El septiembre de Manantial en La Opinión de Cabra

Al igual que el arpa que esperaba una mano que la volviera a revivir en la conocida rima «Del salón en el ángulo oscuro» de Bécquer, los libros también aguardan al preciso o curioso lector que dé vida a sus personajes, acciones o evocaciones escritos en sus páginas. Así, me reencontré con algunos poetas del grupo «Manantial» de Cabra en la Antología Bromelia, que se editó en 2000, una interesantísima y notabilísima obra que agrupa a varios autores de nuestra Subbética. El grupo de Cabra está representado por Mario Alcántara, Rafael Luna y Antonio Roldán, todos pertenecientes al citado grupo «Manantial».

Una lectura a los textos aportados nos descubre la importancia que tuvo el mes de septiembre para ellos. Mario Alcántara es el más explícito, en verso transparente y regado con alusiones mitológicas:

Bajo la luz de la Luna Llena
de una noche de septiembre,
los poetas de Manantial
construimos el Ateneo.

La poesía es un instrumento divino e, incluso, mágico, que ha ungido con la luz lunar a los poetas de Manantial en septiembre.

Verso en el verbo verso,
Mantra sagrado que nos une
en la hermandad poética.

Por su parte, Rafael Luna recurre a septiembre para volver a la infancia e invocarla con el verso lleno de nostalgia y de aire popular.

Aún hay niños
con carrozas de papel
en el viento de sus miradas,
con globitos de feria
en el universo de sus manos.

¡Mamá! ¡Mamá!
Vísteme de septiembre
que quiero pintar el cielo
de barquitos de nardo.

Matilde Galera indica que Rafael «desde su infancia se sintió atraído por la creación poética», por lo que septiembre no solo es imagen de la niñez, sino también de poesía o de la inspiración nacida en él desde pequeño.

Por último, Antonio Roldán ofrece en la Antología un recorrido lírico llamativo y elaborado de versos con profundidad. También aparece la infancia, expuesta como un carpe diem a su hijo, en bellísimas palabras:

Colúmpiate en la estrella que tirita en el espacio […]
Vamos a los cuentos agarrados de la mano […]
Zambúllete en la tinta enamorada de mi pluma,
mi Jesús, y nada en los versos azulados.

Aunque no mencione septiembre en sus poemas de la antología, Antonio también acude a la noche («Noche en gotas irrompibles») y a lo mágico («Derramaré mi sangre/ en la arena crepuscular del destello»), para que, junto a otros temas, concluya con el espíritu de la palabra poética que han compartido estos tres poetas de «Manantial» y a los que animo a leer con este sencillo artículo:

Porque aún nos quedan los versos
para engalanar sonrisas cuando la palabra
regrese a nuestro lado…

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Tres lecturas distintas del mismo poema en Priego digital

La publicación del libro de poemas Emisión analógica (2011) del cordobés Tomás Illescas atrajo mi atención desde el primer momento, ya que había leído algunos poemas de su autoría –y de mi gusto–, y lo esperé con ganas. Pese a su título, se publicó en un medio digital: la web de la revista Groenlandia, bajo la jefatura de la poeta Ana Patricia Moya. 
De Emisión analógica destaco la voz personal del poeta, que nos guía, como si de un Virgilio televisivo se tratase, por una analógica Comedia de personajes y situaciones del mundo –y cultura, ¿por qué no?– audiovisual de las tres últimas décadas. En su poesía hallamos generalmente dos polos: la tristeza del desengaño y el humor. Ambos se concilian en poemas como la Fábula de Blancanieves o Fast Food, de donde extraigo estos versos:

Los menús infantiles
distribuyen pequeños
juguetes de un solo uso
que, en ocasiones con dificultad,
a veces con fruición,
montan los padres a los niños
(móntalo, úsalo, olvídalo).

Cubiertos de un solo uso.
Juguetes y padres
de un solo uso.

No solamente recurre a motivos infantiles, como los citados, en los que enarbola una crítica a la sociedad y al desencanto de la infancia, sino también a elementos cinéfilos como Rocky o The shining (El resplandor) y, desde ellos, pasar a momentos históricos como la muerte de Franco.  Dejando a un lado el valor de la poesía de Tomás Illescas, escribo las siguientes líneas, por la inusitada oportunidad que he tenido con su obra, al leerla en tres medios distintos. El primero fue la pantalla del ordenador, nada más descargarlo de la web donde se publicó. Fue incómodo y, a medida que avanzaba la lectura, la disfrutaba menos. Tengo la convicción de que los ordenadores son muy buenos instrumentos para crear y darle forma a un texto, pero no para leerlos. Además, la poesía estimula los sentidos y te invita a la reflexión, y, en esta circunstancia, solamente lo segundo es posible. A diferencia de los libros, en la lectura realizada en la pantalla de un ordenador uno se sienta con el cuerpo se echa hacia delante y no proporciona placer. Probada la mala fortuna del PC, opté por introducir el poemario en un libro electrónico. Y, sí, esta vez, leí y releí con gusto el volumen. Me lo podía llevar conmigo a casi cualquier lugar y destacaba algunos versos que me gustaron:

Porque ni tú, ni yo, ni nadie
golpea más fuerte que la vida:
defiéndete de ella.
(Rocky)

Pero, finalmente, Tomás se decidió a realizar algunos ejemplares en papel y me entregó uno de ellos. Y no sé si es porque estoy habituado a ello o porque prefiero los libros, pero no hay comparación posible. Esta tercera lectura, en papel, me permitió valorar mejor la obra en conjunto, así como descubrir algunos poemas que no me gustaron en las dos anteriores ocasiones; también me ofreció pasar rápidamente de una página a otra para enlazar el mensaje y la estética de un poema con el de otro. A esto contribuyó, al igual que el e-book o libro electrónico y en claro contraste con la pantalla del ordenador, que me encontraba sentado y echando el cuerpo atrás, al respaldo del asiento, por lo que disfruté de la lectura.  No pretendo con este texto sino animar a la lectura, preferentemente en libros y en e-book; en estos tiempos difíciles, podemos obtenerlos gratuitamente, los primeros en las bibliotecas y los segundos en la red. Una de las conclusiones a las que se llega tras leer Emisión analógica es que hace unos veinte o treinta años la televisión se atribuía cuestiones educativas, morales y de entretenimiento, al igual que hoy; los que crecimos con aquella televisión del pasado nos estamos enfrentando ahora al «feo vicio/ de vivir», utilizando palabras de Tomás Illescas; con la televisión actual, ¿de qué modo se enfrentarán a la vida los que hoy crecen con ella? Por ello, mejor la lectura, sea en un ordenador o un libro electrónico o de papel.

Un error de redacción publicitaria en Cabra digital

Una marca de tampones para la higiene femenina lanzó una campaña publicitaria en la que invitaban a lo siguiente: «¡Tómate una foto con los nuevos tampones estilos con aplicador largo y gana un iPad… pasa la voz, tu foto debe tener mucho estilo!»; en efecto, una vez leído, nos preguntamos qué atrevimiento es este de solicitar una foto con ese producto y, si profundizamos, ¿cómo ha de aparecer el tampón? ¿En la caja, en la mano, en el lugar en el que se utiliza? Después de un revuelo de día y medio, la empresa comercial retiró la campaña disculpándose por esta propuesta que denominó «error de redacción».
Aún conservo un anuncio en el que se ofrecía un puesto de vendedora en un local comercial, con los requisitos de tener treinta años de edad y veinte o más de experiencia; en este caso, también estamos ante otro «error de redacción», que es el modo de llamar eufemísticamente a una gran falta de sentido común. Es probable que, en ambos casos, hayan partido de una idea llamativa sobre la que no perfilaron los detalles, dando lugar a un malentendido o a un anuncio poco claro. La marca de tampones conocía muy bien que la publicidad forma parte del marketing, pero olvidó que se diferencia de otras técnicas comerciales en la difusión de mensajes  mediante los medios de comunicación social, buscando una sola respuesta desde sus anuncios: la compra del producto.
Antonio Ferraz Martínez en su obra El lenguaje de la publicidad afirma que «el lenguaje publicitario es persuasivo», ya que pretende implicar a quienes va dirigido el producto en su atención y en su conducta, en especial induciéndolo mediante valores connotativos y recursos retóricos. En este sentido, este mensaje es correcto, ya que el principal uso lingüístico para implicar  al público es la oración imperativa (¡Tómate una foto!); sin embargo, por lo extraño de esa propuesta y, por consiguiente, del significado del mensaje, hemos de concluir que es una mala publicidad, pues consigue el fin contrario al deseado. Es decir, nadie compró los tampones para hacerse una fotografía con ellos… se sacaran, o no, de la caja.