Siempre hay tiempo 34: Homero Manzi

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La literatura en el tango: Homero Manzi

(c) Manuel Guerrero Cabrera.

En España tenemos la suerte de que nuestra tradición sea estudiada y analizada, de que el flamenco tenga cabida en la universidad y de que los textos orales se están conservando cada vez mejor y en mayor número. Esta situación es diferente a la de Argentina con el tango, espléndidamente analizado y estudiado desde la música, pero, en cuanto a los aspectos literarios, hemos de indicar que no se recuerda a los poetas (que publicaron y compusieron poemarios, cuyos textos se convirtieron en tangos y viceversa, como los de Celedonio Flores o Enrique Cadícamo), ni se atiende a los recursos estilísticos, desde los juegos de palabras o los paralelismos hasta las metáforas o los símiles. Ciertamente, «El tango tiene orígenes anónimos, de aluvión y mixtura» (MATAMORO 1997: 11) y que sus primeros pasos los dio en ambientes prostibularios, pero a partir de 1880 comenzaría a salir de dichos ámbitos, ganando espacios más «decentes», hasta acabar en el cabaré, el Teatro Nacional (Carlos Gardel cantó Mi noche triste ante un público de alta sociedad argentina en 1917) y en la radio de todas las casas, especialmente, lejos de sus orígenes, en la «buena sociedad» (MATAMORO 1997: 15-31-32 y 74-78).

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