Siete mujeres en la encrucijada entre la Historia y la Poesía. Poetas olvidadas del Florilegio de Juan Valera

Este estudio, escrito por Manuel Guerrero Cabrera y José Antonio Villalba Muñoz, se publicó en el volumen Bohemios, raros y olvidados, coordinado por don Antonio Cruz Casado y editado por la Diputación de Córdoba en 2006, entre las páginas 423 y 483.BOHEMIOS-RAROS-Y-OLVIDADOS-BIBLIOTECA-ENSAYO-ACTAS-11--i6n1476042

 

Si hemos de hablar de olvidados, es imprescindible hablar de las mujeres. Pero aquellos que quieran ver en esta comunicación un brazo más de la temática sobre éstas, hemos de decirle que se equivocan, más bien lo contrario, no sólo las mujeres pueden hablar y disertar sobre su sexo, sino que además nosotros podemos hacerlo tan mal o tan bien como ellas, cuando de mujeres, poetas[1] en este caso, hablamos. Los escuchantes, primero, y los lectores, después, de la presente comunicación juzgarán cuánto de verdad decimos y cuánto de falsedad ocultamos. La historia y la poesía son los dos caminos que establecemos para siete mujeres, que se perdieron cuando ambas sendas se cruzaron, y que, una vez perdidas, olvidamos.

Una comunicación cuya temática principal versa sobre los autores y sus obras en su contexto histórico no puede verse sumergida en una masa de datos y fechas. Trataremos de dar una serie de pautas y articular el tiempo histórico para que los engranajes de la presente comunicación no chirríen en los oídos de los asistentes.

            Con la revolución de 1868 se pone fin al reinado de Isabel II (en 1870 abdicará en su hijo el futuro Alfonso XII), y se inicia la ley de sufragio universal masculino y la Constitución de 1869. Durante el llamado por unos el Sexenio Democrático y por otros el Sexenio Revolucionario (1868-1874), en el resto de Europa encontramos frustraciones como la del estado nacional polaco (Polonia jugará un importante papel en una de nuestras autoras) en 1863  por la oposición de Prusia y Rusia, cosa contraria pasaría con la fundación del estado dual de Austria-Hungría (1867), con la Unidad italiana y con el nacimiento del Imperio alemán, que sí se consiguieron. Desde un punto de vista artístico e intelectual, vemos como va apagándose el romanticismo mientras se afianza la corriente positivista; el auge de la filosofía krausista (que después citaremos, aunque sea superficialmente), traída a España por Sanz del Río como menguada proyección de la universidad alemana en las aulas españolas. La democracia, el positivismo, el krausismo,  el anarquismo,  el socialismo, abren cauces nuevos a la izquierda, mientras que los de derecha se enquistan en afirmaciones rígidas e inmovilistas (Syllabus y Concilio Vaticano I). Durante estos seis años se ensaya una monarquía democrática (1869-1873), se llamará a Amadeo de Saboya, pero sus baluartes estarán divididos y, al ser asesinado su pilar central que era Prim, la monarquía nacerá herida. Mientras tanto Carlos (VII) que era padre de una de nuestras autoras, Blanca de Borbón[2], y nieto del iniciador del conflicto carlista, encabeza la 1ª fase de la 3ª Guerra Carlista, y en Cuba se producía una secesión que había comenzado con una revolución. Todo este conjunto de cosas supuso la caída de Amadeo I (con relación a este congreso, hay que decir que también fue un raro por lo escrupuloso en el cumplimiento de la Constitución de 1869, y, por tanto, también olvidado). El 11 de febrero de 1873 se proclamaba la I República (1873-1874). Pero la situación heredada no iba a mejorar con el nuevo régimen, sino que además se agrava con la extrema izquierda republicana, unido al endurecimiento de la guerra de Ultramar y los éxitos del Carlismo. Ante la situación Pavía dará un golpe de Estado, reflejo del malestar en el ejército por: el desorden generalizado, la desintegración de la unidad nacional (temor que no disminuiría precisamente con el Cantonalismo, destacando en Cartagena) y la falta de disciplina en los cuarteles. Castelar fue derrotado en las Cortes en 1874, Martínez Campos pedía la restauración en la figura de Alfonso XII. Se iniciaba así el periodo que llamamos Restauración (1875-1898/1923/1931). Hacia una paz, y hacia las seguridades que para la economía brindaba el conservadurismo canovista se adhirieron las clases más escarmentadas por los excesos del cantonalismo y por el anticlericalismo del radicalismo progresista y republicano. El nuevo periodo se edificó sobre el cierre de los frentes abiertos; p.ej., el carlismo con la victoria en Somorrostro. La Constitución de 1876 nacía con un sufragio censatario. El turno conservadores-liberales, lo que se denominó el turnismo, se convirtió en sistema tras la muerte de Alfonso XII con el llamado Pacto del Pardo (1885), durante la regencia de María Cristina (1885-1902) se restablecerá el sufragio universal (1890). La paz interior se fundamenta en una realidad socioeconómica que se sustenta en el sector agrario, donde la oligarquía y el caciquismo son los poderes que gobiernan de facto y de iure. Se logró aparcar al régimen de los generales y un impulso económico con claro proteccionismo que benefició, y no poco, a la industria textil de Cataluña. En 1888 nace la U.G.T. y en 1889 el P.S.O.E. El fin de siglo se vistió con el asesinato de Cánovas (1897) y el Desastre del 98.Con la paz de París los últimos territorios extrapeninsulares españoles desde el S.XVI cambiaban de manos, ante esta situación surge el Regeneracionismo como revulsivo, buscaba acabar con el falso pactismo, es la época de las generaciones del 98 y la del 14.

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Para poder siquiera asomarnos al estudio del contexto social de estas escritoras, objeto de nuestro análisis, es necesario tener presente que no podemos encuadrarlas dentro de una generalización, sino que hay que partir del hecho, y esto es fundamental, de que se sitúan dentro de una clase media-alta, nada que ver por tanto con una clase social baja donde las mujeres además de realizar un trabajo asalariado (fábricas) tenía que continuar la jornada con su trabajo en casa, cosa que se dificultaría, si cabe, con el traslado de la producción de la casa a la fábrica. Hay que tener claro que incluso las «mujeres rebeldes» tienen asumido que «al pertenecer a la clase media, cuando no a la aristocracia…, no hay intención firme de fomentar la rebelión o animar a la mujer a la emancipación porque saben que no pasaría de ser una utopía»[3] que podrían pensar entonces aquellas que tenían una ideología de carácter conservador. La mujer, ocioso es decirlo, durante el S.XIX estaba tanto legal como socialmente discriminada[4]. Si lo primero es evidente, lo segundo era aplastante ya que se basaba en dos premisas[5]: a) la mujer no tenía un horizonte más allá de lo doméstico y de su función de madre, ejemplo de ello era el concepto de «ángel de hogar» que transmitía que la mujer debía ser abnegada para atender las necesidades físicas y emocionales de esposo e hijos, con ello se justificaba la subordinación femenina al papel maternal natural de la mujer. Esta ideología, que servía para reflejar los valores y las virtudes de las elites, se trataba de una relectura de las normas religiosas de la feminidad de la iglesia del Antiguo Régimen. Nuestras autoras, objeto de nuestro estudio, no reflejan una oposición, como ya hemos dicho, a este discurso, cosa que era habitual en «la escritura de las mujeres españolas a lo largo de la mayor parte del S.XIX»[6] y b) la casa no era sólo su horizonte teórico sino que también era el físico, y así el varón se situaba en el ámbito público de la producción y de la política, mientras la mujer, como ya hemos dicho, se circunscribía en la casa y en la familia, toda actuación fuera de estos límites, aunque también podrían rebasarse con una serie de condiciones y, por tanto, la intromisión en el espacio del varón, suponía un quebrantamiento de la norma y por tanto su rechazo social. La educación de las mujeres durante buena parte del S. XIX se denominaba «de adorno», la necesaria para poder desenvolverse en el contexto social en el que movería su futuro marido (el matrimonio era el objetivo último y más importante de toda mujer), se busca mimetizarse con la elite social que era el artífice de tal modelo de educación y así ascender socialmente. Pocas, como sería Paz, podrían permitirse tener un profesor propio y las escuelas públicas eran consideradas para las clases bajas, por ello será en los colegios religiosos donde recabarán estas mujeres, que seguirán la política educativa decimonónica que legitimaba la obligación escolar de las niñas, pero diferenciada respecto a sus compañeros masculinos, por tres convicciones:1) la educación de las mujeres es un asunto privado y no público; 2) la educación es más moral que una adquisición de conocimientos y 3) por supuesto, un currículo diferenciado. El optimismo de 1812 que relacionó educación-progreso para el pueblo no llegó, pues, a las mujeres, aunque se hablase de un sistema de instrucción universal[7], no será hasta la ley Moyano[8] cuando exista una obligación de crear escuelas para ambos sexos, pero el currículo diferenciado permanecerá tanto en la ley como en la práctica. Hasta entrado el S.XX la educación de las mujeres busca que sean buenas y sumisas, los conocimientos intelectuales eran incompatibles con la feminidad, es decir, existía la educación (dirigida al corazón) impartida a las mujeres y la instrucción (dirigida al cerebro) propio de los hombres. Este estado de cosas tendría cierta oposición en el krausismo, ya en 1869 la educación femenina era para el profesor universitario defensor de esta tendencia Fernando Castro: «una de las cuestiones capitales que el progreso de la civilización ha traído al debate en las sociedades modernas»[9], aunque el fin era cumplir su misión como madres y esposas, pero con la apertura de nuevas oportunidades educativas se abría un camino a la enseñanza superior para las mujeres, pero de nuestras protagonistas no tenemos constancia de que ampliasen estudios, salvo Paz[10] de Borbón que estudió dibujo y pintura, algo que no era anormal, más bien todo lo contrario, porque «la pintura era con diferencia el arte más practicado por las mujeres españolas a principios de siglo»[11], ni en medicina ni en farmacia, que eran las actividades más demandadas por las mujeres que llegaban a los estudios superiores, nos encontramos a nuestras siete mujeres, su posición social evitaba que tuviesen que trabajar para poder vivir.

La etapa del reinado de Alfonso XIII (1902-1931)[12] registra una evolución de las estructuras socioeconómicas que se puede distinguir en tres planos: a) el fuerte crecimiento demográfico de 18M. de habitantes se pasa a 23 al final del periodo; b) el aumento de los sectores distintos al primario que había sido el predominante y c) la alfabetización pasa de una 60% de analfabetos a fines al S.XIX a un 53% en 1930. Entre Maura y José Canalejas (1902-1907) el ejército consigue una posición diferenciada y con la Ley de Régimen Local pretende acabar con el problema del caciquismo. La situación de Melilla será el momento en el que afloren las consecuencias de 1898, estamos en la Semana Trágica de Barcelona (1909) que prendió con la llamada de los reservistas para repeler la agresión marroquí con 5 días de quema de conventos y escuelas regentadas por religiosos. La apertura de la Cámara dos días después del fusilamiento de Francisco Ferrer Guardia (creador de la Escuela Moderna, culpado injustamente de incitar a la rebelión) bajo la presión de la campaña de la izquierda europea a favor de la libertad de pensamiento, y en la que se enmarcó la defensa contra los «juicios erróneos sobre España»b[13] que protagonizó Casanova desde Polonia, forzará al cese de Maura y el retorno de los liberales al gobierno iniciándose la gestión de Canalejas que buscó hacer efectiva la democratización que se había iniciado con el sufragio universal en 1890 y además con una firme política exterior, su asesinato en 1912 y la situación de Maura provocaría la crisis de los partidos dinásticos (1913). La I Guerra Mundial traería la neutralidad española y la apertura de nuevos mercados que enriquecerían a una minoría aumentando por ello los desequilibrios sociales, que irían creciendo ante la carestía creciente por la demanda exterior. La situación se muestra en la crisis del año 1917: a) surgen las juntas militares de defensa que no buscaban otra cosa sino controlar los destinos  y los ascensos, funciones estas indiscutibles del gobierno en el desarrollo de un estado democrático, b) la convocatoria subversiva de Cortes Constituyentes por un grupo de la burguesía catalana y c) una huelga general que buscaba como fin último el derrocamiento de la monarquía, Dato pudo capear el temporal con el apoyo del Ejército. Mientras se llegaba a la paz mundial, ésta suponía el empeoramiento político-social de España, ya que el comercio exterior no iba a ser ya un apoyo a la economía. A esto hay que sumar la emancipación de las nacionalidades del Imperio Austro-húngaro, donde se apoyaron los regionalismos peninsulares y también en los territorios norteafricanos españoles (desastre de Annual, 1921); ante esta situación se dará el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera que trajo la Dictadura (1923-1930) y también la paz en la guerra de Marruecos, la reforma de las infraestructuras viarias y en la red hidrográfica, que amplió las áreas de regadío concluyendo con la reducción del nivel del analfabetismo, pero al no poder atraerse al P.S.O.E. como integrante de un nuevo bipartidismo ni organizar una derecha apoyada por un grupo importante de simpatizantes, tampoco realizó concesiones descentralizadoras. Su dictadura (aunque se vistiese con un Directorio Civil la parte final de este periodo y tuviese éxitos económicos) no pudo aguantar la falta de apoyo del sector que había sido su baluarte, el ejército, y no menos iban a influir las consecuencias económicas del Crack del 29; tras Berenguer y con la convocatoria de las elecciones municipales de 1931 vendría la proclamación de la II República el 14 de abril.

La mujer con el nuevo siglo se incorpora a una sociedad en progreso que se percibe en: 1) las pautas de empleo femenino fuera del hogar y 2) se acorta la alfabetización entre hombres y mujeres, a causa de las mejoras en la enseñanza pública que se iniciaron gracias al primer pase de la ley Moyano. Entre 1910 y 1920 se produce una difusión de una nueva identidad femenina entre las clases medias y altas urbanas que intervendrán en los ámbitos sociales, políticos, pero en «ningún ámbito fueron más patentes la presencia y la actividad de un elemento femenino que en las manifestaciones culturales de la modernidad»[14].

Siete mujeres están unidas por el estudio de un autor y, por ello, vamos a partir de él. En el último número de 1900, la dirección de La Ilustración Española y Americana[15] anunciaba que tenía «muy adelantada la reunión de una serie de interesantísimos estudios de la evolución de las Letras y de las Bellas Artes españolas en el curso del siglo XIX», y añadía que «muy en breve» empezarían a publicarlos. Haciendo honor a su palabra, en el segundo número de 1901, la dirección presenta el primer trabajo, que pertenece a Juan Valera y llevaba el título de «La poesía lírica y épica en la España del siglo XIX»[16]. Así, un año después, este escrito en su totalidad se publicaría en el tomo I del Florilegio de poesías castellanas del siglo XIX[17], entre una introducción con la que comienza el libro y los primeros poemas que aparecen. Precisamente, el autor confiesa en la introducción del libro que su propósito con el trabajo es que «sirva de introducción a un florilegio o antología».

Valera consideraba que la verdadera crítica debía de ser normativa[18], nueva y donde no se buscaba una simple valoración; pero, además, se trata de una crítica personal, ya que no entendía la perspectiva de un amplio objetivismo y, por consiguiente, los principios seguidos están unidos a su personalidad, cuyas raíces se hunden en la estética tradicional. A esto se añade que en el Madrid de su época había muy pocas personas con una formación comparable a la suya y este escenario le produce una indignación que no oculta en sus escritos[19]. De este modo, expone en la introducción del Florilegio que ha utilizado dos criterios para la selección de las composiciones poéticas: «uno, el de la popularidad, falible, aunque bastante autorizado: otro, el mío propio, falible también y sin autoridad alguna»[20].

En resumen, lo que el autor egabrense no podía admitir, como comprobaremos, eran las libertades de metro, de rima e, incluso, de tema, que no sólo se empleaban en los nuevos estilos poéticos, sino también las libertades románticas que se apartan de la norma tradicional. Así, dice Bermejo Marcos[21] que Valera niega la libertad modernista, la nueva poesía frente a los modelos cansados de poetas olvidados cuyos nombres al lado de otros conocidos engruesan los cinco tomos del Florilegio.

Nuestra comunicación sólo se centrará en la obra de las poetas que aparecen en esta obra. En «La poesía lírica y épica en la España del siglo XIX» presenta a algunas poetas, comparándolas con la «nombradía» de Gertrudis Gómez de Avellaneda y Carolina Coronado[22], y elogiándolas. A Antonia Díaz de Lamarque la iguala con su marido José Lamarque[23], de María de Mendoza[24] comenta que ha sido olvidada, de Josefa Barrientos[25] lamenta su temprana muerte y califica de «muy lindos» sus versos, y de la Infanta Paz recuerda que sus composiciones se recomiendan no sólo «por la delicadeza y candor de los afectos», sino también «por la ternura y sencillez del estilo»[26]. Además, Valera continúa hablando de las mujeres que, dedicándose a la literatura, habían obtenido cierto renombre y habían optado por abandonar el verso para escribir en prosa; para el autor egabrense, esto no es sino una prueba más de que «la forma métrica iba pasando de moda». Y es que las poetas nacidas con posterioridad a 1850 no suelen dar una colección de poemas a la prensa, como indica Kirkpatrick[27], quizá porque hacia el fin de siglo había más opciones que el libro de versos para una mujer que hubiera obtenido el favor del público y, por consiguiente, al igual que quiso decir Valera, la oleada romántica estaba tocando a su fin[28]. Concretando en la figura de Sofía Casanova, López-Cordón[29] señala que abandonó la poesía por varios motivos, entre ellos el aislamiento cultural (Aclaremos que Casanova vivió gran parte de su vida fuera de España), y comenzó a plasmar lo que ocurría en su entorno en prosa. Retomando el escrito de Valera, utilizando la galantería como excusa, nos dice el nombre de las siguientes escritoras, de las que, pese a la calidad de su poesía (Excelente en algunos casos), no incluye ningún poema: Pilar Sinués, Ángela Grassi, Rosalía de Castro y Concepción Gimeno (sic) de Flaquer[30]. Aún dentro de «La poesía lírica y épica en la España del siglo XIX», Valera diserta acerca de las escritoras que influyen en la cultura de su tiempo, «señalándose y distinguiéndose tanto o más en ello que los ilustres varones»; sin embargo, aunque perciba que la condición de la mujer se está modificando, atribuye este progreso de la mujer a que el hombre se emplea en la agitada vida política y no puede dedicarse plenamente a la literatura. Al igual que antes, Valera nos proporciona el nombre de cuatro conocidas prosistas: Cecilia Böhl de Faber dentro de la novela, Concepción Arenal como estadista, Emilia Pardo Bazán como escritora en general, y, por último, la investigadora Blanca de los Ríos, de la que estudiaremos su poesía.

Sin embargo, sólo algunas de estas mujeres figuran en la antología, distribuidas de la siguiente manera: en el tomo III aparecen Gómez de Avellaneda y Carolina Coronado, y en el tomo IV se encuentra el resto de poetas. Al final de este tomo aparecen unas advertencias donde Valera confiesa que está casi arrepentido de haber incluido solamente nueve mujeres[31] y que debía haber incluido algo de Pardo Bazán, María de Mendoza y Dolores Gómez de Cádiz de Velasco[32].

Debido a que tanto Avellaneda como Coronado poseen bastantes trabajos y las consideramos suficientemente estudiadas, nos centraremos en el resto de mujeres que integran este Florilegio, cuya poesía aparece en el tomo IV: Paz de Borbón, Blanca de Borbón, Antonia Díaz de Lamarque, Sofía Casanova de Lutoslawski, Josefa Ugarte-Barrientos, Blanca de los Ríos de Lampérez y Carolina Valencia.

            A finales del S. XIX y en las primeras décadas del S. XX, nuestras autoras tendrán una mayor y más conocida actividad cultural pública, veamos pues, dónde escriben, qué las relaciona y si eran reconocidas por sus contemporáneos. Intentaremos contestar a estas preguntas:

  1. a) ¿Dónde escriben? Ugarte[33] y Valencia[34] escribirán para órganos de difusión católicos (Ilustración Católica o El movimiento católico), Casanova (El Debate, Heraldo de Madrid o ABC, diarios estos de tendencia conservadora, también en El Imparcial, destacando que prima en ella la publicación en ellos y no tanto en revistas), Blanca de los Ríos[35] publicará tanto en revistas (Ilustración Española y Americana o Blanco y Negro) como en periódicos (El Imparcial, La Época) y fundó además la revista Raza Española[36], en cuanto a Díaz de Lamarque[37] es amplio el número de colaboraciones, firmadas con su nombre o con el seudónimo de Enriqueta Madoz de Alianza, en revistas como El Ángel del Hogar, Revista de Ciencias, Literatura y Artes, La Violeta, El Correo de la Moda o El Ateneo entre otras, y en periódicos como La Aurora o La Época, de Blanca de Borbón poco, cuando no nada, sabemos de sus publicaciones y en cuanto a Paz de Borbón (Ilustración Española y Americana y en La Época, directora de Basílica Teresiana entre 1906 y 1910); en general, pues, nuestras autoras participan en publicaciones de carácter conservador nada distorsionador con la clase social a la que pertenecen, ya que se sitúan en la clase media-alta, cuando no a la alta aristocracia. Para finalizar este punto hay que decir que Blanca de los Ríos y Casanova son las autoras que en más periódicos y de mayor calidad colaboran. Dato importante a reseñar es que ninguna, que sepamos, publicó en el periódico El Sol[38].
  2. b) ¿Qué les relaciona? Unido a su propia tendencia ideológica, tendríamos que indicar el grado de conocimiento entre ellas, es decir, si se conocen entre ellas, la respuesta es sí, pero con matices, ya que no tenemos datos para concretar más en este punto. Así Paz de Borbón, cuya iniciativa de proponer a Blanca de los Ríos para la Gran Cruz de Alfonso XII fructificó como más abajo indicamos, se carteará en los años cuarenta del S. XX con Casanova, ésta es tratada y conocida por Blanca de los Ríos, y a su vez Blanca, que conocía a Valencia, colaboró en una Corona a la muerte de Díaz de Lamarque. De Josefa Ugarte no tenemos constancia de que estableciera ninguna relación con el resto de poetas, quizás el hecho de vivir en Málaga gran parte de su vida hizo que no las conociese y, como si de una norma se tratase, encontramos a Blanca de Borbón que quizás por su distanciamiento de España le fue imposible entablar relación alguna de manera constante con estas escritoras. Pero a la relación personal tenemos que incluir los momentos que pudieron coincidir, durante este periodo tenemos que destacar el intervalo entre 1910 y 1914, ya que es un momento de gran actividad pública para ellas, en sesión de honor del Ateneo de Madrid Blanca de los Ríos dará su conferencia Las mujeres de Tirso, dos años más tarde presidirá el Ateneo en las conmemoraciones del siglo tras el 1812 de Cádiz, Sofía Casanova también en el Ateneo y también en 1910 dará la conferencia La mujer española en el extranjero, finalmente Paz de Borbón logrará en 1914 la Gran Cruz de Alfonso XII, primera mujer que la obtenía. Los escuchantes se darán cuenta que sólo nombramos tres y es así porque las demás, Díaz de Lamarque, Josefa Ugarte y Carolina Valencia ya habían muerto y en cuanto a Blanca de Borbón ni siquiera sabemos, como hemos dicho ya, si publicó alguna de sus poesías. Así pues la segunda década del S. XX supone un momento  importante para estas poetas, y especialmente entre 1910 y 1914.
  3. c) ¿Eran conocidas y, más importante aún, reconocidas por sus contemporáneos? Los actos públicos citados en los que intervienen son una clara prueba de ello, pero también tendríamos que destacar que tanto aparecen en la Enciclopedia de Espasa-Calpe[39] y en el propio Florilegio durante la Restauración «que podríamos llamar la “época de Valera”, que la acogió entera y la comentó con extraña perspicacia»[40], como que son reconocidas de forma individual: conseguirán la Cruz de Alfonso XII (otorgada por méritos científicos y literarios) Paz de Borbón en 1914, Casanova en 1923 y Blanca de los Ríos en 1924, que recibió también la Medalla de Oro del Trabajo y la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio; serán mencionadas en otras publicaciones de la época como es el caso de Díaz de Lamarque[41]; galardonadas por parte de la RAE, Valencia en 1891 por su A San Juan de la Cruz y Blanca de los Ríos en 1889 por su estudio sobre Tirso de Molina; o recordadas tras la muerte como le pasaría a Ugarte, a quien se le dio un homenaje en el Teatro Cervantes de Málaga (1891) o la corona mencionada a Díaz de Lamarque, fuera de todo ello, otra vez, se sitúa Blanca de Borbón. También las figuras de la época las conocían, dejando a un lado a Valera, Menéndez Pelayo prologó una obra de crítica literaria de Blanca de los Ríos (precisamente en 1910), y se carteó con Díaz de Lamarque que hizo lo propio con Juan Ramón Jiménez; Casanova, que conocería a Pardo Bazán, sería animada por Ramón de Campoamor a seguir escribiendo. Estamos en una época de extraordinario esplendor, una edad de plata en la cultura española[42], y aún así eran conocidas, aunque desigualmente, ya que Casanova y Blanca de los Ríos lo eran mucho más que Blanca de Borbón, y, aunque aquélla, como ésta, vivían fuera de España, eso no fue obstáculo para que Casanova fuese reconocida, tampoco ayudaría el hecho de no desarrollar su vida en los centros culturales y así los que vivieron cerca de Madrid o Barcelona tuvieron a su vez más proyección (Blanca de los Ríos y Sofía Casanova). «La actividad femenina en las esferas cultural y estética era evidente para sus contemporáneos de las primeras décadas del siglo XX»[43],  esta afirmación cobra mayor valor por cuanto estamos en una época importantísima en la producción intelectual, el desarrollo evidente desde el punto de vista económico y social, por otra parte, se vio reflejado en la creación literaria y artística, una edad de Plata ya mencionada o una segunda Edad de Oro[44], es la hora de tres grandes generaciones literarias (la del 98, la del 14 y la del 27), nos encontrábamos figuras como el propio Valera, Pérez Galdós o Pardo Bazán, y ya en la Generación del 98 tenemos a Unamuno, Azorín, Machado, Baroja, Valle-Inclán, Menéndez Pidal o Maeztu, el krausismo influirá en Joaquín Costa y en Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, en Arquitectura tenemos a Gaudí, en la música a Albéniz y a Granados, en Medicina tenemos a Ramón y Cajal que obtendría el Nobel (1906). Con la siguiente generación[45] se va a producir «una gran dilatación de la minoría intelectual»[46]sólo citaremos algunas de las figuras más importantes como Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala, Azaña, Américo Castro, Salvador de Madariaga, Antonio Machado, Fernando de los Ríos, Marquina, Juan Ramón Jiménez, Eugenio d´Ors (del que se cumplen 50 años de su muerte), Marañón, Gómez de la Serna, Sánchez Albornoz, en la Música a Turina y Falla, en la Pintura a Zuloaga, Sorolla, Gutiérrez Solana y Vázquez Díez en España y fuera de ella a  Picasso y Juan Gris.

Volviendo a la obra de la que partimos, consideramos necesario detallar aspectos referentes a la biografía y obra de cada autora, así como un conciso análisis de los poemas incluidos en el Florilegio de Valera, a fin de profundizar en el conocimiento de estas autoras.

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Paz de Borbón

La primera poeta que aparece en el tomo IV del Florilegio es Paz de Borbón. Suponemos que la galantería de Valera ha colocado a una mujer al principio de este tomo y, además, su posición como Infanta de España ha debido de influir en ser la primera entre todas las mujeres. Madrid la vio nacer el 23 de junio de 1862 y desde la infancia mostraba predilección hacia las letras; así, con poco más de veinte años, en 1883, publicó un libro con el sencillo título de Poesías, cuyo prólogo fue escrito por el Duque de Rivas. Aunque ese mismo año pasó a vivir fuera de España[47], por casarse con el príncipe Luis Fernando de Baviera, fue una mujer activa e importante dentro del mundo literario; recordemos que fue la primera mujer que poseyó la Gran Cruz de Alfonso XII. Para acabar esta breve biografía, también recordamos que, en los años 40, en plena Guerra Mundial, desde Munich, ciudad en la que moriría el 4 de diciembre de 1946, mantenía correspondencia epistolar con Sofía Casanova, cuando ésta se encontraba en la Varsovia nazi.

Además de la citada Poesías, publicó la composición «Plus Ultra» en 1902, escribió Mi peregrinación a Roma en 1903, dos libros sobre Don Quijote Buscando las huellas de Don Quijote y Don Quijote en Alemania, ambos de 1905, año en que también publicó Torneo en el Palatinado en el año 1613, Roma eterna (Madrid, 1923), el teatro infantil ¡Al Sol! Escenas sobre la vida de don Bosco (Barcelona, 1946) y, entre otras obras escritas en diversas lenguas[48], sus Memorias[49]. Sus primeros versos fueron publicados en La Época y en La Ilustración Española y Americana, revista esta última donde sus escritos coincidían con los de Juan Valera.

En el Florilegio es la autora con mayor número de poemas, cuatro composiciones[50] figuran bajo su nombre: «A la Virgen de la Almudena», «Almas y flores», «A mi hermana Eulalia» y «A Luis». Todas estas composiciones deben pertenecer a Poesías, que contiene composiciones dedicadas a la Virgen de la Almudena y a su familia[51].

«A la virgen de la Almudena» son unas seguidillas con bordón, que alaba la bondad de la virgen. El poema está bien construido mediante cuatro estrofas basadas en los recursos propios de la lírica tradicional como los paralelismos y las repeticiones. Según Kirkpatrick[52], los poemas a la virgen son un apoyo que estas mujeres tenían para justificarse como escritoras, ya que las poetas tenían un motivo seguro ante las indignantes acusaciones por el hecho de escribir.

«Almas y flores» es un poema de posible inspiración becqueriana, no sólo por su brevedad, sino también por su intimismo, donde sobresale el «delicado sentimiento» atribuido a las composiciones de Paz. Queremos insistir en la estructura con un apunte breve y propio de la poesía de esta autora: la primera estrofa (vv. 1-4) se dedica a las Flores, la segunda (vv. 5-8) a las almas, y la tercera recoge y resume los temas anteriores, coincidente con el título del poema: Almas y Flores. Esta misma estructura se repetirá en las dos composiciones restantes que se aportan de Paz, muy similares a «Almas y flores» en la forma y en el contenido.

Blanca de Borbón

Blanca de Borbón

La segunda poeta que aparece es Blanca de Borbón. Estimamos que ocupa este segundo lugar no sólo por su relación con la familia real[53], sino también por diplomacia, ya que Blanca es hija de un pretendiente carlista a la corona, Carlos (VII), logrando reunir a una representante de la línea sucesoria de Isabel II y a una representante del carlismo bajo la bandera de la poesía. Por esta posición, no nació en España sino en la ciudad austriaca de Graz el 7 de septiembre de 1868, y fuera de nuestro país debió de vivir, como estimamos de los escasos datos que hemos hallado[54]: la posesión de la Cruz Estrellada de Austria y de la Orden bávara de Santa Isabel, distinciones que no pertenecen a nuestro país, y su muerte acaecida el 25 de octubre de 1949 en la localidad italiana de Viareggio.

Ignoramos su papel en las letras, así como su obra. Juan Valera nos ofrece un sencillo poema intitulado «A la Virgen del Pilar». Romance escrito en cuartetas, con los característicos recursos de la métrica tradicional, a lo que se une la relación morfosintáctica de las rimas oxítonas y la irregularidad acentual que destaca la presencia de la Virgen del Pilar[55].

De claro contenido patriótico, al utilizar este símbolo nacional, Blanca parece reclamar la participación de la mujer en una España cristiana y centralizada:

Que estando en el alma mía / Dentro de tu España estás (vv. 15-16).

Antonia Díaz

Antonia Díaz de Lamarque es la tercera poeta que aparece en este tomo del Florilegio, quizá la defensa de la Restauración de Alfonso XII por parte de su marido, además de la amistad de éste con la primera poeta: Paz de Borbón, pudieron haber influido en que fuera colocada inmediatamente tras las dos Borbones. Sin embargo, Antonia es una mujer que entregó su vida a la poesía, de muy buena calidad, insistió en la defensa de la escuela sevillana y mantuvo correspondencia, entre otros, con Menéndez y Pelayo, Narciso Campillo, los hermanos Velilla, Cánovas y Juan Ramón Jiménez, razones suficientes para que no estuviera tratada aquí como olvidada. Nació el 31 de octubre de 1827 en Marchena (Sevilla), su cuidada educación consiguió que desde joven se diera a conocer de manera favorable; así, en 1846 publicó su primer poema intitulado «El esclavo» en el sevillano La Aurora. Pero, al igual que muchas mujeres, tuvo que debatirse entre su vocación y el temor a la sátira que se hacía a las escritoras; cuestión que se resolvería a favor de la vocación por la literatura al casarse con el poeta José Lamarque de Novoa[56], ya que juntos se dedicaron a la literatura y Antonia vio publicado su libro de Poesías en 1867. En la localidad sevillana de Dos Hermanas, veinte años antes de su muerte, ordenó la construcción de la ostentosa «La alquería del Pilar» donde, enferma desde su juventud, pasó a residir hasta que falleció por una anemia cerebral el 19 de mayo de 1892.

Simón Palmer[57] nos indica que el primer libro publicado llevaba por título A S. M. la Reina doña Isabel II en su visita al Hospital de la Santa Caridad; aunque nos parece más relevante el citado Poesías con prólogo de José Fernández Espino, donde figuran las odas «A Marchena» y «La destrucción de Numancia», así como una epístola titulada «Las poetisas españolas». Respectivamente, en 1877 y 1882, publicó dos tomos de baladas y leyendas con el título de Flores Marchitas (Sevilla), pero su obra más importante es la aparecida en 1889, Poesías religiosas (Sevilla), con prólogo de Joaquín Rubió y Ors, en la que figuran composiciones de mucha calidad, entre ellas, el extenso «María en Montserrat», premiado con el laúd de plata y oro en la Academia Bibliográfica Mariana de Lérida en 1864, y el poema que Valera incluyó en el Florilegio: «Después de la lluvia». Señalamos sus novelas El precio de una dádiva y Tres flores (Ambas publicadas en Sevilla y en 1881), y las fábulas morales de Aves y Flores (Barcelona, 1890). En vida no volvería a publicar ningún libro, ni hemos encontrado publicaciones poéticas en los periódicos posteriores a esta fecha, por lo que debió agravarse su enfermedad. Tras su muerte, su marido recopiló sus composiciones y las publicó en dos tomos, el primero en 1893 y el segundo en 1894, bajo el título de Poesías líricas, cuya segunda edición posee una Corona poética dedicada a ella, en la que participaron poetas como Blanca de los Ríos y Carolina Valencia, que trataremos más adelante. Por último, hay que decir que varias composiciones de Antonia Díaz de Lamarque fueron traducidas al alemán por Fastenrath.

Como se ha dicho, «Después de la lluvia» pertenece a Poesías religiosas. En este poema destaca el aspecto formal por su cuidado, ya que el lirismo se acentúa con el uso de la estrofa denominada cuarteto-lira y el predominio de endecasílabos sáficos, las bimembraciones aportan armonía (Ej., v.38: «Y ora dulces, ya graves»), mientras que las trimembraciones (Ej., v.8: «El consuelo, y la paz  y la ventura») agrupan elementos en línea ascendente (clímax), y el uso de repeticiones (desde palabras hasta sintagmas) ofrecen cohesión y énfasis a este gran poema. En cuanto al contenido, la naturaleza y el sentimiento se fusionan y se complementan, pero, a diferencia de lo que señala Kirkpatrick[58], la contemplación de la naturaleza implica un estado sentimental del alma, donde la poeta se une al lector u oyente a través del uso de la primera persona del plural y, además, con el fin de dirigirse a Dios, como muestra el verso final «¡Gloria, gloria al Criador, tres veces santo!». En conclusión, Valera nos ofrece un bello poema de gran calidad, propio de una gran autora.

Sofía Casanova

Sofía Casanova

Sofía Casanova, nuestra siguiente poeta, no es tan desconocida ni ha sido tan olvidada como las anteriores. Esto puede deberse a que su muerte, acaecida el 16 de enero de 1958 en Poznan, no está tan alejada en el tiempo y a que sus crónicas y libros sobre la revolución rusa se consultan constantemente por su conocimiento directo. Sin embargo, su poesía está menos difundida y, por ello, nos centraremos en ella[59]. Si tenemos pocos datos de la vida de algunas poetas, con Sofía Casanova ocurre lo contrario, por lo que nos ajustaremos a lo relacionado con su obra poética. Casi veinte años después de que naciera el 30 de septiembre de 1861en Almeiras (La Coruña), ya vio publicados algunos poemas en El Faro de Vigo[60]; tras la muerte de su padre, se trasladó con su madre a Madrid, donde se inició como poeta en las tertulias literarias del Marqués de Valmar y, especialmente, la de Ramón de Campoamor, quien la animó a consolidar sus dotes poéticas, que dieron como resultado los poemas publicados en Flores y Perlas en los meses de marzo y abril de 1883, así como su primer libro Poesías en 1885. En aquellas tertulias conoció al filósofo Lutoslawski con quien se casó en 1887 y pasó a vivir en Drozdowo (Polonia). Tras la muerte de una hija en 1895 y la de su suegro, se instalaron algún tiempo en Galicia, donde Sofía pudo ganar confianza en sí misma. De ahí que con la publicación de Fugaces en 1898 vuelva a la poesía, tras abandonarla en Kazan, donde  el Imperio Ruso la decepcionó[61]. Fugaces no sólo refleja su ánimo (crisis y confesiones), sino también demuestra su madurez poética y la superación del Romanticismo con poemas como «Gotas de agua» o «Familiares». Sofía volvió a España en 1905 y, con ello, inicia su etapa más fecunda como escritora, entre las obras de esta época, tenemos en 1911 el libro de poesía El cancionero de la dicha, que en junio de ese año fue considerado por Gómez de Baquero en El Imparcial[62]  como una obra literaria de gran valor, destacando la musicalidad de su versificación y su intensidad lírica. Académica de la Real Gallega, que le publicó en 1941 Poesías inéditas, académica de número de la Poesía Española, y por acuerdo unánime del Centro Gallego de Madrid, obtuvo la medalla conmemorativa del Centenario de Puente Sampayo, como un tributo rendido a una gloria de la región galaica. A todo esto se suma la Gran Cruz de Alfonso XII en 1923, que a una poeta con una obra tan variada y de tan alta calidad literaria lo merecía e, incluso, hizo que fuera propuesta para el Premio Nobel[63]. Además de la amistad con Pardo Bazán y con Blanca de los Ríos, durante la II Guerra Mundial mantuvo correspondencia con la Infanta Paz, en la que reflejaban sus dolores y tristezas, que acompañaron a Sofía hasta la muerte: Una carta de Luca de Tena, director de ABC, le advirtió de que podía volver a enviar crónicas, con la condición de que no podía decir nada contra los alemanes; tras la guerra, una ley del régimen soviético hizo que Casanova renunciara a la ciudadanía española, incrementando su odio hacia el comunismo; el rencor entre los suyos en España por aprobar el régimen franquista, debido a ese anticomunismo[64]. Así, sus últimos años estuvieron marcados por el silencio, la soledad y el olvido de los suyos. Si López-Cordón[65] dice que «probablemente» ella sólo hubiera querido ser poetisa, Pérez de Ayala[66] argumenta con la propia poesía de Casanova que es «una poetisa completa».

Casanova aparece en el Florilegio con «En la Víspera de San Juan», poema que recrea costumbres y momentos cotidianos de Polonia como un espacio en que su trabajo intelectual forma parte de este país. Pero lo más sorprendente es el uso del dodecasílabo de 7+5, posiblemente por influjo de Zorrilla o de Rosalía de Castro, ya que Valera acepta esta ruptura del dodecasílabo tradicional quizá por el criterio de la popularidad. Este poema supera el Romanticismo y hace desaparecer el sujeto femenino, pues, como dijo Kirkpatrick[67], en el nuevo siglo ni la poesía ni el sujeto femenino pueden seguir siendo lo mismo.

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Josefa Ugarte-Barrientos

La siguiente poeta es Josefa Ugarte-Barrientos, nacida el 5 de septiembre de 1854 en Málaga, ciudad que constituye su biografía, pues allí se casó con Fernando de la Cerda (30 de mayo de 1887) y murió el 14 de marzo de 1891, como refleja la lápida colocada en la calle de Moratín en homenaje a esta autora[68]; y ciudad que forma su trayectoria literaria, ya que allí con quince años escribió y estrenó con gran éxito el drama Margarita, poco después estrenó otros dramas, El Cautivo, que también tuvo una gran acogida, El ramo de flores y El Cruzado. Pero su obra más importante, publicada en Málaga en 1874, es la colección de leyendas tradicionales e históricas, Recuerdos de Andalucía, cuya edición se agotó rápidamente. Pedro de Répide comentaría que  esta obra está en la línea de las de Zorrilla y de los Romances históricos del Duque de Rivas. Ugarte resultó premiada en 1875 con la lira de plata en los Juegos Florales de Santiago con el poema «La Concepción de María» y, al igual que el resto de autoras, colaboró en varias revistas. En 1882 publicó Páginas en verso (Málaga), además de otros escritos como el poema «La estatua yacente» y las coplas «Íntimas», obras escritas unos años antes de su muerte; pero ésta no representó un óbice para que sus logros literarios quedaran reflejados a los pocos meses de su muerte en el Teatro Cervantes de Málaga con un homenaje a la escritora, y en la recopilación que su hijo hizo en 1905 bajo el título de Poesías Selectas, como no, también publicado en Málaga. En el proemio de esta obra póstuma, Pedro de Répide nos dice que la obra de Ugarte es «de un poeta fuerte, profundo y castizamente español» y que su poesía es romántica, al mismo tiempo que insiste en la excelencia de sus romances y endecasílabos[69].

En 1902, Valera publicó en su Florilegio un poema de Ugarte con el título de «En un álbum»[70], que ni es un romance ni está escrito en endecasílabos, sino en hexasílabos y decasílabos dactílicos agrupados en estrofas de cuatro versos. El poema posee dos partes bien diferenciadas en su contenido y reflejadas en su forma: La primera parte contiene las palabras y preguntas de una niña y una indicación de la poeta (vv. 1-32), y en la segunda le contesta un pájaro y la poeta (vv. 33-60) concluye con lo que señala Kirkpatrick como la asociación rousseauniana entre naturaleza, infancia e inocencia, que garantiza la bondad de un alma femenina, que se extasiaba ante un paisaje natural[71]. Esta asociación queda demostrada con ejemplos del propio poema; tras exaltar la belleza del paisaje, la niña virgen pregunta si hay algo más bello que los ECOS del valle, las ROSAS y ESTRELLAS, la LUNA y el LAGO; el pájaro le responde comparándola favorablemente con la naturaleza: El ECO (VOZ), el ASTRO (OJOS), la LUNA (ROSTRO), el LAGO (ALMA), y las ESTRELLAS y FLORES (FRENTE-PELO). En conclusión, este poema es uno de los de «muy lindos versos líricos» de Ugarte, como dijo Valera en «La poesía lírica y épica», es una composición plenamente romántica con probables influencias becquerianas[72].

Blanca de los Ríos

Blanca de los Ríos

Blanca de los Ríos es nuestra penúltima escritora y, al igual que Casanova, no es tan desconocida ni ha sido tan olvidada, debido a su muerte acontecida en el año 1956 y a sus estudios literarios sobre Santa Teresa y, especialmente, sobre Tirso de Molina, que, como ya hemos dicho, fue premiado en 1889 por la R.A.E., institución a la que fue presentada su candidatura como miembro y que al final no resultó elegida (No era la primera vez que sucedía esto, pues otras mujeres, como Pardo Bazán, habían visto anteriormente rechazadas las propuestas de ingreso). Sin embargo, pese a los elogios que ha recibido su obra poética, ésta es menos conocida, por lo que nos centraremos en su poesía, como hicimos con Casanova. Nació en la calle Francos de Sevilla el 15 de agosto de 1862, hija de Demetrio de los Ríos, sobrina de José Amador, por lo que pertenece a una eminente familia de literatos y artistas insignes, a la que más tarde se uniría el arquitecto y escritor Vicente Lampérez, al casarse con Blanca. Recibió una buena educación, cultiva las letras desde niña y con quince años escribe su primer poema, utilizando el anagrama Carolina del Boss; como nos dice Emilia Pardo Bazán: «criada entre bienestar y cariño, rodeada de estimación y respeto, no ha luchado sino con la natural inveterada indiferencia del público y algo con el recelo y malevolencia que suscitan las escritoras». Menéndez y Pelayo opina que, si sus obras en verso son menos conocidas de lo que debieran, hay que culpar «sobre todo a la ventajosa competencia que la misma doña Blanca de los Ríos les ha hecho con sus relatos en prosa»[73], principalmente, los trabajos de erudición y crítica; sin embargo, bastaría su obra poética sola para su prestigio. En 1881 publicó Esperanzas y recuerdos (Madrid), de temática amorosa principalmente, que luego se revisó y se reeditó en 1912; en 1886 el poemita «La novia del marinero», y, más tarde, el Romancero de don Jaime (Madrid, 1891), que fue unánimemente elogiado por la crítica, especialmente por Pardo Bazán en su Teatro Crítico. Como dijimos antes, participó en la corona poética de las Poesías líricas de Antonia Díaz de Lamarque con el poema «A la muerte de la ilustre poetisa sevillana doña Antonia Díaz de Lamarque», sus composiciones fueron incluidas, además de en el Florilegio de Valera, en el Cancionero de la Rosa de Pérez de Guzmán. En 1902 se publicaron sus Obras completas (Madrid) en 14 volúmenes donde dedicaban cuatro a su obra poética: Esperanzas y recuerdos, Visiones de arte, Romancero de D. Jaime el Conquistador, y De Andalucía. Mucho más tarde, tras la Guerra Civil, unos amigos le publicaron una colección de sus poesías bajo el título de ¿Vida o sueño? Rimas. Obtuvo seis premios, de 1889 a 1891, en los certámenes poéticos de la Sociedad «Julián Romea» de Barcelona, y en 1891 otro del Ateneo de Sevilla por el romance intitulado «El Jueves Santo en Sevilla». Como señalamos al inicio, la oleada romántica tocaba a su fin cuando las mujeres se inclinaban por la prosa, pero Blanca optó desde el primer momento por ser una literata plena y comenzó por publicar novela y poesía indistintamente, hasta que encontró su lugar en los estudios críticos, porque, como dice Kirkpatrick[74], la educación y aspiración intelectual de las mujeres es más elevada; por ello, en la vida cultural ocupó cargos relevantes[75], la Real Academia de Jurisprudencia de Madrid le tributó un homenaje[76] el 12 de marzo de 1924, con motivo de haber recibido la Gran Cruz de Alfonso XII. En la vida política, durante la Dictadura de Primo de Rivera fue una de las mujeres que formaron parte de la Asamblea Nacional entre los años 1927 y 1929; era la primera vez que se producía esta presencia femenina en un órgano consultivo de carácter político[77]. Colaboró constantemente en múltiples revistas y periódicos ya citados y dio diversas conferencias, como bien cataloga Simón Palmer[78], lo que demuestra la importancia en el campo de las letras de esta figura, de la que, si no fuera por nuestra circunscripción a la poesía, tendríamos mucho más que decir.

            Valera nos ofrece tres poemas de Blanca: «Tú y yo», «Misterios», y «De una extensa epístola» a Emilio Ferrari y a su esposa. Los dos primeros son de influencia becqueriana por su brevedad, intimismo y sugestión, pertenecientes a su obra Esperanzas y recuerdos, cuyo principal tema es el amoroso. Kirkpatrick[79] comenta sobre «Tú y yo» (Podemos decir lo mismo de «Misterios») que aparecen imágenes tópicas de la tradición femenina como la flor (V. 1: Yo soy la pobre flor…) o la mujer como puro sentimiento (V. 5: Si es mar de llanto la existencia mía), pero las convierte en algo nuevo (Vv. 5-6: Si es mar de llanto la existencia mía,/Tú eres rayo de sol, mírate en ella). El juego entre el Tú y el Yo consigue que se unan en los versos finales de cada estrofa, especialmente relevante es el verso final donde están contiguas las formas de primera y segunda persona del verbo SER, necesarios para la existencia del Tú y del Yo, y en la posición central del verso (V. 8: si yo la noche soy, sé tú mi estrella). «Misterios» es una composición similar, basado en otras imágenes tópicas como las estrellas y las gotas de rocío en analogía con la mirada. Ambos poemas comparten una sensibilidad verbal que no es propia del Romanticismo, mientras que, el tercer poema, la Epístola tiene un carácter más clásico. Este poema está escrito en tercetos encadenados, claramente relacionado con la tradición de las epístolas[80], donde Blanca demuestra su formación sólida y profunda, como las opiniones sobre Scopas, Mirón, Miguel Ángel o Dante, además de personajes y lugares bíblicos, organizando la composición en torno a la Arquitectura, la Escultura y la Pintura, concluyendo con una alabanza de Roma como ciudad del genio y de la luz, «Alma del mundo, escala de los cielos,/Tabor de nuestra fe». No debe sorprendernos este poema al lado de los otros dos, ya que Valera[81] juzgó a Blanca como una investigadora erudita, juiciosa y aguda en nuestra historia literaria. En resumen, Valera nos ofrece ejemplos de estos dos estilos de Blanca: poemas de inspiración becqueriana y poemas que nos muestra su erudición.

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Carolina Valencia    (Foto:Lavozderioseco.com)

            La última poeta del Florilegio y de esta comunicación es Carolina Valencia, de la que hemos conseguido pocos datos. Nacida el 20 de septiembre de 1860 en Medina de Rioseco (Valladolid), vivió algún tiempo en Madrid desde su matrimonio con el publicista Álvaro López Núñez. Su actividad literaria se inicia en 1887 con la publicación del poema «A Roma» en La Ilustración Católica, escribió junto a Zorrilla y Núñez de Arce en el periódico vallisoletano La Lealtad en 1888, un año después fue premiada en los Juegos Florales de la «Sociedad Económica Palentina de Amigos del País», y en 1890 asistimos a la publicación del volumen Poesías (Palencia), con prólogo de Emilia Pardo Bazán. Como dijimos, merece especial atención la composición A San Juan de la Cruz, que fue premiada por la R.A.E. y publicada en Madrid en 1891, luego, reimpresa en 1927 bajo el título de Oda a San Juan de la Cruz, y, en 1892, año de su muerte, escribió y publicó el largo poema Colón (Palencia). Pero sus poemas siguieron publicándose y su nombre apareciendo en distintos medios. En 1893 participó en la Corona poética de las Poesías Líricas de Díaz de Lamarque con el poema «A la memoria de la ilustre poetisa doña Antonia Díaz de Lamarque», colaboró en 1897 y 1900, respectivamente, en La Revista Moderna y en La Basílica Teresiana; cuatro años después, en 1904, su viudo publicó una romanza en El Almanaque para la familia cristiana; más de diez años después, en 1917 aparecerían los poemas «Crepúsculo» e «Invierno» en La Revista Castellana y, finalmente, hallamos su firma en unos poemas publicados en La Lectura Dominical de 1924.

            «La oración de la tarde» y «A ti» son las composiciones que se incluyen en el Florilegio. Ambas pertenecen a Poesías, libro de temática variada, donde Valencia misma nos revela sus preferencias: «Canta los grandes hechos de la historia,/La virtud, el amor y la ventura;/Canta la fe, la religión, la gloria,/Del genio la grandeza soberana,/El valor, la nobleza, la hidalguía»[82].«La oración de la tarde» es una composición plenamente romántica, donde Valencia nos pinta intensamente el atardecer en los primeros versos, así como una naturaleza recogida en sí (Vv. 9-10: «Cierra la flor su perfumado broche,/Buscan las aves su caliente nido»), con el fin de dar paso a la plegaria a la Virgen María. En resumen, la naturaleza y la fe  son los temas principales y no aparecen de modo distinto a como hemos comentado anteriormente[83], debido a que Valencia se inscribe en el Romanticismo. «A ti» posee en Poesías el título «Fantasía», que Vallejo González[84] caracteriza como el poema de amor más sobresaliente del volumen, subrayando su tono subjetivo y sentimental, y sugiriendo un posible eco becqueriano. El yo se deja arrastrar por el amor que siente a un tú, logrando un gran lirismo con la regularidad, como si fuera un estribillo, de los versos acabados con el pronombre TI, que dota a la obra de subjetividad y sensibilidad. De su forma destaca el ritmo dactílico tanto de los decasílabos como de los hexasílabos, así como el paralelismo que se convierte en el recurso que construye el poema casi en su totalidad; en el contenido, diremos con Kirkpatrick[85] que la sensibilidad tierna, apasionada y poética de la mujer se derivaba de la idea de que el destino de la mujer era AMAR. Pardo Bazán escribió en el prólogo de las Poesías de Valencia que versifica con «galanura, gallardía y fluidez»[86], añadiendo que «tiene en el oído la música, el ritmo en el pulso, y en el pico de la pluma el adjetivo y la imagen»[87]. Pero, además, también escribió en el mismo prólogo que su poesía, escrita en la tradición del Romanticismo femenil, no tiene sentido en 1890 porque la tradición ya se había agotado. En conclusión, pervive un estilo que no era el imperante en la literatura de finales de siglo; como nos indica Vallejo González[88], la propia Carolina reconocía que se inclinaba al «idealismo arcaico», que era la que mejor congeniaba con su forma de concebir la poesía; por eso creemos que Valera la colocó como la última mujer del Florilegio.

 

CONCLUSIONES

             En la encrucijada entre la historia y la poesía, nuestras siete autoras no han tenido mucha suerte; ninguno de los dos caminos las ha atendido de forma apropiada, de ahí que señalemos, tras lo expuesto, las siguientes determinaciones:

1) Las fuentes bibliográficas están dispersas y muy incompletas, si hablamos de todas ellas. La Enciclopedia Espasa las recoge e, incluso, nos ofrece una cantidad importante de datos de Paz, de Blanca de los Ríos y de Casanova. Sin embargo, no hallamos nada sobre la educación u obra de Blanca de Borbón. Escritoras del siglo XIX: Manual bio-bibliográfico de Mª del Carmen Simón Palmer posee las referencias más completas sobre estas autoras, pero no recoge a Blanca de Borbón ni algunos datos sobre la obra de nuestras autoras (especialmente, Ugarte y Valencia). La Antología Poética de escritoras del siglo XIX de Kirkpatrick se olvida de Díaz de Lamarque, Paz, C. Valencia y, por supuesto, de Blanca de Borbón, logrando,  no obstante, una buena muestra de los temas y estilos de la época. Las fuentes específicas sobre alguna de nuestras autoras suelen ser muy variadas: desde la destacada «Aproximación a la poesía de Carolina Valencia» de Irene Vallejo González, que resulta algo más que un acercamiento a esta poeta olvidada, hasta la edición de La revolución bolchevista de Sofía Casanova realizada por Mª Victoria López Cordón, que no coincide en varios datos (por ejemplo, el mismo título de esta obra) con Simón Palmer y Kirkpatrick. A este repaso bibliográfico, hemos de añadir que no se ha publicado ninguna edición crítica de la poesía de estas autoras, aunque sobre la de Casanova sí se han realizado varios estudios como los de Ofelia Alayeto o Rosario Martínez[89].

2) Si bien el encuadre dentro de una generación de estas siete (más bien seis) mujeres se lo debemos a Kirkpatrick[90], cuando hablemos, si es posible, de «generación literaria», tenemos que hablar primeramente de Valera, ya que con su Florilegio había dispuesto a estas autoras como tal generación. Curiosamente, Avellaneda y Coronado, que formarían parte de la Primera Generación, según Kirkpatrick, aparecen en el Tomo III y el resto en el Tomo IV, por lo que Valera pudo considerarlas como un grupo escogido de mujeres poetas, en el que incluyó a Díaz de Lamarque, debido a que su impulso literario sucedió a finales de la década de los años 60, fecha tardía si comparamos con Coronado y Avellaneda. Por lo que su nombre figura como epígono de la primera generación.

3) Si por edad se pueden situar antes del 98 hay que indicar que no existe un público reconocimiento de su trabajo hasta la segunda década del s. XX (Al socaire de la propia Generación del 14). Quizás se pone de manifiesto «un distanciamiento intelectual entre hombres y mujeres» mas allá de las clases populares como afirma Pilar Ballarín, debido a los diferentes planes de estudio, ya que no por el nivel de analfabetismo, la mujer quedaría retrasada respecto a los estudios del hombre.[91]

4) Valera debió de sorprenderse ante la calidad de las poetas, recordando que él está casi arrepentido de no haber incluido nada más que nueve mujeres, añade en el Tomo III del Florilegio que «con el entusiasmo poético que produjo en España el romanticismo, adquirió también nuestra literatura, en cierta clase o género, joyas de más alto valor que nunca. Me refiero a la poesía lírica escrita por mujeres». Pero de las nueve autoras del Florilegio sólo Avellaneda y Coronado han trascendido como poetas. De las siete restantes, Blanca de los Ríos y Casanova se están recuperando, no por sus logros poéticos, sino por los estudios críticos-literarios de la primera, y por las crónicas y los relatos de la revolución rusa y de la guerra europea de la segunda. Díaz de Lamarque, Ugarte y Valencia estaban muertas a finales de 1892. Y las dos Borbones se hallan en una situación marginada como poetas de un estilo que ya no tenía sentido en el siglo XX; por ello, De los Ríos, Casanova y Paz intentarán buscar otros medios de expresión literaria: De los Ríos en la crítica, Casanova en el periodismo y Paz en sus memorias. Esto se relaciona con lo dicho por Valera[92] acerca de la forma métrica que pasaba de moda, que Kirkpatrick[93] tradujo en el mayor número de opciones intelectuales que se ofrecían a las mujeres de fin del siglo XIX.

5) ¿Por qué son estas poetas unas olvidadas? Si tomamos la definición del DRAE, cumplen las dos características que definen olvidar[94]: 1) Fueron conocidas y reconocidas por la elite intelectual española de su tiempo, aún cuando se estaba viviendo un esplendor cultural sin precedentes desde el Siglo de Oro. 2) Y, después de la Guerra Civil, dejaron de estar en la memoria de los que antes la tenían. Sólo estudios muy posteriores han sacado del ostracismo a estas autoras.

6) Para Valera, ningún poema de nuestras autoras adoptaba las libertades de metro y rima y, a veces, hasta las de tema, salvo «En la víspera de San Juan» de Casanova, compuesto en dodecasílabos de 7+5, metro que se aleja del clásico 6+6. No obstante, aunque no sea la tradicional, la forma, que es el todo en poesía para Valera, es perfecta en el poema, por lo que él puede admitir algunas libertades, pero en beneficio del total del poema.

7) ¿Pertenecen a una generación literaria? Sólo podemos esbozar una serie de directrices respecto a este asunto, de donde excluiremos a Díaz de Lamarque, vamos a tener en cuenta a Petersen[95]. Éste menciona como normas para encuadrar una generación literaria una serie de características que los autores tienen que cumplir: a) el nacimiento de estos en años poco distantes (la más joven nace en 1854 y la última en 1868, pero hacía fines de siglo ya habían muerto dos); b) una formación intelectual semejante (todas son de una clase social media-alta y por lo tanto tenemos que pensar que su educación, en lo esencial, sería semejante); c) que tuviese relaciones personales (la muerte en unos casos y la distancia en otros imposibilitaba una relación fluida y continua entre ellas); d) la existencia de un acontecimiento generacional (sólo podemos mencionar la existencia de algunas publicaciones en las que realmente coincidieron); e) participación en actos colectivos propios (desconocemos si participaron en dichos actos, pero con los datos que disponemos se podría afirmar que no ocurrieron); f) la presencia de un guía (quizás la figura de Pardo Bazán, que lograría ser la primera catedrática de España en 1916, que conocía a algunas de ellas); g) un lenguaje generacional (Tampoco cumplen este punto).

        

Al final de nuestros dos caminos, la historia y la poesía, este escrito tiene la intención de unirlos, a fin de proporcionar una guía de la obra poética de estas siete autoras, no sólo atendiendo a aspectos históricos, sino también literarios.

[1] Debemos decir que, en el siglo XIX y a principios del XX, no se llama poeta a la mujer que escribe poemas sino poetisa. Actualmente, la R.A.E. admite ambos términos, aunque la crítica prefiere poeta. Al estar escrita en los inicios del siglo XXI, esta comunicación adoptará poeta para referirse a la mujer que escribió poemas en la época que tratamos.

[2] Los datos que mencionemos sobre nuestras autoras, a no ser que indiquemos lo contrario, se encuentran en Enciclopedia universal ilustrada de Espasa-Calpe. Para el caso de Blanca las escasas referencias que hemos encontrado se hayan en Enciclopedia universal ilustrada,  Hijos de J. Espasa Editores, Barcelona, Tomo VIII, (consideramos que este volumen es anterior a 1925, ya que a partir de este año se produce la unificación de la editorial barcelonesa Espasa con la madrileña Calpe), p.1070. 

[3] Simón Palmer, Mª del Carmen,«Mujeres rebeldes» en Dybi, G., y Perrot, M., (dir.), Historia de las mujeres en Occidente, Madrid, 2000, IV El siglo XIX, p.639.

[4] Aunque esta afirmación empieza a ser matizada, al menos, para la España moderna. Exponente de esto es un reciente artículo de Molina Recio, R., «Entre la opresión y una libertad tácita. La mujer privilegiada en el Antiguo Régimen», Ámbitos, 11, 2004, pp. 19-28.

[5] Nasch, M., «Identidad cultural de género, discurso de la domesticidad y la definición del trabajo de las mujeres en la España del siglo XIX», en Dybi, G., y Perrot, M., (dir.), Historia de las mujeres en Occidente, Madrid, Taurus, 2000, IV El siglo XIX, pp.585-598.

[6] Kirkpatrick, Susan, Mujer, modernismo y vanguardia en España (1898-1931), Cátedra, Madrid,  Colección Feminismos, 73, 2003, p.35.

[7] Apud Dybi, G., y Perrot, M., (dir.), Historia de las mujeres en Occidente, Madrid, 2000, IV El siglo XIX, p.611, Quintana, Manuel José, Obras completas, Biblioteca de Autores Españoles, vol. 19 Madrid, Atlas, 1852, p.190.Este autor fue objeto tras su muerte de un acto en su honor, un libro colectivo de la Coronación del eminente D. Manuel José Quintana, en el que participó Díaz de Lamarque.

[8] Ley de Instrucción Pública, llamada de Claudio Moyano (9 de septiembre de 1857).

[9] Apud Kirkpatrick, S., Mujer,…, p.36.

[10] Enciclopedia universal ilustrada, Hijos de J. Espasa Editores, Barcelona, Tomo XXXIII, p.45.

[11] Kirkpatrick, S., Mujer…, p.49

[12] Conseguida la mayoría de edad con dieciséis años gracias al acuerdo del Congreso.

[13] Enciclopedia Universal ilustrada, Hijos de J. Espasa Editores, Barcelona, Tomo XII, p 57. Juicio dado por el autor del artículo donde también destaca que actuó de idéntica manera con la Guerra del Riff (zona de protectorado adjudicada a España en el tratado hispano-francés de 1912 y que a partir de entonces fue colonizada por nuestro país).

[14] Kirkpatrick, S., Mujer,…, p.9.

[15] La Ilustración Española y Americana, Madrid, Tip. Sucesores de Rivadeneyra, XLVIII, 30 de diciembre de 1900. En todas las citas hemos adaptado la acentuación, según la normativa actual de la  R.A.E. en Ortografía de la Lengua Española, 1999. Es probable que  D. Abelardo de Carlos, su fundador, siguiera siendo el director en 1900.

[16] La Ilustración Española y Americana, Madrid, Tip. Sucesores de Rivadeneyra, II, 15 de enero de 1901, p. 23. Para conocer las fechas de publicación del artículo de Valera, véase Apéndice II.

[17] Valera, J., Florilegio de poesías castellanas del siglo XIX, con introducción y notas biográficas y críticas, cinco tomos, Madrid, 1902.

[18] Bermejo Marcos, M., Don Juan Valera, crítico literario, Madrid, Gredos, 1968. Todo lo referido acerca de la crítica literaria de Juan Valera está basado en este libro.

[19] Principalmente en las cartas que escribía a su familia.

[20] Tanto la intencionalidad del escrito como los criterios para la selección aparecen en Valera, J., ob.cit., (I), pp. XI-XII.

[21] Bermejo Marcos, M., ob.cit. p. 55.

[22] Resulta impactante que Valera se refiera a estas dos mujeres como «la Avellaneda» y «la Coronado», mientras que para dirigirse al resto utilice don: Doña Antonia Díaz de Lamarque, Dª Paz, etc. Véase el tomo I del Florilegio, pp.167-169. En cuanto a las poetas siguientes, la mayoría serán tratadas más adelante.

[23] Vivió entre 1828 y 1904, escribió, entre otras obras, Poesías (1867), Ecos de la patria al mar (1869), Desde mi retiro (1900) y Remembranzas (1905). No aparece ningún poema en el Florilegio.

[24] Nació en  Ardales (Málaga) en 1821. Encontramos composiciones poéticas en Flores de otoño (1879), Poesías y leyendas , y las colaboraciones en publicaciones periódicas. Murió en 1894.

[25] Juan Valera nombra así a Josefa Ugarte-Barrientos, que murió con menos de 40 años, como veremos.

[26] Sobre la crítica de Valera, remitimos nuevamente al anterior libro citado de Bermejo Marcos.

[27] Antología poética de escritoras del siglo XIX, edición, introducción y notas de Susan Kirkpatrick, Madrid, Castalia, 1992, p.49.

[28] Ibid.

[29] Casanova, S., La revolución bolchevista, edición, introducción y notas de M. Victoria López Cordón, Castalia, Instituto de la mujer, 1990, p. 15.

[30] Para conocer la obra de estas cuatro autoras, remitimos al catálogo de María del Carmen Simón Palmer, Escritoras españolas del siglo XIX, Madrid, Castalia, 1991.

[31] Valera, J., ob.cit. (IV), p.437.

[32] Malagueña que nació en 1818, cuya producción lírica se reduce a las publicaciones periódicas (Cfr. Simón Palmer, M. del  C., ob.cit., pp. 323-324). Para María de Mendoza, véase nota 24.

[33] Enciclopedia universal Ilustrada, Espasa-Calpe, Madrid-Barcelona, Tomo LXV, p.808.

[34] Ibidem, Tomo LXVI, p.658.

[35] Ibidem, Hijos de Espasa Editores, Barcelona, Tomo IX, p.77. Colaboró también en El Correo de la Moda, Madrid Cómico y El Nuevo Mundo, entre otros.

[36] Creada en 1919, fruto de su interés por los estudios americanistas, que dirigió hasta su desaparición en 1930.

[37] Ibidem, Tomo, XVIII, p.890.

[38]  Marías, J., España ante la Historia y ante sí misma (1898-1931), Circulo de Lectores, Espasa-Calpe, Barcelona, 2003, p.64, donde afirma que: «no se tiene idea de la calidad de este periódico, que duró veinte años, hasta la guerra civil; su confección, su información, su habitual veracidad y, sobre todo, sus colaboradores, superaron todo lo que había sido el periodismo español y lo pusieron a la altura de los mejores diarios del mundo».

[39] Como hemos indicado arriba, la edición de la Enciclopedia la datamos antes de 1925, salvo para Josefa Ugarte y para Carolina Valencia, ya que aquí nos encontramos con que la editorial correspondiente a los tomos donde aparecen estas autoras es Espasa-Calpe, por lo tanto estos volúmenes son ya posteriores al mencionado año.

[40] Marías, J., España ante…, p.9.

[41] Llana, Manuel C., Galería histórica y biográfica de las mujeres más notables. Editores Elizalde y Cía., Madrid, 1868, Apéndice, X.

[42] Nos estamos refiriendo al título de la obra de Laín Entralgo, P., (coord..), La Edad de Plata de la Cultura Española, 1898-1936, Historia de España iniciada por Menéndez Pidal, XXXIX, 1993, 2 vol. Ya  terminada, mientras elaboramos esta comunicación, son presentados los tres últimos tomos de esta magna obra.

[43] Kirkpatrick, S., Mujer,…, p.10.

[44] Marías, J., ob.cit.

[45] Que se inicia con el discurso de Ortega, «Vieja y nueva política» en el Teatro de la Comedia en 1914. Dos años antes se había fundado la Liga de Educación Política que estaría formada por noventa y nueve nombres que serían los que constituirían el tronco de la Generación.

[46] Marías, J., España ante…, p.51.

[47] Valera nos recuerda en el ensayo de introducción «La poesía lírica y épica en la España del siglo XIX» que protege nuestras letras desde Munich. Asimismo, Simón Palmer, ob.cit., p. 517, nos dice que vivió fuera de España desde su casamiento.

[48] Simón Palmer, ob.cit., pp. 520-522, hace un sobresaliente listado de sus obras, entre las que figuran obras cuyo título está escrito en francés y alemán, que no creemos necesario reproducir aquí.

[49] En 1909 y 1911 publicó, respectivamente, dos tomos de la obra De mi vida. Impresiones 1909-1911. Fechas alejadas de Though Four Revolutions, 1862-1933…, Londres, John Murray, 1933, y de  Cuatro revoluciones e intermedios. Setenta años de mi vida. Memorias de la infanta Paz de Borbón, Madrid, Espasa-Calpe, 1935. A estos títulos se unen las Memorias (1864-193…), Barcelona, Juventud. En este último libro, llama la atención la fecha de 1864.

[50] Para los poemas de nuestras siete autoras, véase apéndice I.

[51] Simón Palmer, M.del C., ob.cit., p. 520. Eulalia era hermana de Paz y también escribía, citamos sus Memorias. Entendemos que Luis sería su marido Luis Fernando de Baviera.

[52] Antología …, pp. 33-34.

[53] En la Enciclopedia Universal Ilustrada se la reconoce como Blanca de Castilla.

[54] La Enciclopedia Universal Ilustrada sólo aporta los datos de su nacimiento y de sus nupcias, ignorando todo lo relativo a su posible faceta de escritora. No aparece en el citado Manual de Simón Palmer. Posiblemente sólo se dedicara a la escritura por ocio.

[55] Véase Apéndice I.

[56] La boda fue el 1 de abril de 1861. Para José Lamarque, véase nota 23.

[57] Simón Palmer, M. del C., ob.cit., pp. 232-240. Indica todas las publicaciones en las que colaboró.

[58] «Cuando una mujer figura en el texto como sujeto, en cuanto a que representa al otro al que va dirigido el poema, es silenciosa, se caracteriza por su receptividad y por su absorción en la naturaleza». Kirkpatrick, S., Las Románticas (Escritoras y subjetividad en España, 1835-1850), Madrid, Cátedra, 1991, p.35.

[59] Recomendamos el citado libro de Simón Palmer para conocer la obra no poética de Casanova (en especial, la periodística),  ya que enumera la mayoría (un gran número) de sus colaboraciones.

[60] Casanova recordó sus impresiones al conocer la publicación de estos poemas, en Simón Palmer, M. del C., «Poesías inéditas de Sofía Casanova» en Angélica. Revista de Literatura, 7, 1995-96, pp. 123-124.

[61] Casanova, S., ob.cit., p.14-18. López-Cordón nos ofrece un interesante resumen de estos años.

[62] 26 de junio de 1911, p.3. Cada lunes El Imparcial editaba un suplemento cultural del que tomamos esta referencia.

[63] Las referencias más completas sobre esta propuesta son de Simón Palmer en Escritoras..., p. 530, y en «Poesías inéditas de Sofía Casanova», op.cit., p. 123. Ambos libros señalan que fue planteada por Antonio Maura, pero el primero refleja 1923 (También apunta que se pensó en 1913) y el segundo 1925 como el año de la propuesta.

[64] Meissner, Karul, «Las tres muertes de Sofía Casanova» en Razón Española, 84, Julio-Agosto, 1987. A partir de un guión de Xandra Tedín y de Brian Boyle, Marcos Gallego ha dirigido un documental sobre Casanova, donde se realiza una entrevista a Karul y Sofía Meissner, nietos de la autora. Las noticias informan de su emisión en diciembre de este año en la televisión gallega.

[65] López-Cordón, ob.cit., p. 51.

[66] Pérez de Ayala, Ramón, Obras Completas, Madrid, 1954, (I), pp. 1299-1300.

[67] Antología…, p. 61.

[68] Ramos Frendo, Eva María, «Las duquesas de Parcent, dos malagueñas en pos de la cultura y las artes» en Jábega, Málaga, 88, Mayo-Agosto 2001, pp. 63-70. En esta lápida, que no está colocada en la casa que refiere, se lee lo siguiente: «En esta casa murió, el día 14 de marzo de 1891, la eminente escritora, hija de Málaga, Excma. Sra. Dª Josefa Ugarte-Barrientos, Condesa de Parcent y de Contamina. En igual día del año 1906, ofrece este homenaje a su memoria la “Academia de las Letras Humanas”».

[69] Ugarte-Barrientos, Josefa, Poesías selectas, Málaga, Tip. «La Ibérica». De Répide destaca los romances por ser «fluidos, castizos y sonoros», y el endecasílabo por «viril, majestuoso y rotundo».

[70] Sobre los álbumes, recomendamos la lectura de «Los álbumes de las románticas» de Romero Tobar, en Escritoras Románticas Españolas, Mayoral, M. (coord.), Madrid, Fundación Banco Exterior, 1990.

[71] Antología…, p. 17.

[72] Una de estas posibles influencias la hallamos en la métrica, pues en «Del salón en el ángulo oscuro…» y «Cuando miro el azul horizonte», Bécquer utiliza hexasílabos y decasílabos dactílicos.

[73] Las palabras de Pardo Bazán y Menéndez y Pelayo han sido extraídas de la Enciclopedia Espasa.

[74] Antología…, pp. 47-50.

[75] Fue Vicepresidente del Centro de Cultura hispanoamericana, académica de número de la de Poesía Española, académica de honor de la Real hispanoamericana de Ciencias y Artes de Cádiz, y, por Real Decreto, fue nombrada miembro del Comité ejecutivo para la celebración del tercer centenario de la muerte de Cervantes.

[76] La mayor parte de las adhesiones se pueden consultar en Palma, Angélica, «Homenaje a Blanca de los Ríos» en Raza Española, Madrid, 63-64, Sanz Calleja, Marzo-Abril, 1924, pp. 3-6.

[77] VV.AA. Mujeres en la historia de España. Enciclopedia biográfica, Tavera, S. (Coord.), Barcelona, Planeta, 2000.

[78] Recomendamos su Escritoras españolas del siglo XIX, a fin de poseer la mejor información sobre las publicaciones, conferencias, obra no poética (novelas, estudios, etc.) de Blanca de los Ríos, advirtiendo que Simón Palmer no señala ninguna de sus colaboraciones en Blanco y Negro.

[79] Antología…, p. 57.

[80] Especialmente con la del Siglo de Oro, partiendo de Boscán, Garcilaso o Hurtado de Mendoza, para continuar por Lope, Quevedo o Fernández de Andrada.

[81] Valera, J., ob. cit., (I), p. 169.

[82] Vallejo González, Irene, en «Aproximación a la poesía de Carolina Valencia», separata de Castilla, 9-10, Universidad de Valladolid, 1985, pp. 157-164. Este artículo es una buena guía de Poesías, donde desglosa toda la temática aparecida, que se resume en fe, amor y patria.

[83] Véase las notas a pie de página 52 y 71, sobre la virgen y la naturaleza, respectivamente.

[84] Vallejo González en «Aproximación a la poesía de Carolina Valencia», ob.cit., p. 159.

[85] Kirkpatrick, Las Románticas…, p. 86.

[86] Vallejo González en «Aproximación a la poesía de Carolina Valencia», ob.cit., p. 164.

[87] Ibid.

[88] Ibid.

[89] Además de Sofía Casanova (1861-1958) poet, journalist & author, que hemos utilizado, Alayeto ha escrito «The poetry of Sofía Casanova» en Monographic Review, VI, 1990, pp.36-45. Martínez ha publicado su tesis Sofía Casanova: mito y literatura, Santiago de Compostela, Secretaría Xeral da Presidencia, 1999.

[90] Antología… Véase sumario e introducción, pp. 5-63.

[91] Ballarín, P., «La construcción de un modelo educativo de “utilidad doméstica”», Dybi, G., y Perrot, M., (dir.), Historia de las mujeres en Occidente, Madrid, Taurus, 2000, IV El siglo XIX, p.603. 

[92] Valera, J., ob.cit., (I), p. 167.

[93] Antología…, p. 49.

[94] En su primera acepción, «Dejar de tener en la memoria lo que se tenía o debía tener». D.R.A.E., Madrid, Espasa-Calpe, 2001, 22ª Edición, (II), p.1620.

[95] Salinas, Pedro, Literatura Española. Siglo XX, Madrid, Alianza, 1983.

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