Las estelas de versos quebrados de Jaime Verdú. Reseña en Lucenahoy

https://www.lucenahoy.com/blog/manuel-guerrero/estelas-versos-quebrados-jaime-verdu-orellana/20191014150140073612.html

LAS ESTELAS DE VERSOS QUEBRADOS DE JAIME VERDÚ ORELLANA

Manuel Guerrero Cabrera

 

 

A caballo entre lo cofrade y la poesía, aunque ambos asuntos suelen coincidir en varias ocasiones, conocí a Jaime Verdú Orellana. De lo primero, esencialmente, por haber sido designado Exaltador del Valle para la Cuaresma de este mismo 2019 y, de la segunda, por compartir versos en esa red social llamada Facebook, que con descubrimientos como este hace que valga la pena tener una cuenta. De ahí que, de la pantalla, tomáramos la determinación de conocernos en persona, momento en que me habló de sus ideas poéticas, de la poesía que se escribía en Lucena y de Malagueando, su nuevo libro que se presentará el próximo mes de noviembre. Así, en la siguiente ocasión que coincidimos, en una lectura de poemas en Priego de Córdoba, me entregó su primera publicación, Las estelas de versos quebrados (Alameda, 2017).

La cubierta reproduce el cuadro Mujer asomada a una ventana de Caspar David Friedrich (1822), una buena imagen con doble significado: primero, el poeta se asoma por primera vez a la publicación de poesía y, segundo, la curiosidad del lector por saber qué veremos a través de la ventana, o sea, del libro.

Tras el prólogo de Joaquín Alfredo Abras Santiago, aparecen unas «Notas del autor» en las que Jaime Verdú desvela sus intenciones y desvelos, en el uso retórico de la Humilitas («El que ofrece este poemario ni ostenta la cualidad de poeta ni frecuentó, jamás, las rosaledas intrincadas, que conducen a la lírica en su más bella expresión») que trasluce sinceridad. Entre las intenciones, destaca la temática: «Es un libro cuyos protagonistas son las mujeres, la igualdad de género y sus vicios mundanos (el maltrato, la violencia y el empecinamiento por no reconocer una verdad absoluta: que todos somos iguales, sin distinción de género)».

Las estelas de versos quebrados se divide en tres partes: «Visiones», «Rencores» e «Inquietudes». La primera, «Visiones», se ocupa de poemas relacionados con la persona y parece un planteamiento de las otras dos partes; «Rencores» profundiza en este sentimiento; e «Inquietudes», la última, opta por la idea. Esto se confirma en los subtítulos que cada poema tiene, incluso cuando nos encontramos con el mismo texto en apartados distintos, como si fuera un estadio diferente de lo escrito o una manera distinta de expresar lo mismo.

 

Cruzaré,

los ansiados pasillos del soñar:

que lentamente surgen de la nada.

 

«Cruzaré (Verso quebrado con fortuna)»

 

 

Cruzaré,

ajada

en resentimiento,

los ansiados pasillos del soñar:

que cuelgan en la nada,

y levantan

en las orillas del otoñar.

 

«Cruzaré (Versión moderna)»

 

 

Arriba reproducimos lo que el mismo Jaime Verdú decía de su cualidad de poeta, pero lo cierto es que hallamos en él claros rasgos de poeticidad (según, por ejemplo, lo que expone García Berrio en Teoría de la Literatura), reconociendo la armonía como algo fundamental, aspecto este que Jaime Verdú consigue con acierto en el empleo de recurrencias, que consiguen cierto efecto de musicalidad que hacen grata la lectura de este libro, y que bien demuestran poemas como, entre otros, «Madre, ya es tarde», «Tal vez mañana», los citados «Cruzaré» o «Malagueando»:

 

Por calles y avenidas,

–malagueando–,

los verdiales ya cruzan las esquinas,

los verdiales que te cuentan,

los verdiales que se fueron,

los verdiales                 –verdialeros–

y sin remedio, arrastran los recuerdos,

de tardes,

–enfrascados en debates

ardientes de la joven amistad,

tan reluciente y nueva como el traje

de comunión, que duerme en el armario–,

de castañas vaporosas,

de castañas ondeando,

de castañas bien asadas,

–antes de ser amargas y malditas–.

 

Y, así nos lo dijo también el poeta en sus notas, la mujer, la igualdad y la violencia de género son los temas más presentes e importantes del poemario:

 

Yo confieso:

Ser culpable, en mi destino.

Que viviendo moría: asfixiada.

en la clausura del infierno; ahogada

en huracanes de alcohol; apuñalada

en torbellinos de celos. Moría.

Moría, al cobijo de golpes. Moría.

 

Tras asomarnos a la ventana de los versos de Jaime Verdú Orellana, hemos descubierto que a través de ella se pueden percibir todos los sentidos de la vida y, en especial, expresar un mundo en el que la mujer esté en condiciones de igualdad con el hombre. Jaime Verdú nos lo revela como algo por lo que vale la pena arriesgarse. Incluso a arriesgarse a ser poeta.

Reseña de Embarcados de Ángela Martín del Burgo en Odisea Cultural

http://www.odiseacultural.com/2019/09/06/embarcados-angela-martin-manuel-guerrero/

Conocíamos la admirable trayectoria novelística de Ángela Martín del Burgo, especialmente la de género negro con títulos, entre otros, como El mundo entero pasa por MarsellaAsesinato en la Gran Vía o El retratista de mujeres (finalista del VIII Premio Wilkie Collins de Novela Negra y aún inédita).

También la poética, con poemarios, entre otros, como Dónde la muerte en ÁmsterdamPoemas de viajeUn sueño breve o Caducidad de lo real (Premio Ciudad de Miranda 1996).

Y, ahora, toma aire para la teatral, en la que ya había publicado una adaptación de El idiota de Dostoyevski en colaboración con Á. Álvaro Martín del Burgo, y de manera más reciente, el título que aquí tratamos: Embarcados, que fue finalista del XIII Premio El Espectáculo Teatral.

Embarcados nos lleva a un crucero por el Mediterráneo en el que Paul, Helena, Irene y Sebastián se cruzarán no solo en las distintas estancias del barco –con alguna escena fuera de él– sino también en lo personal; de tal modo que los secretos, ambiciones y miedos de cada personaje acaban siendo los verdaderos protagonistas de la obra.

Formalmente, la obra se divide en tres actos (con seis escenas los dos primeros y siete el tercero), en los que el tiempo se pliega a acto por día de viaje en el primero («unas doce horas», en palabras de la autora) y en el segundo, mientras que el tercero ocupa cinco días y las escenas sitúan la acción horas después de lo acontecido anteriormente.

En la obra, junto con la escena final, hay otra en la última del segundo acto que es crucial y con la que la autora consigue un efecto de teatro dentro del teatro formidable. Así lo propone Helena en la escena tercera del segundo acto:

HELENA: Me gustaría que en la próxima ocasión jugásemos a un petit jeu muy interesante.
PAUL: Dinos, Helena, qué petit jeu es ese. ¿Qué se te ha ocurrido?
HELENA: Lo leí en una novela.
PAUL: Para Helena, siempre la literatura.
HELENA: Se trata de que cada uno de nosotros contemos el personaje con el que se sienta más identificado.

Esto ocurre, como hemos mencionado, en la última escena del acto segundo, con la sorpresa de que dos de los personajes, sin haberse puesto de acuerdo, interpretarán a Stanley y Blanche de Un tranvía llamado deseo.

El petit jeu, que quedó interrumpido entonces, se completará en la última escena en la que uno de los personajes elige representarse a sí mismo, «una escena de mi propia vida, la escena crucial, en la que el tiempo se detuvo».

Embarcados, al situarse en un crucero, tiene mucho de referencias, que son particulares homenajes, a las ciudades del Mediterráneo, con edificios emblemáticos para ilustrarlas: la Sagrada Familia de Barcelona, la Fontana di Trevi de Roma, la casa de Dante de Florencia, etc. En verdad, se trata de elementos culturales que aportan un significativo valor a la obra (al fin y al cabo, es la oferta cultural de un crucero teatral; es decir, cultura dentro de la cultura) y que complementa distintas alusiones que hay entre los diálogos, como la historia de Hero y Leandro, la vida y la tumba de Paul Valèry («la culminación de mi trabajo» en palabras de Helena), las alusiones a las películas La dolce vita y Vacaciones en Roma… y podríamos seguir.

Apuntes que desde la escenografía o desde el diálogo la autora incorpora a la obra y que incrementan el interés literario.

Con motivo de mencionarla, se sugiere que la escenografía disponga de dos espacios diferenciados en el escenario, uno para espacios interiores y otro para exteriores, según se nos informa en la acotación inicial del primer acto; cada una irá variando, según lo requiera la acción e, incluso, se modificará completamente para las visitas a las ciudades, como la que trascribimos sobre Pompeya:

En el decorado habrá una fotografía en color de uno de los muros con frescos de una casa. Ocres, azules, rojo pompeyano son los colores predominantes. También a la izquierda del escenario habrá otras fotografías de cuerpos calcinados. Una de ellas es de un hombre y una mujer que encontraron la muerte de aquella noche juntos ––la noche que les invadió la lava del Vesubio––.

Por último, los cuatro personajes están muy bien perfilados, al igual que Ángela Martín del Burgo hace en sus novelas; tienen igual protagonismo, aunque parece proporcionarse mayor misterio para Sebastián, que declarará el motivo de realizar el crucero en la parte final de la obra; poseen más o menos la misma edad, pero la labor profesional de cada uno es diferente (Helena es traductora, Sebastián es ingeniero, Paul es informático e Irene, profesora). Su vestuario se modifica, según lo solicita la escena.

En definitiva, Embarcados de Ángela Martín del Burgo, finalista del XIII Premio El Espectáculo Teatral, es una auténtica obra para conocer mejor las motivaciones y espantos del ser humano ante los imprevistos de la vida.

Reseña de Siempre es demasiado de Maricruz Garrido en El coloquio de los perros

https://elcoloquiodelosperros.weebly.com/la-biblioteca-de-alonso-quijano/siempre-es-demasiado

SIEMPRE ES DEMASIADO DE MARICRUZ GARRIDO

Manuel Guerrero Cabrera

Maricruz GARRIDO LINARES (2019): Siempre es demasiado. Ánfora Nova, 70 pp.

El pensamiento, vida y obra de María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904 – Madrid, 1991) han sido motivo de interés para los estudios contemporáneos; citemos como ejemplos recientes el estudio de Juana Castro en Editorial Sabina de 2016 o la edición de Javier Sánchez Menéndez de sus poemas en La isla de Siltolá de 2018. La escritora Maricruz Garrido Linares (Priego de Córdoba, 1958) realiza su aportación de manera creativa con Siempre es demasiado: poemas basados en sus aspectos filosóficos y vitales, recreando el espíritu de la autora malagueña. Garrido, que tiene una dilatada trayectoria poética y cultural (fue responsable del Aula de Literatura de Priego durante una década), vuelve a la poesía después de Festum (2017), un canto a la cultura latina en la localidad de Almedinilla, y del corte social de Café pendiente (2015).

Hallamos tres posibles tipos de poemas en Siempre es demasiado. El primero lo conforman aquellos en los que se reconstruye su personalidad e inquietud, versos en los que Garrido consigue acercarnos a la agitación personal de Zambrano:

La noche es mi refugio, mi noche inacabada

y la brisa nocturna, evoca en mi memoria

el hogar natural, la infancia desterrada,

la sed de eternidad, del duermevela oculto,

mas ando desmembrada, como brújula

que no encuentra su norte, huida de la nada.

Ser ella misma, deberse a ella misma, inventar una utopía… son algunos de los motivos con los que Maricruz Garrido ha escrito algunos de este primer tipo de poemas.

Un segundo grupo trata de reconstruir el pensamiento de María Zambrano, o inspirarse en él, para ser más preciso; como entender la razón como aurora, o cuando dice ser «ciudadana del mundo» o «peregrina de todo», o cuando habla sobre la palabra:

No sé si soy yo misma o es otra yo, que me acompaña

en este arduo viaje de peregrinaje oculto

para tratar de salvarme a través

de esta palabra libre que elevo a lo imposible.

El tercer grupo, el que más está presente en el poemario y que resulta el más interesante, es el que se inspira en aspectos vitales, como aquellos en los que aparece Araceli, la hermana de María:

Yo sé que estás ahí,

pues cada paso mío

se entristece al no verte,

[…] en espera que un día

de nuevo nos despierte

un gato azul burlón

retozando a tu lado.

El exilio y España también se incluyen aquí, en especial, porque Garrido nombra el recorrido de Zambrano por el mundo y las personas que se relacionaron con ella.

Cuba,

tan bella como una luz de tarde,

al igual que Xirau, Valladolid antiguo, o Morelia,

San Nicolás, Michuca, México intenso y profundo.

[…] Salinas fue mi apoyo al tomar frente fijo

y me encontré de nuevo mi corazón sangrando,

apasionado y regio donde siempre habitó.

Maricruz Garrido emplea un estilo intimista generalmente en este poemario, aunque en ocasiones tiende a lo reflexivo mediante el uso del verbo «ser», «vivir» y similares; y opta por imágenes claras y resolutivas. Con todo ello, la escritora prieguense arroja una visión personal con la que reconstruye la figura de María Zambrano, que nos resulta nítida en los versos que cierran este Siempre es demasiado:

Yo sé que siempre he sido viva luz de mí misma,

un canto estremecido, soledad sumergida,

territorio de nadie, mirando en mi pupila

la desnudez del alma.

Reseña de Festum de Maricruz Garrido en Odisea Cultural

http://www.odiseacultural.com/2019/07/19/festum-maricruz-garrido-manuel-guerrero/

Maricruz GARRIDO LINARES (2017): Festum. Ex Libric, 70 pp.

 

 

Uno de los temas habituales desde siempre en la poesía ha sido la ciudad. Aunque hay ejemplos de ciudades innominadas, parece que se prefiere aquella en que se nombra, tanto de manera explícita, como por algún barrio o lugar de referencia; valgan como ejemplos poéticas muy distintas y actuales como las de Izet Sarajlic (Una calle para mi nombre), María Jesús Soler Arteaga (Antes de que olvides) o Ángela Martín del Burgo (Dónde la muerte en Ámsterdam). De manera más localista, sin dejarse llevar por las luces de las grandes ciudades, encontramos Festum de Maricruz Garrido Linares. Concretamente, Maricruz pone los ojos y los versos en la localidad cordobesa de Almedinilla, población vecina a su Priego natal, que fue un punto geográfico importante en épocas íberas y romanas. El dios Hypnos, hallado en los restos arqueológicos, es uno de sus símbolos. Quizá con esa intención de tratar de que nos dejemos llevar por un sueño, Festum de Maricruz Garrido se construye con léxico e ilustraciones (salvo en un par de casos, que muestran la naturaleza) relacionados con lo latino.

La obra se divide en cuatro partes: «Festum», «Tempus fugit», «Carpe Diem» y «Beatus Ille». En la primera, «Festum», se centra en aspectos llamativos de la localidad, como el primer poema llamado «Almedinilla» o el dedicado al citado Hypnos:

 

Deja que el sueño habite

donde habita el olvido

de las almas errantes.

Permite que Selene vigile

a su amado Endimión.

 

«Tempus fugit» recoge también aspectos de Almedinilla, pero apuesta por la evocación y sugerencia de lo que fue en el pasado. En cambio, en «Carpe Diem» los poemas tienen más carácter de experiencia, con mayor expresión del sentimiento: el amor y la amistad aparecen; aunque aún hay espacio para lo latino, como el poema dedicado a la caída de Roma o a Medusa. Apuntamos estos versos de «A Antonio Pulido» como muestra de lo expuesto:

 

Hypnos te envolvió,

cuando el amor dormía

y esparció tu ternura

sobre esta silenciosa

villa de sueños vivos.

 

Finalmente, los poemas de «Beatus Ille», que no hacen referencia al tópico homónimo, evocan lugares de Almedinilla y el yo poético, con resonancias a caballo entre lo clásico y lo contemporáneo, como atestigua la presencia de un senryu. Y este motivo métrico nos obliga a comentar la variedad de metros y ritmos que hallamos en este libro, con el resultado mayoritario de poemas de influjo actual con esencia o espíritu clásicos. Al fin y al cabo, Festum pretende que sintamos fascinación o que nos dejemos atrapar por la fiesta de la poesía, lo que consigue totalmente:

 

Tan solo tú y la noche

para escuchar silente

tu latir con el mío,

en armónico ritmo.

Allá, justo a lo lejos

la fiesta continúa.

Reseña de Tras el oro del Rin de José Manuel Valle en El coloquio de los perros

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VALLE PORRAS, José Manuel (2019): Tras el oro del Rin. La imagen de Alemania en los viajeros españoles (1842-1920). Cuadernos del Laberinto, 140 pp.

Quiero señalar otro [periodo] más amable: el que llevó a este país [Alemania] a convertirse en escuela, luz y estímulo de aquellos españoles que se dolían de las derrotas materiales y morales de su patria. Alemania podía ser, en aquella época el modelo para que España tomase el camino del progreso.

Con la claridad y la lucidez que le caracteriza, José Manuel Valle Porras (Cabra, 1980) expone en la Introducción de Tras el oro del Rin. La imagen de Alemania en los viajeros españoles (1842 – 1920) (Cuadernos del Laberinto, 2019), al que pertenece el párrafo inicial, la justificación del libro y la siempre interesante relación entre nuestro país y el germano, de «unos vínculos inevitablemente más débiles, debido sobre todo a motivos geográficos», como dice el autor.

El segundo capítulo presenta los autores tratados: Ramón de la Sagra, Juan Valera, Mariano Vázquez Gómez, Emilia Pardo Bazán, José Ortega y Gasset, Julio Camba, Ricardo León y Félix Díaz Mateo. A cada cual le hace un repaso biobibliográfico expuesto de modo ameno y especifica los detalles de sus viajes, salpicados por alguna que otra anécdota, siempre en aras de alentar a quien se acerque a esta lectura; es esta una de las virtudes del estilo de Valle Porras. Por ejemplo, sobre su paisano Juan Valera:

El deseo amoroso de Valera le llevó a protagonizar una curiosa anécdota cuando, ansioso de amar a la princesa Badrul-budur, se presentó un buen día en su casa, creyendo que vivía sola, y allí se encontró al padre, la madre y las hermanas. Al preguntarle la familia quién era y el motivo de su visita, se formó una curiosa escena, en la cual fue destacado ingrediente el desconocimiento que esta familia tenía del francés, de forma que Valera tuvo que explicarse en un precario alemán.

La tercera parte se titula «Alemania vista por los españoles», capítulo en el que el análisis cobra protagonismo, que aporta en apartados temáticos, un estudio no solamente por autor, sino también por la amplitud del tiempo y situación de cada uno. No deja atrás ningún rasgo: los lugares visitados, la política, la economía, la clase media, el carácter alemán, la gastronomía, costumbres, cultura, ciencia, literatura, música y filosofía. Lo anterior es una enumeración de los apartados antes referidos, el mérito de Valle Porras está en articular cada tema, según lo aportado por cada autor, y en conectar con las épocas posteriores dichas aportaciones. Buen ejemplo es el dedicado a la clase media, que parte de Ortega y Gasset: «existe una clase social –la más numerosa– que sirve de trazo de unión, los kaufmänner. Todos hacen la misma vida; […] comen en el mismo sitio y por el mismo dinero». Ricardo León también lo observa entre los obreros. Pero esto entrará en crisis con la Primera Guerra Mundial, para ello Valle Porras toma a Félix Díez, que contrasta la moralidad de antes y después de dicha guerra.

La cuarta parte ofrece las conclusiones a las que llega el autor, a partir de tres cuestiones: la comparación del carácter alemán con el español, la idea que de Alemania tienen los ocho escritores tratados y lo que estos buscaban en aquel país. Mientras que de las dos primeras se halla la respuesta en la tercera parte del libro, aquí atiende sobre todo a lo que España buscaba en Alemania: «Si ser un introductor de la música o de la filosofía alemanas equivalía a ser un renovador d ela música o la filosofía españolas, volver la vista al ejemplo alemán equivalía […] a modernizar España.

El libro concluye con la enumeración de las fuentes y de la bibliografía.

José Manuel Valle Porras nació en Cabra en 1980, es doctor (2017) por la Universidad de Córdoba y trabaja como profesor de Secundaria. Se ha especializado en el estudio de la heráldica en la Edad Moderna, desde una perspectiva de Historia social. Ha publicado diversos artículos sobre la materia, el libro El rumor de las piedras. Heráldica y genealogía de Cabra (2009), y, en breve, Ennoblecimiento y usurpación de armerías durante la Edad Moderna. El caso de Lucena (Córdoba), ganador del V Premio Nacional de Investigación en Historia, Patrimonio Documental y Archivos «Antonio García Rodríguez» (2018). Ha sido fundador de la Asociación Cultural Naufragio e impulsor primero de la revista Saigón, por no decir que fue quien la trajo al mundo y, posteriormente, miembro de su consejo de redacción. En esta revista publica reseñas literarias en la sección «Una biblioteca en la Conchinchina». Quien le haya seguido en estas publicaciones no se sorprenderá del exquisito estilo, de la palabra certera y del buen modo que tiene para comunicar algunos temas tan complejos y áridos. Esto último también vale para Tras el oro del Rin.

 

Biblioteca Gardeliana 5: Carlos Gardel. El gran desconocido de Erasmo Silva Cabrera. En La opinión de Cabra

http://www.laopiniondecabra.com/ampliar.php?sec=especiales&sub=colaboraciones&art=1431

SILVA CABRERA, Erasmo (1967): Carlos Gardel. El gran desconocido. Ediciones Ciudadela, 250 pp.

Pocos títulos en la bibliografía sobre Carlos Gardel han iniciado una línea de interés y de polémica como El gran desconocido de Silva Cabrera, también llamado Avlis. Esto se debe, en pocas palabras, a que el autor rechaza de pleno el origen francés de Carlos Gardel y defiende su nacionalidad uruguaya, concretamente, su nacimiento en Tacuarembó. Este es el primer libro que habla de un Gardel oriental, que luego tendrá dos continuaciones más del mismo autor: Alegato por la verdad y El hombre y su muerte. Sin embargo, el espaldarazo a esta tesis se debe a Blas Matamoro [1] y a Nelson Bayardo [2], pero no nos importan sus aportaciones, puesto que se sucederán las distintas publicaciones hasta llegar a dos de los mejores títulos al respecto: Páginas abiertas de Eduardo Payssé (Ediciones Prometeo, 1990) y Repatriación de Gardel de Ricardo Ostuni (Club de tango, 1995; Corregidor, 1998). Estos dos últimos recogen y rehacen con interés, incluso en lo contradictorio, lo que ha dado de sí esta tesis uruguayista. Sigue leyendo

Reseña de Ventana de emergencias de Ángel Gómez Espada en Odisea Cultural

http://www.odiseacultural.com/2019/02/08/ventana-de-emergencias-de-angel-manuel-gomez-espada-por-manuel-guerrero/

 

GÓMEZ ESPADA, Ángel Manuel (2018): Ventana de emergencias. Huerga&Fierro editores, 75 pp.

 

No vengas, Inspiración esta mañana

golpeando a mi puerta. No quiero

verte derribando mis templos.

 

Ventana de emergencias, el nuevo libro de Ángel Manuel Gómez Espada, comienza con esta contrainvocación a las musas (o a la Inspiración, que es lo mismo), especialista en romper rutinas y en hacer del poeta algo de provecho; sin embargo, la Inspiración, las musas, llega del modo en el que Pepe Hierro lo decía: «la poesía se escribe cuando ella quiere». El segundo poema es una «Poética» en la que se destaca la sinceridad, incluso cuando el resultado no lo es: toda una declaración de intenciones, el poeta es lo que identifica en sus lecturas, lo que lee.

 

Leer un poema cojonudo,

de esos que te desordenan

las tres o cuatro verdades del día.

Querer envolverlo,

emularlo,

rumiarlo.

Y después de muchas vueltas,

conformarte

con lo poco

que has dejado escrito.

Y rezar un tanto

para que los demás

no noten

el jodido fraude.

 

Son el hastío de la rutina, el desorden del mundo, la «apnea» producida por criaturas pertenecientes «a las más abismales simas / de tus deseos o pesadillas», lo que hace necesaria, da sentido y requiere de la ventana de emergencias de estas páginas:

 

Ventana de emergencias

para cuado el mundo se equivoque.

 

Amaneceres como bombonas de oxígeno

para incondicionales apneicos.

 

Si no fuera por ellos.

Si no fuera por ellas.

 

Ángel Gómez Espada (Murcia, 1972) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia. Desde 2000, dirige junto a Juan de Dios García la revista de literatura El Coloquio de los Perros. Ha publicado los poemarios Mediodía en la otra orilla (2000), Cocinar el loto (2014) y Los hijos de Ulises (2015) y las plaquettes Alineación indebida (2007), Primavera (2013) y Hotel Baudelaire (2017). Ha participado en varias antologías, como Diva de mierda (2014) y Composición de lugar (2016), Ha recibido el premio Dionisia García, 2014 por Postales en un cajón de galletas.

 

Como hemos referido anteriormente, la Inspiración impide que puedas ser alguien de provecho, por ejemplo, en la cola del supermercado, o, quizá, mientras cuidas y modelas tu cuerpo en el gimnasio «en la cinta de correr»:

 

Cuando desciendas,

pobre isla, mírate en el espejo

que atravesar no pudiste.

Ahí tienes a tu único enemigo.

Ahora sí, corre como un rumor,

huye de él,

si te quedan fuerzas para hacerlo.

No faltan, en este sentido, la defensa de una «Tesis doctoral» o las palabras de una madre, la del poeta, evidentemente, pero podría ser la mía: «Lábrate un futuro poco a poco. / […] Escribe cosas bonitas, por favor. / […] Arrímate a lo que puedas. Hazte amigo / de algún director ejecutivo de un banco / o, en su defecto, candidato a Presidente del Gobierno».

 

Pero las ventanas de emergencias no aparecen únicamente bajo la forma de la Inspiración, sino también de muchas otras maneras. Hallamos en este poemario muy logradas composiciones que construyen estas ventanas, alguna de una gran intensidad, como el titulado «Fronteras»:

 

No hay fronteras

cuando cerramos los ojos.

 

Desaparecen.

Es un misterio.

 

Otros poemas destacan por unas llenas de brutal honestidad, como en «A un amigo que encontró en la cola del paro el amor repentino», o de total sutileza, como en «La lista de la compra», o de la confianza mayúscula (e, incluso, el amor), como en «Reencuentro con amigos»:

 

He de confesároslo: me he casado.

Y he tenido la mejor de las fortunas

en este asunto tan peliagudo

que siempre llama a la maledicencia.

A la que tanto amo, poco o nada

le cuento de vosotros, de aquellos días.

Pero os conoce y sabe de mi amor

por todo lo que tiene que ver

con aquellos instantes imborrables.

 

Esta Ventana de emergencias de Ángel Manuel Gómez Espada ofrece una última parte de diez poemas («Got me a movie») que funcionan como uno solo con suficiente entidad y que habla de la desolación de un lunes. Este conjunto está lleno de imágenes y de sugerencias muy atrevidas: «Noche eterna y fatigante, / noche de bolígrafos y casetes danzando/ como aspas de molinos de viento»; así como de alusiones al surrealismo (Buñuelo Lady Gaga, incluidos) y del mayor de todos: «También amar es una forma de surrealismo». Sin duda, es un colofón impactante, que no deja indiferente a quien la lea. Aunque, bien pensado, es costumbre en los libros de Gómez Espada que quien se adentre en sus versos acabe inquieto y con la sensación de que la poesía es mucho más que una serie de palabras con un mensaje, es una exigencia y, al mismo tiempo, una molestia vital; así sucede también con Ventana de emergencias, con el aviso del poeta que lo deja bien claro en un breve poema, no sea que pase desapercibido:

 

Cuento los segundos

desde el rayo al trueno.

Pasa mi vida.