Reseña de Cuando no tenga presente de Conrado Castilla en Odisea Cultural

http://www.odiseacultural.com/2018/10/12/cuando-no-tenga-presente-conrado-castilla/

CASTILLA RUBIO, Conrado (2018): Cuando no tenga presente. Cuadernos del Laberinto.

Antonio Machado dijo que «La poesía no es sino palabra en el tiempo». Palabra y tiempo, los dos términos que se complementan, que se reúnen, que vuelven a dar sentido a la vida del poeta, en este caso, a la de Conrado Castilla. Palabra y tiempo, alfa y omega de Cuando no tenga presente (Cuadernos del Laberinto, 2018). El alfa, el primer poema, titulado «Proemio» en el que dice:

Casi todos los días voy,

al menos un rato, a las palabras.

Lo que hemos dicho: Palabra. Y la omega que da título al poemario: la poesía;

Cuando todo mi presente se haya ido

me encontrarás sentado en una edad sin tiempo

recordando el nombre de la gente

que ya me abandonó

y olvidando el de aquellos que ahora me acompañan.

En estos versos, el poeta menciona a la gente, la que se fue y la que ahora le guardan en su vida, en sus versos. La gente que, además, configura la calle que inspira las sugerencias y las imágenes de este poemario, con un lenguaje cercano, lleno de oralidad y sinceridad, por ejemplo, en «Andando por la calle»:

Entre la gente reconozco los sitios,

pero las caras, lo siento, […]

y ahora cuando los veo son para mí desconocidos

que pasean por la calle.

Pero a veces echo de menos encontrar un amigo

con quien charlar en la esquina durante un largo rato.

Es este anhelo, esta querencia de la amistad, un signo que perfila la calle de Conrado. Dice en «Acordes de la calle»:

Un amigo me saluda desde la otra acera

–a ver si nos vemos un día de estos–,

me dice, al tiempo que arrecia la lluvia.

O como encontramos en «Treinta de junio»:

En la trasnochada pasearé por la calle

y sentados en una terraza

charlaremos un rato

mis amigos y yo.

¿Qué sabemos de este amigo llamado Conrado? Nace en Pozoblanco en 1963. Es Profesor de Geografía e Historia, es miembro de la Asociación Cultural Naufragio y forma parte del Consejo de Redacción de su revista Saigón desde hace unos cinco años.
En 1998 se publicó su primer libro, Desde aquí, (Cuadernos del Gallo nº 23, Ayuntamiento de Pozoblanco), al que siguieron los poemarios Tres esquinas y una más (colección Espiral, Ayuntamiento de Lucena, en 2004) y Del tiempo que va y viene (Ediciones Moreno Mejías, Sevilla, en 2011); aparece en varias antologías, como Lucena en verso, Divergentes y Arrecife de Naufragios; y colabora en varias revistas, de las que citamos Saigón (de la que forma parte de su Consejo de redacción) y Aldaba. Además, ha publicado diversos artículos relacionados con la investigación Histórico-geográfica de los Pedroches y sobre el patrimonio cultural andaluz y lucentino que ha culminado con la edición del libro Itinerarios sobre el patrimonio histórico de Lucena.

En Cuando no tenga presente, las amistades viven distintas estaciones: otoño, invierno y verano, con la presencia inmanente de la lluvia. Conrado, buen amigo del haiku, seguro que recuerda aquello de Basho:

Corazón
blanqueado por la lluvia.

Carcasa golpeada por el viento

La poesía de Conrado Castilla es íntima, autobiográfica, como se expresa en la contracubierta, en la que la lluvia nos empapa de sus sentimientos y reflexiones:

Abro la mano al azar

y me cae una gota de agua […].

Esa gota perdida me recuerda

las tardes de mi infancia

refugiadas en la memoria…

Y de la memoria, que trata de evocar el pasado, al sueño, que diluye lo real con lo posible, y el futuro con lo imposible. El propio autor nos lo confiesa en «Tengo miedo a enfrentarme»:

Tengo miedo a enfrentarme

a mi pasado y no encontrarlo

en el futuro que me espera

sin soñarlo.

Sean estos versos mucho más que un sueño, que no sean solamente memoria y vivan en quienes los lean.

ACORDES DE LA CALLE

Se ha levantado algo de viento

oscureciendo el cielo de la tarde.

Voy por la calle sin apenas fijarme

en las casas cerradas

ni en las flores de los balcones

que empiezan a agostarse.

Miro la matrícula de los coches

aparcados junto a la acera.

Sobrepaso a alguien que en voz alta

habla por un móvil.

Dos señoras mayores, sentadas en su puerta,

hablan de sus cosas, de sus hijos

y del tiempo pasado.

Y ahora llueve un poco.

Las campanas de una cercana iglesia

se confunden con el ruido de un claxon,

que llama a alguien parado en una esquina.

Un amigo me saluda desde la otra acera,

a ver si nos vemos un día de estos,

me dice, al tiempo que arrecia la lluvia.

Y llego a mi casa,

y abro la puerta dejando atrás

el ruido de la calle en otoño.

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