Inesperadamente (poema de Loco afán)

inesp

Y se fue sin aviso como un rayo caído

que escoge ser oscuro tras dividir la noche.

(De Loco afán, Ediciones en Huida, 2011).

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Federico García Lorca y el tango. Artículo en Surdecordoba.com

El próximo sábado recibiré la visita de un amigo argentino, Ángel Mario Herreros, escritor de cuentos sobre tango y un gran conocedor del tango lírico y musical. Pero antes de llegar a Lucena, habrá estado en Sevilla y en Granada; en este último lugar, en un encuentro sobre Federico García Lorca, lo que puede hacer que pensemos qué relación podría tener Lorca con el tango. Y la respuesta es más extensa de lo que podamos creer.
En 1933, durante su viaje a Buenos Aires, Federico conoció (en la esquina de Corrientes y Libertad) al mismísimo Carlos Gardel, quien lo llevó a su domicilio donde le cantó Claveles mendocinos, Mis flores negras y el conocido tango Caminito. En ese viaje conocería al poeta Carlos de la Púa, el Malevo Muñoz, quien respondería al interés del granadino por el lenguaje del lunfardo, y también, sin afirmarlo rotundamente, pudo conocer a Homero Manzi, uno de los grandes poetas del tango (autor de Malena o Sur, entre otros), de quien luego hablaremos; y, seguramente, a otros, pues el estudioso Pablo Medina comenta que el poeta granadino conoció la ciudad a fuerza de caminarla.
En 1935, ya en Madrid, Lorca se encontró con Enrique Santos Discépolo, autor del famoso Cambalache, con quien tomó café en un local frente la Plaza del Callao, gracias a la actriz Lola Membrives (discrepo de muchos estudiosos que aseguran que ya se conocían, teniendo en cuenta que Tania, la mujer del argentino, afirmaba que se conocieron en Madrid). Discépolo recibiría la noticia del asesinato del granadino de regreso a Buenos Aires, al parecer conmovido por el cruel enfrentamiento de los inicios de la Guerra Civil; aunque en ningún momento de sus composiciones hallaremos un posible influjo lorquiano.
Pero no solo hay conexión entre Lorca y el tango en la vida, sino también en las obras tangueras. Hemos citado a Homero Manzi y es necesario referir que en su producción destaca Milonga triste, con versos como los siguientes:
 
Brillaban tus ojos negros
claridad de luna llena.
 
La luna cayó en el agua.
El dolor golpeó mi pecho.
 
Que nos recuerda algunos del Romancero gitano:
 
Sus ojos en las umbrías
se empañan de inmensa noche.
 
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
 
 
O en Barrio de tango de este mismo autor: «Barrio de tango, luna y misterio», que recuerda la técnica metafórica de «bronce y sueño, los gitanos» (Romance de la luna, luna) del granadino.
Del resto de autores de tangos, solo hay uno con el que se le puede comparar en el terreno de la metáfora: Homero Expósito, a mi juicio, el autor tanguero más literario e interesante. Aunque al leer la obra de ambos autores al mismo tiempo nos hace comprobar que no están tan cercanos, sí es cierto que hay estructuras o evocaciones similares en los versos de Homero: los lorquianos «ojos de fría plata» (Romance sonámbulo) recuerdan en estructura y técnica metafórica a «ojos de azúcar quemada» de Pedacito de cielo, y «viste y desnuda tu pincel siempre en el aire» de la «Oda a Salvador Dalí» tiene mucho parecido con lo dicho en Afiches, «ya moja el aire su pincel». Sin embargo, un par de encuentros no muestran una influencia notoria, especialmente en motivos y símbolos lorquianos (El Yuyo verde de Expósito está relacionado con la muerte, como el verde en el Romancero gitano); porque el verdadero influjo, si lo hay, reside en la técnica metafórica, siguiendo el modelo del granadino en la forma. Pero, insistimos, no de manera determinante.
            Lorca manifiesta sentimientos o actitudes, en algunos poemas, otorgando atribuciones humanas a las cosas, pero conectándolas con algún sentido. Por ejemplo, en «Thamar y Amnón» escribe:
 
Toda la alcoba sufría
con sus ojos llenos de alas.
 
            Es decir, se expresa «la inquietud de Amnón, martirizado por el deseo», con su sufrimiento que se transmite a la alcoba y se hace notoria en su mirada de un lado a otro. Homero realiza algo parecido en Pedacito de cielo:
 
la reja de bronce
temblando de amor.
 
            Los temblores (de los enamorados) se transfieren a la reja, pese a su dureza (bronce).  Es la misma técnica, pero no el mismo motivo.
            Otro aspecto muy interesante en el granadino es la combinación de aspectos sensoriales en sus versos. Por ejemplo, vista, olfato y tacto se conjugan en estos versos de la «La casada infiel»:
 
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
 
            Homero llena sus composiciones de elementos sensoriales, pero no suele combinarlos, como ya se ha podido apreciar en los ejemplos analizados. Así, son contados los casos en los que sucede:
 
¡Portal donde la luna se aburrió esperando,
cedrón por donde el tiempo se perfuma
y pasa!
(Absurdo)
 
El portal (tacto), la luna (vista) y el cedrón (olfato) aparecen para indicar el paso del tiempo, que se ha llenado de las cualidades del cedrón (se perfuma) y del portal (pasa). Este aspecto es muy importante, pues las metáforas del granadino son eminentemente sensibles; su elemento de identidad es sensorial. Las metáforas de Lorca se ven con los ojos, se oyen con los oídos y se sienten por los sentidos, como señalaba el investigador Israel Rodríguez.
 
Y, por no agotar al lector en otros aspectos, espero que le haya llamado la atención este acercamiento entre uno de nuestros mejores poetas y la música popular del Río de La Plata, dos culturas universales unidas de una a otra orilla, y en las que pretendemos profundizar este sábado en el Círculo Lucentino, a las 19:30 de la tarde.