Música inusitada: Bécquer en el piano de Albéniz

El genial Isaac Albéniz no solo compuso piezas para piano (inolvidable Suite Iberia), sino también puso música a poemas. Es conocido que el millonario Money Coutts, con afán artístico, le daba dinero para que él pudiera componer y, así, entre otras cosas, realizó más de una ópera y musicalizó poemas del propio Money Coutts. 
Pero aquí quiero traer la música, de inspiración schumanniana que Albéniz le añadió a algunas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta sevillano del Posromanticismo, entre 1880 y 1898 (no he hallado dos lugares donde coincida la fecha):

http://www.youtube.com/watch?v=8a2Eqef_F5o&feature=related
RIMA IX 
Besa el aura que gime blandamente 
las leves ondas que jugando riza; 
el sol besa a la nube en occidente 
y de púrpura y oro la matiza; 
la llama en derredor del tronco ardiente 
por besar a otra llama se desliza; 
y hasta el sauce, inclinándose a su peso, 
al río que le besa, vuelve un beso.
RIMA VII 
Del salón en el ángulo oscuro, 
de su dueña tal vez olvidada, 
silenciosa y cubierta de polvo 
veíase el arpa. 
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas 
como el pájaro duerme en las ramas, 
esperando la mano de nieve 
que sabe arrancarlas! 
¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio 
así duerme en el fondo del alma, 
y una voz, como Lázaro, espera 
que le diga: «¡Levántate y anda!».
LXXVII
Me ha herido recatándose en las sombras,
sellando con un beso su traición.
Los brazos me echó al cuello y por la espalda
partióme a sangre fría el corazón.
Y ella prosigue alegre su camino,
feliz, risueña, impávida, ¿y por qué?
Porque no brota sangre de la herida…
Porque el muerto está en pie.
LII
Cuando sobre el pecho inclinas
la melancólica frente
una azucena tronchada
me pareces.
Porque al darte la pureza
de que es símbolo celeste,
como a ella te hizo Dios
de oro y nieve.
LXVII
¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura,
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

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