Llama navideña en Surdecordoba.com

El poeta José Hierro escribió en el «Preludio» de su necesario poemario Cuaderno de Nueva York que el presente es «llama entre la madera y la ceniza». Así, de este modo, considero estos días, estos momentos finales del año como llama devoradora que se consume rápidamente a sí misma, frente a la madera que espera el año venidero y la ceniza creciente del pasado. Llama que parece identificarse con las múltiples luces decorativas que te recuerdan que en estos días comeremos, beberemos, reiremos, compraremos y regalaremos… y, a modo de resumen, viviremos más que el resto del año. ¡Oh, luces que me recuerdan a San Juan!

¡Oh, lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores,
color y luz dan junto a su querido!

La llama es la lotería que hace ceniza un mal año y promete la mejor madera. La llama es cada comida especial, cada uva de las campanadas y cada felicitación. Pero, como con todo, hay que moderarse, pues quien juega con fuego…

Y hemos de evitar acabar quemados. Por ello, me sorprende que solo me lleguen buenos deseos o mejores intenciones –del mismo modo, confieso, que a mí me dan ganas de anunciar estos buenos propósitos–, ahora y no en el resto del año; en verdad, sucede únicamente porque nos sentimos rodeados por lo que la mayoría de la sociedad imita, guiada o dejada guiar –cuando no por la voluntad cristiana– por la intención económica de los comercios y empresas que quieren hacer su agosto en diciembre, animándote a comprar, a consumir… Por un lado, habrá que extender el dinero lo máximo posible en este momento delicado de la economía –esta crisis ha resultado ser una potente llama que no ha dejado ascua alguna para poder calentar la futura madera– y, por otro lado, la «fatiga» que a uno le da recibir un regalo y que tú no le entregues ninguno, no por motivos económicos, sino por ir contracorriente; en especial, si viene de la madre de cada uno. Como decía, no entiendo que solo estas fechas sean para desear lo mejor y que todo se condicione a ello, como las muestras de felicidad que aparecen en los medios, en especial en la televisión, donde todo cambia y aparecen noticias, que roban tiempo a lo importante en el telediario, sobre cómo evitar los excesos en las cenas de empresas o cómo comerse las uvas. Pese a esto, reconozco que hay cosas que me gustan, como el anís o los dulces de Navidad de Rute, de este pueblo de nuestro sur que cambia su rutina para estos meses y que se esmera por darle vida al chocolate, que se emblandece con el calor; y, ya que lo citamos, me gusta la candela, el fuego en la chimenea, con su llama palpitante y crepitante que atrapa la madera y deja la ceniza sin amargura, porque no quema sino que calienta, dejándonos claro el verdadero motivo de esta llama navideña: aunque todo se vuelva polvo, lo importante es animarse, avivarse sin consumirse del todo. Por esto mismo, mantengamos encendida la llama navideña y tengamos buenos propósitos todo el año y no solo en su parte final.

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Del amanecer de Hurtado Izquierdo: primera colaboración en Lucenahoy.com

«El tiempo corre y todo tras él. Cada día que amanece, amanecen cosas nuevas…» Dejó aquí la cita, extraída oportunamente del Guzmán de Alfarache (novela picaresca del Barroco), en su punto más esperanzador. El resto nos ofrece la clave del desengaño, digamos que es triste y el nacimiento de un diario debe darnos motivos de dicha en nuestra vida. Está bien distinguirla del quebranto, como en Gracias a la vida de Violeta Parra, y, por ello, aprovecho la oportunidad para felicitar a Lucena hoy por su puesta en marcha. Espero que la cercanía de fechas con el más conocido y celebrado nacimiento del mundo le dé buena suerte y un largo futuro.
Contradiciendo a los que proclaman que no hay nada nuevo bajo el sol y volviendo a la cita del inicio, cada amanecer sí que lo tiene y, quien lo espera siempre, cree en su futuro que hoy por hoy pasa por la juventud, por su formación y su inquietud. Para lo primero Lucena cuenta con un nuevo instituto desde este año (para lo segundo, existen conseguidas fórmulas culturales, como la del Botellódromo de las palabras), lo que amplía la oferta educativa de nuestra ciudad y uno de los motivos de la educación es que los jóvenes conozcan el pasado, el rico pasado de Lucena desde lo histórico a lo cultural. Hemos de hacer lo posible para que personajes (y personajillos televisivos) actuales no sean los únicos que reconozcan y para que Leonardo Antonio de Castro, Antonio Mohedano o Francisco Hurtado Izquierdo formen parte de su vida, no solo para conocer la obra de estos paisanos de épocas pasadas, sino también para acercarse e identificarse a su pueblo mediante la cultura legada por artistas. Por ello, en la circunstancia de denominar al nuevo instituto, tenemos una buena ocasión para llevar a cabo dicha identificación y la oportunidad de recuperar a lucentinos de gran reconocimiento artístico como los ya citados, destacando a Hurtado Izquierdo, que ha tenido una mejor proyección fuera de Lucena y es responsable del estilo Barroco que hoy conocemos por el sur de Córdoba y, entre otras obras, del sagrario de la Cartuja de Granada (además, se le atribuye la sacristía), de la capilla del Cardenal Salazar en la Mezquita-Catedral de Córdoba, del camarín de los Condes Buenavista de Málaga y del sagrario del Monasterio de El Paular en Segovia. En nuestra localidad, según nuestro cronista don Francisco López Salamanca, podemos observar su trabajo en el retablo mayor del Santuario de Ntra. Sra. de Araceli y en las portadas y la cúpula elíptica de la iglesia de San Agustín (o San Martín, como en verdad se llama). Por lo tanto, estaríamos ante un instituto lucentino con el nombre de uno de los artistas más importantes del Arte barroco, que nació en Lucena; un buen modo de unir enseñanza con nuestra cultura más cercana. Aunque pocos centros han recurrido al nombre de un paisano para denominarlo, algunos de reciente creación, espero que esto dé origen a recordar con mayor ahínco a lucentinos célebres con otros medios y no solo con la tarea necesaria de las Jornadas de Historia, donde siempre amanecen cosas nuevas sobre lo que ya no lo es. 

El sur de Hurtado Izquierdo en Surdecordoba.com

En la otra orilla, en la tierra del Plata, es muy conocido un tango llamado Sur, cuya letra es del poeta argentino Homero Manzi y la música del maestro porteño Aníbal Troilo. En él se hace una breve visita recorriendo los lugares más importantes de la infancia de Manzi, cuando el cruce de la avenida de San Juan con la de Boedo y el barrio de Pompeya eran los límites de la hoy gran urbe que es Buenos Aires, habiendo alguna fábrica nueva, pampa y pampa más allá únicamente. Hoy, que todo ha sido sacrificado por el progreso y no hay sino hogares, comercios, naves y «villas», Sur ha quedado como algo testimonial y como uno de los más bellos poemas cantados a una ciudad; además, debido a que comulga con el espíritu triste del porteño, se ha convertido en un himno ante el paso fiero del tiempo. Sur no solo se refiere a un lugar de la ciudad o del mapa, sino también a un tiempo pasado (la juventud y un amor perdido). Para nosotros, que estamos al Sur de España, evidentemente, esta palabra nos sugiere otra cosa. Y también a quien viva por Asturias, Aragón o Madrid. Hay tantos «Sures» como personas…
Centrémonos en el nuestro, en el Sur de Córdoba. Aquí un poeta escribiría algún cante de trilla, de olivareros o un fandango en lugar de un tango; hablaría sin duda del olivo y no de la pampa; y no aludiría a ningún camino o polígono, sino al Barroco de los templos y edificios presente en los distintos pueblos. Porque el Sur, como dice el tango citado, nos evoca:
Nostalgias de los años que han pasado,
arenas que la vida se llevó…
Y, en especial, nuestro Barroco. El sagrario de San Mateo, el Cristo de la Columna o la iglesia de San Juan de Dios de Lucena; la Virgen de la Soledad o la parroquia de Asunción y Ángeles de Cabra; el camarín del Nazareno de Monturque y me dejo atrás muchos ejemplos de los que quiero destacar Priego. Priego y punto.
Esta localidad es barroca ante todo y se lo debe al genio artístico del lucentino Francisco Hurtado Izquierdo, que instaló su taller allí. Este lucentino, nacido en 1669 y fallecido en Priego en 1725, Maestro Mayor de la Catedral de Córdoba (1697) y de Granada (1704), renovador de la arquitectura y espíritu del Barroco y uno de los pocos lucentinos estudiado en universidades nacionales e internacionales, fue, entre otras, el arquitecto del sagrario de la Cartuja de Granada (y se le atribuye la sacristía), de la capilla del Cardenal Salazar en la Mezquita-Catedral de Córdoba (en esta ciudad, encontramos el Hospital de este cardenal, la Ermita de la Alegría y la Capilla de la Asunción, entre otras obras), del camarín de los Condes Buenavista de Málaga y del sagrario del Monasterio de El Paular en Segovia. En Priego participó fundamentalmente en los camarines de distintas iglesias y, en especial, en la planta de San Juan de Dios; dejando, como un buen profesor, su huella en los artistas que le sucederían: los hermanos Sánchez Rueda, Francisco Javier Pedraxas, Juan de Dios Santaella, Remigio del Mármol e, incluso, José Álvarez Cubero.
En su localidad natal, en Lucena, algún cronista indica que participó en la ejecución del retablo mayor del Santuario de Ntra. Sra. de Araceli y trazó, sobre todo, la iglesia de San Martín (San Agustín, como la llaman), tanto en las dos portadas como en la original cúpula elíptica. Fue este lucentino quien influyó en el Barroco con su obra de tal manera que hizo que se utilizara el estípite y la luminosidad.
Ahora que hay que ponerle un nombre al nuevo instituto de Educación Secundaria de Lucena, ¿cuál mejor que Francisco Hurtado Izquierdo? Llamarlo José María Pemán (el autor del Himno de la Virgen de Araceli) o Pedro Roldán (el escultor del magnífico Ntro. Padre Jesús de la Columna), cuyas relaciones con Lucena son puramente circunstanciales o laborales, no me parece apropiado; puesto que la ciudad cuenta varios artistas, algunos eximios, entre sus hijos: Leonardo Antonio de Castro, Antonio Mohedano y, en especial, por quien yo apostaría, Francisco Hurtado Izquierdo. Si finalmente no se eligiera el nombre de este lucentino, no me sorprendería, ya que este arquitecto ha tenido poca fortuna donde nació. El caso más irrisorio es el de la calle que le pusieron con su nombre y que, poco después, apareció como «Francisco Urbano Izquierdo», debido a un error que atribuyo a la informática.
Hoy, ya reparada esta anécdota, la denominación de su nombre para este nuevo instituto es un primer paso para recuperar la obra de un artista lucentino que le dio el calificativo de barroco al Sur.