegable de la ciudad; y, entonces, caerá en el mismo error del nacionalismo que exalta ciegamente lo de una región (o un país) frente a lo foráneo. Muy torpe, repito. Y lo de que haber ingresado en la UE es «una de las mejores cosas» está muy bien como argumento para padres y madres, pero para aquella clase diría que no. Hubiera sido interesante ponerle en el aprieto de elegir entre replantar los árboles incendiados en el noroeste peninsular (donde ha sucedido el 44% de los incendios españoles de 2019) o Notre Dame.

Otra cuestión es la certeza de que aquel alumnado estaba enterado sobremanera de lo valiosa que es la naturaleza y, en especial, la del Amazonas, al mismo tiempo que transmitía la sensación de que ignoraban qué valor artístico tenía la catedral parisina, quizá cualquier obra de arte. De todos modos, es de sobra conocido que Martínez-Almeida no está sensibilizado con el medioambiente, como demostró con lo de Madrid Central, y como dejó claro cuando tomó las palabras de aquella clase y repitió que «El Amazonas es el pulmón del planeta», pues no lo es. El verdadero pulmón es el mar, concretamente las plantas marinas que generan el 70% del oxígeno del planeta. En efecto, los maltratados océanos que se siguen cubriendo de plástico y contaminándose por la acción humana… No obstante, aunque no deja de ser terrible que se incendie el Amazonas (este año no más que en los anteriores), los ecosistemas se regeneran, incluso después de los incendios.

Pero lo peor que hizo Martínez-Almeida es haber desaprovechado la oportunidad para hablar de Arte y de haberle transmitido a la clase que este es insustituible y, una vez destruido, es irrecuperable. Pienso en los citados Budas gigantes de Bamiyán, en los desaparecidos mausoleos de Tombuctú o en el Gran Tapiz de Miró que se perdió bajo las Torres Gemelas el 11S. Yo hubiera elegido Notre Dame por esto y no por ser un indolente «símbolo» europeo, pero, en fin, por algo no me dedico a la política.

Repudio del nacionalismo. Artículo en Surdecordoba

https://www.surdecordoba.com/opiniones/manuel-guerrero-cabrera/repudio-del-nacionalismo

Después de lo ocurrido (y sigue ocurriendo) en Barcelona, me reafirmo en mi convicción de que todo nacionalismo (sea catalán, español u otro) es ideología intolerante, racista, alimentada con la diferenciación del otro, dispuesta a alzar fronteras no solamente en la tierra sino en el interior de cada persona. Después de lo ocurrido en la capital catalana, una ciudad que ha destruido su carácter cosmopolita y abierto con la brutal explosión de odio y violencia, será el nacionalismo el primer paso hacia enfrentamientos peores, augurio de tiempos oscuros que llaman al fascismo (cuando el fascismo es, en verdad, nacionalismo). No podía esperarse otra cosa de una ideología que se ha seguido alimentando aún en el siglo XXI con falsedades, como aquello de que la ciudadanía catalana no tenía los mismos derechos que la española o la europea. Más lamentable es el posicionamiento de los partidos a izquierda y derecha en nuestro país, como si la intolerancia y el odio nacionalista (sea cual sea, insisto) tuviera medias tintas: la derecha animada a echar leña a la hoguera del odio y la izquierda ignorante de lo terrible que es cualquier nacionalismo (sin excepción, insisto). Además, se sigue alimentando desde ambas posturas cierta repulsa hacia la Transición, desde el cinismo de Vox, con su total rechazo a las Autonomías, entre otras cosas, hasta el menosprecio de Podemos que infravalora la democracia a la que dio lugar tras una dictadura.

Es triste que la política actual se vaya limitando a situarse unos contra otros, con el ánimo de trasladar este enfrentamiento a la sociedad, pues así sucede con el nacionalismo: recuérdese cualquier declaración de Torra, Abascal u otro nacionalista.

Lo que más me cuesta comprender es la ceguera hacia uno o varios líderes. No concibo que Barcelona haya ardido por una sentencia judicial hacia unos políticos (que, vea como quiera verse, se habían saltado las leyes, cosa por la que habitualmente hay que rendir cuentas). ¿Tanto fervor merecen hoy, en el siglo XXI, los políticos? ¿Enfrentarse, pelearse, insultarse con alguien por ellos? E, incluso, peor: ¿Gente que apenas puede llegar a fin de mes se enfrenta a la policía por políticos con grandes sueldos? Así, estamos condenados a repetir el siglo XX, salvo que se repudie el nacionalismo (todos, repito).