Un poema en Álora. La bien cercada

El poema «Melange», incluido en El fuego que no se extingue (Manantial, Ayto. de Priego de Córdoba, 2013), aparece en la página 36 del número 31 de la prestigiosa revista Álora, la bien Cercada; gracias a los poetas José María Lopera y José Puerto. Además de ellos, comparto páginas con más amistades: Javier Lostalé, Agustín Calvo Galán, Maricruz Garrido, Antonio J. Sánchez y Amando García.

MELANGE

 

En una melange de caña y gin fizz…

             CELEDONIO FLORES

 

Tuvimos amigos pasados los años que tanto ganaron con fe y humildad.

Quizá por azar y más por engaños perdimos los malos en nuestra bondad.


La vida en familia: ¡qué tiempos aquellos del niño más viejo que no ha de volver!

Al debe y haber, momentos dan bellos los gratos recuerdos que temo perder.


Mi sombra me sigue… Triste anda el camino que nunca ha tenido un fiel corazón.

Yo tuve razón, yo tuve el atino de que mi castigo se torne perdón.


Aún gira la esfera de forma grotesca que trato con celo y afecto cordial.

En esta melange tan carnavalesca crecimos, crecemos… y llega el final.

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Entrevista en Mislibrospreferidos.com por El fuego que no se extingue

http://mislibrospreferidos.com/entrevistas/leer/241.manuel-guerrero-cabrera
¿Cuándo decidiste ser escritor?
Aunque comencé a escribir en la adolescencia y a publicar en revistas de distinto tipo, debido al afán vital de expresarme y de sentir lo cotidiano de forma diferente; no me convencí de que era escritor hasta el momento en el que mis publicaciones son seguidas por un público y respaldadas o atendidas por otros escritores.
¿Qué tipo de novelas son las que más te gusta escribir?
Solamente he publicado una novela corta dentro del libro Para despertar (Moreno Mejías, 2011), de corte policíaco, que es un subgénero narrativo que me atraía desde siempre. Mi novela ideal intentaría mezclar el género policíaco con la temática del tango.
¿Cuál ha sido tu último libro?
Mi último libro que se ha publicado es El fuego que no se extingue (Manantial-Ayto. Priego de Córdoba, 2013). Es un poemario dividido en dos partes: la primera, «Melange», aporta poemas inéditos hasta la fecha de variada temática de lo cotidiano; la segunda, «El mismo loco afán», recoge una breve selección personal de los anteriores poemarios.
¿Cómo se te ocurrió la idea de escribir tu último libro? ¿qué te inspiró?
El libro es resultado de mi participación en el Aula de Literatura de Priego de Córdoba, que dirige la poeta Maricruz Garrido. A diferencia de las obras anteriores, que están más meditadas en orden y coherencia como conjunto poético, decidí elegir los poemas que más me convencían sin ninguna pauta.
Lo que inspiran estos poemas son motivos habituales de nuestros días que sugieren otros, desde un microondas que anima a la lectura a una huelga general que deriva en ausencia del amor.
Algunos creen que la vida de los escritores se reflejan en su obras ¿qué parte de ti se ha quedado en la novela?
Tanto en la poesía, como en la narrativa y en el ensayo, se refleja mi pasión por la lectura y por el tango. De una y otro dejo caer ecos y sugerencias en el verso y en la prosa.
¿Qué opinas de los soportes digitales para la lectura?
Son muy útiles y cómodos. Ahora que los hay de todo tipo y con mayor volumen de capacidad e, incluso, con mayor grado de que sean compatibles varios formatos de texto. No obstante, suelo leer más en libros que en este tipo de soportes.
¿Te relacionas con tus lectores a través de las redes sociales?
Sí. Lo intento con Facebook y el blog, en los que en ocasiones me encuentro con algún mensaje de agradecimiento por mis textos. Me sorprende mucho que me feliciten por mis artículos ensayísticos de crítica literaria, pues el número de lectores es reducido. Recientemente me he registrado en Twitter, aunque todavía no comprendo bien cómo puede ser útil este medio para comunicarse.
¿Cuál ha sido el último libro que has leído?
Principalmente, he leído poesía: Como las cosas claman (Antología poética) de María Victoria Atencia(Renamiento, 2011), よしなしうた/Songs of nonsense (en edición bilingüe japonés-inglés) de Shuntaro Tanikawa (Seidosha, 1991) y he releído un cuadernillo con poemas de Lara Cantizani (seminario de Zafra, 2009).
En novela he leído una bella historia de amor con motivos filológicos: ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? de Hillel Halkin.
¿Quién es tu escritor favorito?
Hay poetas, como Luis Alberto de Cuenca, Homero Expósito, Miguel Hernández o San Juan de la Cruz, que desde la primera vez que los leí no los considero favoritos, sino esenciales. A esta lista podría añadir varios nombres más, aunque me gustaría citar a los que tengo cercanos y me inspiran con su obra: Antonio J. Sánchez, Lara Cantizani, María Jesús Soler o Jesús Cárdenas.
En otros géneros literarios, Miguel de Cervantes y Jorge Luis Borges, en narrativa; Manuel Alcántara y Larra en artículos; y Miguel Mihura, en teatro.
Si pudieras escoger sólo un libro ¿Cuál escogerías?
Un volumen que recogiera los poemas mayores de San Juan de la Cruz o una antología poética, en la que aparecieran.
Punto final. ¿Quieres añadir algo a modo de despedida?
Quisiera dar las gracias por la entrevista y animar a mislibrospreferidos.com a que siga adelante con su labor.
También me gustaría incidir en la importancia de la lectura como medio de expresión, pues nos aporta conocimiento, nos ayuda a pensar y a activar la mente y, sobre todo, nos impulsa a la imaginación.

Una breve reseña más de El fuego que no se extingue en la revista Aldaba

En el número 24 de la revista literaria Aldaba (Sevilla), de la Asociación artístico-literaria Itimad, ha aparecido una breve reseña sobre El fuego que no se extingue. Me produce mucha alegría que, después de un año de su publicación, aún se siga leyendo y sea motivo de atención mi último libro de poesía. Desde aquí doy las gracias a los amigos de Itimad por dedicarme estas palabras que se acompañan (en otra página) con los poemas El fuego que no se extingue y Nocturno.

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Plaza Nueva. Poema en Garganta sin arena

El proyecto de Garganta sin arena, de la Asociación Cultural Naufragio, llega al fin de su primera parte con mi poema Plaza Nueva, de El fuego que no se extingue (Ayto. de Priego de Córdoba, 2013). 

Este es el enlace al blog: http://naufragiosinarena.blogspot.com.es/2013/09/plaza-nueva-manuel-guerrero-cabrera.html

Y este va directo al vídeo:

PLAZA NUEVA

(c) Manuel Guerrero Cabrera

El reloj no da tregua desde la inquieta torre,

los naranjos ven noches en los viejos andantes,

los bancos se impacientan con los nuevos amantes,

si el amor les socorre.

 

El reloj no da tregua, corazón de Lucena,

hastío en el estío, soledad del otoño,

las pisadas son vida, como hoja en el retoño,

como sangre en las venas.

 

De domingos brillantes te viste San Mateo,

con El Brujo se incita el Palacio Erisana,

y el fluido ayuntamiento es una sombra ufana

sin el pasado hebreo.

 

En diecisiete pasos te cruza Manuel Lara,

te convierten en décima Palma y Antonio Cruz;

con su prosa creciente, como un vidrio al trasluz,

Julián Valle te aclara.

 

Plaza Nueva, te ofrezco mi querencia más buena,

mi afecto de naranjo de infancia reencontrada.

Promete bendecirte con poesía entregada

mi mano nazarena.

Poema en La ballesta de papel 11

El poema Nuovo Cinema Paradiso, de mi obra El fuego que no se extingue, aparece en el número 11 de la revista La ballesta de papel, que se edita en Priego de Córdoba por la Asociación de Amigos de la Biblioteca Pública de Priego de Córdoba:
NUOVO CINEMA PARADISO
(c) Manuel Guerrero Cabrera
Contigo me has traído
recuerdos de los besos
prohibidos y pasados,
los que nos dimos
en blanco y negro
al inicio del cine
de nuestras vidas,
cuando aún nos amábamos callados,
por los que das sentido
a este instante fugaz
que llamamos presente
y a este torvo mundo
donde aún sobreviven nuestras bocas
proyectadas de rayos.

Reseña de Pedro Luis Ibáñez sobre El fuego que no se extingue

Publicada en varios medios: La Opinión de Cabra, Argenpress, Cabra digital, Cabra información y Luz de Levante.
En la construcción de la Poesía como edificio social -la huella del significado y significante realzada en la perspectiva de la cotidianidad- hallamos diferentes medidas. Unas son portadoras del excesivo empeño en protagonizar variantes líricas sumidas en el concepto. Otras aluden al determinismo de la estética como bien inmaterial. Son las menos las que se encauzan por el camino menos transitado y, por consiguiente, sin localización definida ni ruta conocida. Hablamos, en ese caso, de la pulsión del signo y su búsqueda como estado poético.
En El fuego que no se extingue -«frágil volumen», como lo define el propio autor- apercibimos que la intermediación del tiempo obra como envolvente e «infeliz melancolía». Hay un empeño en desandar lo vivido, «Traigo la íntima noche, / siempre refugio claro de mi sombra, / y el deseo impaciente del retorno, / como el agua del mar», no como reprobación, «Todo en mí se redujo a la melancolía / que me ha envejecido desde los catorce años», pero sí como viaje emocional, al que el poeta nos invita a adentrarnos en la etapa vital en la que se percibe y siente con más intensidad la orfandad del mundo. Tal vez por ello ese protocolo de intenciones que para el lector se aconseja en Poema para microondas, «Llegue a casa y descálcese. / (…) Mientras se toma el té / (o la infusión, ni importa) / lea cada poema de este frágil volumen. / Es importante». El tiempo se consume y la espita de la evocación es un anhelo que descarga su aliento de ceniza, «Tuvimos amigos pasados los años que tanto / ganaron con fe y humildad / (…) En esta melange tan carnavalesca, crecimos, crecemos … y llega el final». Quizás sea en Plaza Nueva donde el lirismo detente su mayor y mejor capacidad para arañar al destino con fiera y nostálgica convicción. La plaza es el corazón. Centro neurálgico de la posesión y la pérdida. El corazón y la plaza se miran hacia dentro para invitarnos al silencio recogido y escuchar nuestros pasos perdidos en el vértigo del día a día, «El reloj no da tregua, corazón de Lucena, / hastío en el estío, soledad del otoño, / las pisadas son vida, como hoja en el retoño, / como sangre en las venas». La amistad se entrega en la plaza, en el mismo corazón. Deambula en los perfiles literarios que cruzan de un tiempo a otro las letras que les son comunes, «En diecisiete pasos te cruza Manuel Lara, / te convierten en décima Rivas y Antonio Cruz; / con su prosa creciente, como un vidrio al trasluz, / Julián Valle te aclara».
Manuel Guerrero Cabrera no sólo ciñe a sus labios la arruga del tiempo. Hace acopio de fortaleza en el amor, que es muro frente al inexorable fin, «Si preguntas el tiempo que nos queda, / probaré de tu cuerpo / las crestas de la sal / (…) pues este amor es tan fuerte / como la muerte». El poso de lo definitivo es, sin embargo, efímero y familiar aroma, «Porque en tu ausencia dejas / el eterno perfume / de las panaderías». Y es causa justa, sin titubeos ni cargos de conciencia. El amor es pleno y entusiasta poder de afirmación, «Que me perdonen / los sindicatos: / hoy no trabajo, / porque no tengo amor / en mis servicios mínimos» o lo convierte manjar exquisito «Dejo que el sol apruebe tu paciente blancura / para desayunarla al punto sin descanso; / entonces hay más luz, porque el alba procura / repetir que vivamos de amor otro remanso». Al final de esta primera parte, Melange, el autor lucentino hace un guiño a una de sus pasiones: el gotan. Componiendo lo que el bautiza como Tangohaiku, «Tu nombre es eco / paredón y después… / lo que ya ha muerto». En la segunda parte bajo el título de El mismo loco afán recoge poemas de sus anteriores publicaciones, El desnudo y la tormenta y Loco afán. De esta última apunto el poema que, con personalidad propia y privativa, es clavazón de la herida que no cesa de manar en la ausencia. La muerte del amigo es un tajo: «Y se fue sin aviso como un rayo caído / que escoge ser oscuro tras dividir la noche», que nos parte en dos por ese mismo rayo que elige la oscuridad.
El amor por la Literatura que Manuel Guerrero Cabrera alberga y expresa, no sólo en su faceta como docente, también por la intensísima actividad cultural y literaria que despliega en Lucena, su localidad de residencia, tiene su propio reflejo en esta obra en cuatro poemas ,los numerados 12, 13, 14 y 15, que contienen todo un principio sobre la escritura y la propia lengua. Es emocionante entonar «Cono ajutorio de nuestro dueno…» Aún más, a sabiendas que en las investigaciones del profesor Antonio Carrillo Alonso -en referencia a su obra Fernando de Herrera, Góngora y Soto de Rojas: su relación con la lírica arábigo-andaluza. Tesis del año 2005. Universidad de Sevilla-, colaborador de Emilio García Gómez, detecta y esclarece las preeminentes influencias arábigo-andaluzas en la lírica del Siglo de Oro, que se superponen a las grecolatinas. Jarchas y zéjeles condensan el germen lírico cuya huella encontramos en las coplas del cante flamenco. No es de extrañar que en El fuego que no se extingue, el vate de la comarca Subbética culmine con estos versos que cantan por si mismos: «¡Qué penita está brotando! / Porque lo vi con mis ojos, / besos te robaron / en la placita del Potro».