La literatura en el tango: Homero Manzi

(c) Manuel Guerrero Cabrera.

En España tenemos la suerte de que nuestra tradición sea estudiada y analizada, de que el flamenco tenga cabida en la universidad y de que los textos orales se están conservando cada vez mejor y en mayor número. Esta situación es diferente a la de Argentina con el tango, espléndidamente analizado y estudiado desde la música, pero, en cuanto a los aspectos literarios, hemos de indicar que no se recuerda a los poetas (que publicaron y compusieron poemarios, cuyos textos se convirtieron en tangos y viceversa, como los de Celedonio Flores o Enrique Cadícamo), ni se atiende a los recursos estilísticos, desde los juegos de palabras o los paralelismos hasta las metáforas o los símiles. Ciertamente, «El tango tiene orígenes anónimos, de aluvión y mixtura» (MATAMORO 1997: 11) y que sus primeros pasos los dio en ambientes prostibularios, pero a partir de 1880 comenzaría a salir de dichos ámbitos, ganando espacios más «decentes», hasta acabar en el cabaré, el Teatro Nacional (Carlos Gardel cantó Mi noche triste ante un público de alta sociedad argentina en 1917) y en la radio de todas las casas, especialmente, lejos de sus orígenes, en la «buena sociedad» (MATAMORO 1997: 15-31-32 y 74-78).

Al mismo tiempo que el tango consigue salir de la oscuridad de los burdeles, sus letras se acercan a un fin estilístico y poético, llegando al punto de hallar algunas letras llenas de imágenes arriesgadas, difíciles de entender para su público:

Fui como una lluvia de cenizas y fatigas
en las horas resignadas de tu vida. (1)

No podemos dejar de decir que el modernismo influyó mucho en la elaboración de las letras y que el mismísimo Rubén Darío aparece citado en ellas (GUERRERO CABRERA 2006: 48-52):

Y tú me pedías que te recitara
esta Sonatina que soñó Rubén:
La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
[…]
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. (2)

Hacia mediados de los años 20, los músicos conocen la escritura y la mayoría tienen una formación académica (MATAMORO 1997: 38); de igual modo, los letristas ya no son «escritores de teatro o periodistas atraídos por […] el tango cantado, ni son bohemios[…] Son intelectuales de formación escolástica» (FERNÁNDEZ FERRER 1998: 135, nota 16). Todo este proceso surge, no sólo como un proceso de hacer literario el tango, sino también como un proceso de «adecentamiento» del mismo.
Si queremos tratar la literatura del tango, es preciso y necesario el nombre de Homero Manzi, como el poeta más relevante del tango literario. Para realizar un esbozo biográfico, distinguimos entre el hombre y el poeta. El primero, por un lado, nació en 1907 en una pequeña población, Añatuya (en la provincia Santiago del Estero), con el nombre de Homero Nicolás Manzione (DEL GRECO 1990). Frente a la dictadura militar de Uriburu de 1930, el régimen de Justo y la dictadura posterior hasta la elección de Perón en 1946, estuvo en la resistencia irigoyenista (Yrigoyen fue el presidente de gobierno derrocado por la dictadura de Uriburu), participó en la creación de la Fuerza Orientadora Radical de la Juventud Argentina (FORJA) («Los malditos…» 2005) y, debido a tales implicaciones político-sociales y sus ideas, «expulsado de la Facultad de Derecho, exonerado como Profesor de Literatura, silenciado como poeta, discriminado en el radicalismo por rebelde y antimperialista (sic), Homero Manzione fue convertido en maldito» («Los malditos…» 2005) (3). De esta condena no pudo salir posteriormente, ni por ser amigo de Perón y Evita, ni por considerar al primero como «el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen» («Los malditos…» 2005). Por otro lado, el poeta, cuyos versos se publicaron en revistas durante los años 20 del siglo pasado, escribió su primer tango importante en 1926 titulado Viejo ciego, premiado en el concurso de la revista «El alma que canta» (DEL GRECO 1990). Además de casi doscientos tangos, escribió varias milongas y valses, guiones cinematográficos (entre las que destacan La guerra gaucha y Pampa bárbara), varias críticas y audiciones radiofónicas y una obra de teatro (DEL GRECO 1990; NUDLER). Y estuvo creando hasta 1951, año en que su corazón le falló.
La historia del tango lo encuadra en los años 40, como uno de los máximos exponentes del tango literario (MATAMORO 1997: 85) (4); ya que, limitado por la política, la gloria le llegó con el cancionero popular que hizo crecer con sus letras. De casi doscientas letras, destacan las famosas Malena (con música de Maffia), Sur (música de Troilo) y Barrio de tango (Troilo), y las sobresalientes De barro (Piana), El último organito (Acho), Che bandoneón (Troilo), Fuimos (Dames) y El pescante (Piana), entre otras que seguramente hemos obviado de forma injusta. Pese a esta ingente obra, son únicamente dos los temas principales que podemos hallar en ella: «la nostalgia por barrios y personajes perdidos y la hondura de las relaciones amorosas» (SALAS 1998: 22). Atendamos al primero de ellos: la nostalgia.
Este tema aparece ya en Viejo ciego, donde las notas melancólicas están presentes, ya que estamos ante la despedida de un anciano músico ambulante:

Ponés en las almas recuerdos añejos
y un poco de pena mezclás con alcohol.

Aunque esta composición no está a la altura literaria que Manzi conseguirá posteriormente con Barrio de tango y Sur. En Barrio de tango, el suburbio es rememorado con gran melancolía:

Un ladrido de perros a la luna
y la luna temblando en el zanjón,
los sapos chapoteando en la laguna
y a lo lejos la voz del bandoneón.

El recuerdo ha realizado esta estrofa y podemos observar, no sólo la fuerte presencia de la naturaleza, sino también la sensación de duración conseguida con los verbos en gerundio de los versos centrales y la unión de los sintagmas nominales y preposicionales del primer y último verso. Todo ello consigue ofrecernos la nostalgia, que vive en nosotros, de algo que ya no existe.
Sur es un poema basado en el paralelismo del verso y el contraste del contenido, que evoca singularmente cómo el paso del tiempo ha cambiado el barrio y ha desvanecido el amor de antaño:

Nostalgia de los años que han pasado,
arena que la vida se llevó,
pesadumbre del barrio que ha cambiado
y amargura del sueño que murió.

La sólida construcción paralelística de estos versos nos transmite la pena, completada con el léxico que está circunscrito al desengaño que finalmente se acaba reconociendo:

Las calles y la luna suburbana,
y mi amor en tu ventana,
todo ha muerto… Ya lo sé.

Para estas estrofas, apuntamos las palabras de Ernesto SÁBATO (1998: 64) acerca de que «el progreso que a macha-martillo impusieron los conductores de la nueva Argentina no deja piedra sobre piedra». Sin ninguna duda, se siente «que el Tiempo pasa y que la frustración de todos sus sueños y la muerte final son sus inevitables epílogos» (SÁBATO 1998: 64). A esto debemos añadir que Homero Manzi procedía de una provincia interior y que «su encuentro con la ciudad fue de conflicto, y del rechazo surgió su refugio en el pasado porteño» (MATAMORO 1997: 86). Con siete años ya vivía en Buenos Aires e iba a un colegio del barrio de Pompeya, alejado de su domicilio en el barrio de Boedo; así, en los tangos someramente analizados, entre otros, aparecerá «cada elemento de aquel paisaje –desde el largo paredón que recorría camino de la escuela hasta el terraplén del ferrocarril, en una mágica reunión de ciudad y pampa-» (NUDLER).
En conclusión, el tango posee determinantes factores que acrecientan su valor literario junto al musical, pues ha tenido una clara evolución a lo largo del siglo XX. Con la letra de poetas como Homero Manzi, el cancionero popular (de Argentina e, incluso, del mundo, en algunas ocasiones) crece en calidad para temas tan representados como los del amor y la nostalgia. Esto se debe a que, «si por sus ideas le cerraban el camino a ser hombre de letras, él se dedicó a hacer letras para los hombres» («Los malditos…» 2005). Si los problemas políticos no dejaron a Manzi realizarse como persona, él consiguió burlarlos para vivir, tanto él como nosotros, en las letras de sus tangos.

BIBLIOGRAFÍA:
BARRESE, Rodolfo, y PIANA, Fernando, «El último reportaje a Sebastián Piana. “La vida como realidad de un deber cumplido”» en http://www.todotango.com
DEL GRECO, Orlando, Carlos Gardel y los autores de sus canciones, Buenos Aires, Ediciones Akián, 1990. Versión digital de http://www.todotango.com
FERNÁNDEZ FERRER, Antonio, «Gardel canta a Darío: para una teoría polisistémica sobre tres letras de tango» en Filología, Universidad de Buenos Aires, XXXI, números 1-2, 1998, pp. 129-143.
GUERRERO CABRERA, Manuel, «Rubén en “La novia ausente”. Una “Sonatina” de Enrique Cadícamo» en Saigón, 7, 2006, pp.48-52.
«Los malditos en la historia de Argentina: Homero Manzi» en http:// , 16 de abril de 2005.
MATAMORO, Blas, El tango, Madrid, Acento editorial, 1997.
NUDLER, Julio, «Homero Manzi», semblanza en http://www.todotango.com
SÁBATO, Ernesto, «Metafísica del tango» en Horacio SALAS, Tango, poesía de Buenos Aires, Buenos Aires, Manrique Zego, 1998, pp. 64-65.
SALAS, Horacio, «Prólogo» de Tango, poesía de Buenos Aires, Buenos Aires, Manrique Zego, 1998, pp. 20-23.
NOTAS:
(1) Fuimos de Homero Manzi. Julio NUDLER comenta que este tango ha sido considerado «como un paradigma del tango elaborado y estéticamente ambicioso». Todas las letras están tomadas de http://www.todotango.com. Recomendamos el acceso a esta página para escuchar los tangos y composiciones que se citarán en el artículo. Otras páginas de interés son http://www.eltangoquetedebo.com.ar y http://tangueros.foro.st
(2) La novia ausente de Enrique Cadícamo. He colocado los puntos suspensivos para indicar que se escribe toda la primera estrofa de la conocida Sonatina.
(3) En la entrevista que realizan R. BARRESE y F. PIANA a Sebastián Piana, éste indica que «pertenecía al Partido Radical […] De allí [de la Facultad de Derecho] lo echaron por su militancia política».
(4) Horacio SALAS (1998: 23) indica que con las dictaduras anteriores a Perón «es la época signada por los nombres de Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Miguel Caló, Horacio Salgán y por los mayores poemas de Homero Manzi (Barrio de tango, Sur, Che Bandoneón, Malena, Fuimos)».

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