Reseña de El hombre tras el monstruo de Francisco Segovia Ramos en Odisea Cultural

http://www.odiseacultural.com/2018/04/13/hombre-tras-monstruo-francisco-jose-segovia/

El escritor granadino Francisco José Segovia es uno de los autores de misterio, terror y ciencia-ficción que más reconocimientos tiene en su trayectoria. Uno siente admiración y envidia al leer la extensa relación de premios y menciones que figura en su entrada en Wikipedia. Entre sus obras, destacan Lo que cuentan las sombras (Alkaid, 2010), Viajero de todos los mundos (Irreverentes, 2013) o Los náufragos del Aurora (The Black House, 2015). Sigue leyendo

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Jesús Cárdenas reedita la reseña sobre Loco afán

El poeta Jesús Cárdenas inicia un nuevo proyecto en forma de blog bajo el título Sembramos semillas. En ella ha recuperado la reseña que escribió para Loco afán (Ediciones en Huida, 2011), libro con el que nos conocimos personalmente y que más tarde nos uniría como amigos. Además, la considera la ‘primera reseña’ que escribió, lo que me llena de orgullo. Puede leerse aquí:

https://sembramossemillas.wordpress.com/2018/03/06/primera-resena/

Reseña de Dónde la muerte en Ámsterdam de Ángela Martín del Burgo

http://www.lagallaciencia.com/2018/02/donde-la-muerte-en-amsterdam-de-angela.html

DÓNDE LA MUERTE EN ÁMSTERDAM

Ángela Martín del Burgo

Cuardernos del Laberinto, 2017

Vida, amor, muerte. Ahí quedan

escritos sobre tus labios.

Estos dos versos de Miguel Hernández siempre me han sido muy útiles para recordar de inmediato que la poesía se contiene principalmente de estos tres elementos. Incluso, se podría reducir más, por muy improbable que parezca, pues la vida está contenida en el amor y en la muerte; no hace mucho el poeta Ángel Manuel Gómez Espada me recordó que somos, precisamente, amor y muerte. Por ello, resulta revelador que Dónde la muerte en Ámsterdam de Ángela Martín del Burgo comience sobre estos dos motivos, «El amor y la muerte», términos que tal cual denominan a la primera parte de este poemario y que van de la mano por los textos que la conforman. En esta primera parte hallamos, además, dos de los poemas mejor construidos y que desde el primer momento nos muestran la fuerza poética de la autora. «El poeta habla de la amada» define a esta con eficaces metáforas de gran potencia visual, con una acertada relación de las imágenes (desde el espejo al mundo y de la piel al misterio):

La amada es el espejo

que nos refleja mundos desconocidos.

[…]

La amada es el mayor de los misterios

en un mundo sin enigmas.

En «El poeta tema la pérdida del amor», las imágenes son extremadamente sugerentes y ahondan en la hipótesis de la soledad («el frío espectral cuando anochece, / […] el ladrido de un perro / en busca de su amo»).

La compañera del amor, la muerte, se manifiesta ocultamente, pues está entre los versos. La autora, por ello mismo, cierra esta primera sección con este deseo de vivir algo más: «simplemente quería regar mis rosas».

La segunda parte del libro se titula «Ciudades», lugares que recrean momentos de vida, como la cotidianeidad que se recuerda de los rótulos de «Puente de Vallecas» o un recuerdo que se recupera del pasado en «Sevilla». En este viaje, Martín del Burgo no duda en hacer el recorrido mucho más sugestivo y valioso con imágenes muy logradas, como si reflexionáramos sobre una o más fotografías. Contemplemos la que ofrece la lectura de «Playa de Ereaga (Vizcaya)»:

Escalera gris de invierno, las oncas

del mar parecen continuar,

azul estratos de nubes, en el cielo.

Sin olvidar que la muerte también es compañera de este viaje, desde la experiencia «París es la muerte de mi padre» («París»), desde el recuerdo. Será en la tercera parte de esta obra, «Poemas de Daimiel», donde la conjunción de amor y muerte es más intensa, con poemas más breves, por lo general, y, los más intimistas de toda la serie, probablemente por la infancia que rememoran:

Mis padres edificaron la casa

y la arrasó el viento.

Yo he rehabilitado la casa;

la he alzado entre la sombra.

De noche se oye el ulular del viento.

Solo el ulular del viento

entre los árboles

en la noche en sombra.

La cuarta parte, que da nombre al poemario, marca el final del viaje que se inició con el amor y la muerte, pasando por todas las ciudades vividas y recuperando el tiempo ido de la infancia. La pregunta, dónde, es una cuestión de siempre, hundida hasta el tópico del Ubi sunt?, con un inesperado giro de preguntar al tiempo por la muerte: «¿Dónde la muerte se esconde?»

El rasgo de estilo más destacable de Martín del Burgo es el empleo de culturalismos o de referencias culturales. Aparecen en todas las partes del libro y proceden de distintos ámbitos, como la literatura («antes de la caída de la casa Usher», «la amistad / de Mário de Sá-Carneiro y Fernando Pessoa»), la pintura («La luz de Sorolla», «Los lienzos de R. Moscardó») o la música («las notas de Bach»).

Finalmente, concluimos esta revisión de Dónde la muerte en Ámsterdam con la determinación de que el tiempo es el elemento o hilo conductor de todo el conjunto, pues está presente casi de manera constante de manera expresa. En unas ocasiones, se asimila con la vida:

Son cortas las tardes de invierno

como es corta la vida.

En otras, se asemeja a la ciudad («Toda la belleza de Praga /  es un grito frente al tiempo») o se manifiesta como recuerdo («¡Ah, que la memoria no guarde / el vértigo de la belleza de un instante!»). Y en el fondo de nuestro ser tomamos el tiempo que nos mata y nos rehacemos:

Los árboles del parque se irán despojando de hojas,

y el alma aprende la lección.

El mismo proceso de desnudez

será un rico tesoro para los días venideros.

Saigón 29: compromiso y disfrute. En Lucenahoy.com

http://www.lucenahoy.com/blog/manuel-guerrero/saigon-29-compromiso-disfrute/20180123004726051772.html

El número 29 de Saigón podría considerarse, junto con el nº 16 (2011), uno de los más comprometidos en su contenido. Al igual que el publicado hace ya siete años, se parte del tema de guerra, concretamente, de la de Siria, que fue el motivo principal del XI Premio «Saigón» de Literatura, cuyos textos premiados aparecen publicados: «Siria desmembrada» de Juan García López (poesía), «Sabotaje» de Héctor Daniel Olivera Campos (narrativa) y «La maleta mágica» de Ignacio Calle Albert (accésit). Este compromiso se mantiene en la parte de ensayo, con las «Reflexiones sobre la necesidad de una Historia global» de Conrado Castilla, acerca del valor de las Ciencias Sociales y de potenciar la cultura; en la primera parte del análisis de la Constitución de 1978 de Julián Valle Rivas, en la que se insiste que «es una de las más, si no la más, consensuada de nuestra historia constitucional», pues, en verdad, se trata de «un consenso entre todos los sectores, sociales, políticos, culturales, económicos; entre los ciudadanos y sus representantes; entre los españoles y el Estado», por lo que, en definitiva, se trata de un compromiso genérico; y también en «Gritemos por las niñas del mundo» de Sensi Budia, discurso que ella misma leyó en el Recital Grito de mujer en Lucena en marzo de 2017, con una temática relacionada con el género:

Se nos [a nosotras] exigen ideales inalcanzables y nos utilizan estéticamente como objetos y patrones de una perfección irreal. No consentimos ni una afrenta más y ninguna mujer menos. Somos mujeres. Somos seres humanos con capacidades ordinarias y podemos hacer cosas extraordinarias, porque cada persona es un mundo. Tenemos derecho a la vida, a la educación, a un trabajo digno, al respeto, a que no se venda ni se trafique con nuestro cuerpo, a la igualdad de oportunidades.

Junto con este compromiso, otros catorce nombres aportan su estilo y fuerza literarios en este número 29 de Saigón: José Manuel Valle completa la parte de análisis, y José Manuel Pozo, Beatriz González Carmona, David Ávila, Luis Ángel Ruiz, Francisco Moya Ávila, Jesús Cárdenas, María Jesús Soler Arteaga, José Manuel Moreno Millán, Pablo García Ruiz, Valeria Arredondo Alarcón, Manuel Delgado Gómez y Eva Moure forman el resto de la parte creativa de este número. Destacan los poemas de los dos últimos, el primero, el de Manuel Delgado, por su mensaje vital, algo novedoso, y acertado uso de las imágenes y del ritmo, texto que merece especial interés en esta reseña y que emplearé para el cierre de estas líneas; en cuanto al texto de Eva Moure, atrae la frescura y la genialidad del mismo, que nace de una extensa cita de la novela Rayuela de Julio Cortázar y, ya en el poema, nos lleva hasta París y un encuentro:

Cantamos al amanecer […].

Hasta los huesos nos caló la música

y brindamos mil veces con nuestros besos

por nuestra batalla.

Pero del concierto que fue nuestra cama

no queda ya ni el rumor,

ni tu guitarra.

Ana Patricia Moya protagoniza la entrevista, en la que se le pregunta por los diez años de la revista y editorial Groenlandia, por su obra Píldoras de papel y por la poesía o la literatura en general; respecto a esta última, afirma que «puede ser una terapia más efectiva que un tratamiento; el problema es que a veces la realidad te puede desbordar y escribir no es suficiente». Por eso mismo, existe Saigón, porque la realidad nos desborda, por la guerra en Siria o por la violencia hacia la mujer, entre otros aspectos; por eso mismo, también, habría que hacer más que escribir, como impulsar las Ciencias Sociales o dejar a un lado las diferencias y la presión del momento histórico para lograr una Constitución creada en común desde ideologías inconsolables. No olvidemos que Saigónes una revista y, por lo tanto, las palabras tienen prioridad, pero estas pueden dar el salto a la acción cuando cada persona las hace suyas al leerlas, sean de guerras, de cultura, de leyes, de música o de amor. Cada quien las administre con el tiempo que tenga:

No deje que pase un día rápido.

No consiga quedarse dormido.

Pero sobre todo no calle, ni silencie

con su mentalidad ajena, el pan de otro.

Que nunca se llene su sangre, ni su pecho,

de agujas negras y dolor, no se caiga

por el espejo hacia la niebla, no se cruce

con el gran agujero negro, no lo pruebe.

Intente leer la vida lento, los detalles

se emborronan si va deprisa. Y disfrute.

Esto lo firma Manuel Delgado en su poema «Manual de instrucciones para la vida». Disfrutemos mucho de las páginas de Saigón que, como la vida misma, en este número 29 nos ofrece un crisol de nuestra existencia más oscura y más luminosa. Y recordemos estas palabras de Manuel Delgado, siempre nos acompañen, porque en mucho de lo que hacemos acabamos olvidándolo:

No se arrepienta por no ver el paisaje

si sube corriendo a la cima.

Tres compases. Reseña de Julián Valle sobre Al compás literario del tango

http://www.surdecordoba.com/opiniones/julian-valle-rivas/tres-compases

El lector afable —y, por qué no, también el adusto— ungido con los versificados óleos obtenidos a partir del prensado de la preclara vida y dispares milagros del poeta y profesor Manuel Guerrero Cabrera, hagiografía filológica abocada a la advocación apolínea, goza de la certeza de que, entre rima y rima, pasados los meses, como si la inquietud de su pluma adquiriera cualidades de un metrónomo, acompasando sus trazos a las urgencias del lector, el autor tiende a ofrecerle, o mejor, a ofrendarle, acreditada su excelsa generosidad, estudios literarios, a mayor gloria del conocimiento humano.

            Como hombre de honor, cumplidor y caballero, satisfaciendo esa cita ineludible con las carestías lectoras e intelectuales de la humanidad, Guerrero Cabrera ha publicado Al compás literario del tango, que viene a continuar la construcción de esa ilustre senda que iniciara con Tango. Bailando con la literatura (2009). Y es que la pasión del autor por el tango sólo se ve superada por la que siente hacia su familia, dejando a las Letras, con mayúscula, y a la lírica, con minúscula, en una sensible equidistancia no exenta de dedicación y amor, lo cual no le impide servirse de la probeta de su alma para experimentar todas a la vez, pues su hija tiene nombre de tango y aquella egregia senda, todavía en construcción, dirige hacia el análisis del tango-canción desde una perspectiva literaria, en el amplio espectro que la Literatura puede abarcar, pese a que el tango-canción sea, claro está, poesía. Vasto escenario, entonces, en el cual los amigos nos sentimos un poco descolocados, preguntándonos con frecuencia dónde ubicarnos, o reubicarnos, desplazándonos constantemente sin pesar, rencor o envidia: el alma del rapsoda es lo suficiente extensa y espaciosa como para no considerar la distinción al compartirla.

            He tecleado «tango-canción» por ser el acertado término que emplea Guerrero, ya que tango es la integridad, al igual que cada una de sus partes: tango tanto es el baile como es su música y letra. (O un juego, si bien en otro supuesto etimológico, que no viene al caso). Fragmentado, en consecuencia, tango es baile, música y letra. La letra del tango es el mismo, el mismísimo loco afán, parafraseando a Enrique Cadícamo, que inflama el entusiasmo de Guerrero, que excita su vocación lírica, que trastorna (¡en el buen sentido!) su inspiración erudita. Es la letra y no la música, porque, aun cuando las palabras pudieron ejercitarse con su propio plan de rutinas, a fin de encajar con milimétrico ajuste en el molde musical, la letra del tango, per se, es rima, ritmo y métrica, es armonía, es música, es poesía: «Nadie puede escribir un tango —aseveraba Homero Expósito y nos recuerda Manuel Guerrero— si no sabe escribir un soneto».

            Al compás literario del tango reúne seis estudios imprescindibles para entender la naturaleza literaria y/o lírica del tango. «Rubén Darío en los tangos de Enrique Cadícamo» revela el influjo del nicaragüense sobre el argentino (y otros), hasta el punto de incorporar éste en sus versos paralelismos o reflejos de la obra del primero; revela la importancia de la educación en los tangueros, la conclusión de que «en la evolución del tango, la Literatura culta ha tenido un papel relevante…». «Las milonguitas…», y Esther, Griseta y Malena, describe la significadora presencia de la mujer en las letras tangueras. «Parodias literarias en el tango» descubre cómo se parodiaron famosos o populares poemas para componer tangos. «El valor literario de Mi noche triste» reivindica la transcendencia de la creación de Pascual Contursi en posteriores obras (el maldito Guerrero prendió mi curiosidad de tal modo que escuché las dos versiones de Mi noche triste interpretadas por Carlos Gardel, en 1917 y 1930, para corroborar las diferencias). «La Biblia contra el calefón…» se centra en el trasvase de imágenes y personajes bíblicos al tango-canción, particularmente, por Enrique S. Discépolo. Y «Homero Expósito: la metáfora en el tango» es una aproximación filológica que manifiesta la avidez de Expósito por profundizar en ese carácter literario del tango-canción: «… es el poeta que culmina esta tarea iniciada anteriormente por otros autores y que tan bien refiere su cita que iguala al tango con el soneto…».

            Cinco artículos recopilados de la prensa digital, que evocan nombres o momentos en la historia del tango, y una adición, como remate final, una sugestiva coda, homenaje a Mi noche triste, a aquel primer tango-canción, cierran la notable obra de Guerrero Cabrera.

            «¿Y qué pasa con el tango-baile?», se preguntará el pertinaz lector, vacilante sobre la destreza del autor para solventar con pareja gracilidad el lance, al detectar la enormidad de su humanidad. La frágil memoria de quien subscribe sólo consigue revivir una ocasión en la cual Guerrero danzara bajo la cadencia del tango, haciéndolo de la mano de su esposa. Por lo demás, jamás se cuestionó la indispensabilidad de la inmensidad corporal del poeta: un gran corazón precisa de un gran cuerpo donde, al compás candoroso del bandoneón, palpitar.

Reseña de El silencio de Saúl Suane en El coloquio de los perros

https://elcoloquiodelosperros.weebly.com/la-biblioteca-de-alonso-quijano/el-silencio

EL SILENCIO DE SAÚL SUANE

Manuel Guerrero Cabrera

Una de las definiciones de enunciado que tuve que estudiar en la preparación de oposiciones era la de que aquel estaba comprendido entre dos silencios. Lejos de su certeza o falsedad, me parecía que esta afirmación hacía necesaria que para que se diera un enunciado debía haber silencio. Algo así ocurre en El silencio de Saúl Suane (Córdoba, 1984), quien ya había publicado en 2009 Las aguas y las horas (Groenlandia): el silencio existe porque la voz existe. Estos dos elementos, junto al agua, están indisolubles en este volumen.

Pero hay una cuestión muy Sigue leyendo