Regresa No es país para viejóvenes en Odisea Cultural

No es país para viejóvenes es una sección literaria, que realizo junto a Ana Patricia Moya, para mostrar la poesía ajena a las modas, las voces con personalidad, la poética sin edad. Comenzó en La Galla Ciencia, pero, tras el cierre de esta en marzo de 2018, ha sido acogida en la revista Odisea Cultural. Hoy regresa:

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No es país para viejóvenes surgió como tabla de salvación de la poesía que es ahogada por las modas, que imperan en el mercado editorial, porque hay voces y poemas que tienen vida más allá del oportunismo de un tuit, de la fotografía alterada de Instagram y del neosentimentalismo de canción rentable. La poesía viejoven vislumbra en cada verso el latido del amor, el alcance de la muerte y el motivo de la vida, sin darle importancia al aspecto físico de quien la escribe; y, en especial, es una poesía vivaz que no entiende de edad, porque poetas viejóvenes son quienes tienen menos y más de 30 años, con la esencia común de la palabra sutil y la imagen inesperada. En cada lectura que se ofrece hay un planteamiento distinto a lo que inundan las modas editoriales y las redes sociales, una apuesta inusual para la poesía.

En Haikus del buen amor desde Lucena (y del mundo) de Lara Cantizani

El viernes 30 de noviembre se presentó el libro Haikus del buen amor desde Lucena (y del mundo) de Lara Cantizani, una obra coral de más de 260 haijines con más de 350 haikus destinados a la lucha contra el cáncer. Este libro nació con motivo de expresar el cariño y transmitirle fuerza al poeta, amigo, concejal, vecino, persona enorme Manuel Lara Cantizani, que recibió ánimos en forma de haikus  en Facebook desde finales de julio por una inesperada enfermedad. En sus páginas se recogen los que él escribió y los que le escribieron hasta el último de agosto de este año. ¡Ánimo y enhorabuena por el libro!

Aparezco con estas diecisiete sílabas:

Una palabra,

corazón entre dos

silencios: vida.

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Olvidos. Poema en Aldaba 37

Aparece en el nº 37 de la revista Aldaba de la Asociación artístico-literaria Itimad de Sevilla un poema de mi autoría titulado Olvidos. Se publica con un par de errores de edición (las últimas palabras de los versos han caído al comienzo de la línea siguiente, por lo que lo copio en texto):

OLVIDOS
(c) Manuel Guerrero Cabrera

Se me olvidan las cosas simples o cotidianas,
aquellas que no tienen importancia.
Nunca recuerdo si he apagado la plancha
o si he sacado el tupper
de mi soledad del congelador.
No es lo mismo, lo sé,
que devolver una llamada en el trabajo
o recoger a tus sobrinos del cole.
Es diferente, como desenchufar
por las mañanas el móvil al que no llamas
con la carga completa de tu indiferencia.
Se me olvidan las cosas simples como
colocar un cubierto menos en nuestra mesa
o comer más rabillos de pasas, simplemente
para acordarme de que ya no estás.

 

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Antonio J. Sánchez me menciona en un poema sobre docentes

Un poema en el Día Mundial del Docente (de Antonio J. Sánchez)

Nunca estuve allí, pero lo he visto;
lo he visto y lo veo ahora
con la nítida memoria de lo no vivido.
Veo a Manuel Guerrero, serio, en pie,
apoyado en su mesa de maestro
como en un poema de Machado.
Le veo y oigo su voz tenue
perfumada con las vocales abiertas de su tierra,
oigo sus palabras de amor a las palabras:
Conjugaciones, diptongos, sinalefas,
Cervantes y Espronceda.
Habla con apacible entusiasmo,
como quien ve un incendio a través
de un cristal empañado por el vaho.
Le veo a él y veo
a Sensi Budia adolescente,
en la segunda fila, un poco a la derecha.
Tiene un bolígrafo en la mano
pero apenas toma apuntes,
prefiere ir bebiéndose la voz y el entusiasmo.
Yo sigo viendo.
Han pasado ¿ocho, diez años?
El paisaje es el mismo,
como de poema de Machado:
el aula, los pupitres.
Ahora es Sensi quien se apoya
en la mesa del maestro.
Ahora la voz no es tenue,
es más como una música,
como si un violín le habitase la garganta.
Son las mismas palabras
que aman a las palabras,
el mismo perfume de vocales abiertas,
el mismo entusiasmo apacible de incendio
visto a través de un vidrio empañado.
Y en Sensi veo a Manuel.
Y veo con claridad,
con la nítida memoria de lo no vivido,
a una, dos, diez Sensis niñas
con el bolígrafo en la mano,
casi sin tomar apuntes,
bebiéndose la voz de violín en la garganta.
Y sé que una vez más el círculo
-o quizás sea una espiral-
está a punto de cerrarse.

Un poema de Francisca Sánchez sobre mi participación en los Patios para la poesía

La poeta de Archidona Francisca Sánchez ha escrito este poema en el que recoge sus impresiones sobre la última tarde de Patios para la poesía en la que participé. En él aparecen algunos versos míos («cuesta abajo en el tiempo», «una verdad tan firme como el tiempo»), alusiones a ellos (el «microondas»), e, incluso, el título de algunos de mis poemas y libros («Campeones», «De la semilla negra», «Desaparecerá la tierra» o El fuego que se extingue). Muchas gracias por estos detalles.

PATIOS PARA LA POESÍA
(Crónica IV)

Cuando el sol se va anclando
en la lejana línea del horizonte
como «beso que besa rodando»,
lleno de«vida, amor … Y muerte».
Allí donde la orografía ha dibujado
hermosos toboganes y curvas cicloides,
se desliza «un corazón atemorizado
que busca forzosamente a otro».

Una hermosa plaza, una Torre
y la Ermita de Santa Ana escuchan los versos
que canta el poeta, una guitarra y sus sones.
Aunque «llueva o haga sol»,
«cuesta abajo en el tiempo»,
rememoramos juntos aquellos «campeones»,
«contigo», ausente y tal vez distante,
cercano el recuerdo de tus dones,
tal vez disfrutando un desayuno con diamantes,
preparado según las versadas instrucciones,
de un «microondas para amantes».
Y nos recuerda, que «de la semilla negra»
ya brotaron hermosos poemas antes
sin saber si «desaparecerá la Tierra»
con «el fuego que no se extingue»
y nos enciende y nos incendia…

Así nos va cantando el poeta
y declina la tarde en las farolas
abrazadas por la enredadera,
cual «paternidad» abraza amorosa,
y al encuentro de su luz se eleva.
Mientras los niños «encierran las vacas en su corral»
yo, «elefante ebrio de sueños»,
oigo cantar a un «borriquillo
que vuela»,
y en esta plaza que a diario oye mis pasos…
De repente, me siento «extranjera».

Se cierran los Patios, al ocaso,
«Una verdad, tan firme como el tiempo»…
La Plaza, la Ermita y la Enredadera.

Francisca Sánchez