Biblioteca Gardeliana 5: Carlos Gardel. El gran desconocido de Erasmo Silva Cabrera. En La opinión de Cabra

http://www.laopiniondecabra.com/ampliar.php?sec=especiales&sub=colaboraciones&art=1431

SILVA CABRERA, Erasmo (1967): Carlos Gardel. El gran desconocido. Ediciones Ciudadela, 250 pp.

Pocos títulos en la bibliografía sobre Carlos Gardel han iniciado una línea de interés y de polémica como El gran desconocido de Silva Cabrera, también llamado Avlis. Esto se debe, en pocas palabras, a que el autor rechaza de pleno el origen francés de Carlos Gardel y defiende su nacionalidad uruguaya, concretamente, su nacimiento en Tacuarembó. Este es el primer libro que habla de un Gardel oriental, que luego tendrá dos continuaciones más del mismo autor: Alegato por la verdad y El hombre y su muerte. Sin embargo, el espaldarazo a esta tesis se debe a Blas Matamoro [1] y a Nelson Bayardo [2], pero no nos importan sus aportaciones, puesto que se sucederán las distintas publicaciones hasta llegar a dos de los mejores títulos al respecto: Páginas abiertas de Eduardo Payssé (Ediciones Prometeo, 1990) y Repatriación de Gardel de Ricardo Ostuni (Club de tango, 1995; Corregidor, 1998). Estos dos últimos recogen y rehacen con interés, incluso en lo contradictorio, lo que ha dado de sí esta tesis uruguayista.

Carlos Gardel. El gran desconocido, tras un prólogo de Ronald y una introducción del autor, se divide en cinco partes y un corolario. Ya desde la introducción, el volumen parte de menciones de varias personalidades conocidas en la vida de Gardel que sabían por él que era uruguayo y que aparecerán en la sección «Elementos de juicio». El primero, y declarante fundamental, es el músico Julio De Caro, de quien se reproduce una carta en la que afirma que Pedro Baldasarre [3] le había confesado que Gardel fue uruguayo y que doña Berta no fue su madre. Del resto de nombres, destaca el de Pedro Bernat, representante del cantor en el país oriental. Es esta parte de los «Elementos de juicio» la más curiosa, pues, por ejemplo, en «Los otros “inventores”» reúne lo publicado en los diarios, o en «Propulsores, colaboradores y amigos» recoge breves semblanzas de distintas personas uruguayas vinculadas a Gardel, como, por ejemplo, Razzano o Pancho Martino [4]. Observamos aquí, en este apartado de los «Propulsores, colaboradores y amigos», que se lanza una de las tesis fundamentales, de raíz nacionalista, y, como tal, sin sentido pasado el tiempo:

Los compatriotas se buscan, protegen y ayudan en el Exterior. No se necesitará entrar en mayores consideraciones acerca de tal verdad. El cantor en ciernes de 1900 buscó en Buenos Aires a quienes sabía que eran uruguayos.

Incluso el pie de foto de la que está en la casa de Maschio, se afirma que «Gardel se siente feliz porque se encuentra entre […] amigos y compatriotas». Como todo nacionalismo se construye sobre la diferencia, posteriormente hablará de los intereses de Argentina para quedarse con Gardel, de que este no podía decir abiertamente que era uruguayo allí, y citará algunos momentos de desencuentro entre las dos repúblicas hermanas. No insistiremos más en este aspecto, pero era preciso destacarlo hoy que el nacionalismo crece nuevamente en Europa y se apropia de grandes personalidades de la Historia al cambiar su lugar de origen sin fundamento, como ocurre con Cervantes o Da Vinci, entre otros, en Cataluña [5].

A partir de aquí, tras un capítulo sobre la edad [6], Silva les da la voz a las personas de Tacuarembó y, especialmente, a Tomasa Leguísamo, madre de Irineo Leguisamo [7]. Está escrito de modo sensacionalista y con interrupciones, además de mostrar la inquietud de quienes declaran, como en este diálogo entre la citada Tomasa y el autor:

–Yo no puedo hablar. Él (por Irineo) y mis hijas no quieren que cuente.

[…]

–Señora, ¿en qué año estuvo por Tambores y le decían «El zorzalito»?

Y respondió, tras vacilar, sin duda especulativamente, por una poderosa ocultada razón:

–¡Yo qué sé! Sería por 1900. 1901, 1902. […] Bueno ahora no me pregunte más nada.

Pero sí que aceptó preguntas y sí que respondió. Silva da total veracidad a las palabras de Tomasa y esta, incluso, le llega a decir el nombre de la madre de Gardel: una tal Manuela. Esto da pie a la siguiente parte, «La historia», en la que relata una aproximación a Tacuarembó, al coronel Carlos Escayola, el padre de Gardel según «la tradición oral de los más longevos pobladores y algunos de sus familiares», y una biografía de este Gardel tacuaremboense. El autor, tras una investigación, encuentra a una tal Manuela Mora como madre de Carlos y una rocambolesca historia acerca de por qué fue separado de ella al nacer. En este punto surge uno de los puntos clave de la tesis: Carlos Gardel y Charles Romuald Gardes no son la misma persona; y, para eso, pone en tela de juicio la biografía y la maternidad de Berta Gardés. De todo este capítulo, consideramos que ofrece datos provechosos de su vida en el Abasto y del comienzo de su trayectoria artística.

El apartado «Esa otra historia…» incide en la relación entre Gardel e Irineo Leguisamo, con una revelación sorprendente: Gardel era su padre… Esto, que de por sí era muy difícil de creer, tuvo que ser corregido por el propio Silva en El hombre y su muerte: «El vínculo sanguíneo de ambos es el de HERMANOS» [8].

El último capítulo trata del accidente de Medellín (aquí se incluyen los asuntos del pasaporte y la masonería) y el corolario tiene, entre otros asuntos, un adelanto del libro Alegato por la verdad, así como una vuelta a la idea del nacionalismo con una relación de autores uruguayos de las canciones que cantó Gardel.

El gran desconocido, pese a su casi inexistente documentación y su principal sustento en aportaciones orales, tiene el mérito de haber incentivado los estudios sobre el rey del tango, tanto en la línea que defiende, la del nacimiento en Uruguay, como en la contraria, la del nacimiento en Francia. O, al menos, ha ayudado a que se multipliquen. No obstante, estamos de acuerdo con Julián y Osvaldo Barsky en que se ha perdido mucha energía en asuntos estériles, especialmente por la parte uruguayista, dejando en un segundo plano u olvidando lo concerniente al arte de Gardel: su música, sus películas, sus aficiones líricas…

[1] Blas Matamoro (1971): Carlos Gardel. CEAL.

[2] Nelson Bayardo (1988): Vida y milagros de Carlos Gardel. Ediciones La República.

[3] El doctor Pedro Baldasarre fue un destacado político argentino. En la web Carlos Gardel. Biografía oculta, doña Martina Iñíguez aporta una amplia información sobre él:
https://sites.google.com/site/eluruguayocarlosgardel/-documentos-oficiales-de-garlos-gardel/prontuarios/cepeda

[4] En el afán nacionalista de ver uruguayos donde no los hay, se nombra al español Emilio Bo y a los argentinos José Ricardo y Ernesto Laurent, como nacidos en la República Oriental o con ascendencia de allí.

[5] Hay una llamativa conexión con el nacionalismo catalán. Según las pesquisas de la tesis uruguayista, Gardel tuvo un abuelo catalán, asunto referido en el documental El padre de Gardel (2013) dirigido por Ricardo Casas.

[6] Silva, evidentemente, rechaza que naciera en 1890 y cita varias declaraciones del propio Gardel y de otros para desechar la de 1887, por lo que sitúa el año alrededor de 1883.

[7] Irineo Leguisamo fue uno de los amigos íntimos de Carlos Gardel. Su nombre ha pasado a la gloria como uno de los mejores jinetes (jockey) de Argentina, además de que montó a Lunático, el caballo del cantor, con quien ganó en varias ocasiones.

[8] SILVA (1967): Carlos Gardel. El gran desconocido, pp. 215-224. No tiene nada de desperdicio este asunto de las «relaciones» entre el Zorzal y Tomasa Leguísamo. En El hombre y su muerte (Ediciones de La Plaza, 1985: pp, 56-57), una vez que Silva comprende el absurdo de que Irineo sea hijo de Gardel, alude a que un tal Tomás «pudo ser el producto de aquellas relaciones». Resulta increíble que el propio Silva admita la «indecisión» y las «idas y venidas» de Tomasa, y que, al mismo tiempo, le dé total credibilidad. E, incluso, por extensión, siempre se cierna la duda y se busquen contradicciones en lo aportado por los protagonistas que apoyan la tesis francesista, mientras que, por el contrario, se tiene fe ciega en todo lo dicho, incluso el comentario más ambiguo e irrelevante, sobre un Gardel uruguayo.

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