Antonio J. Sánchez me menciona en un poema sobre docentes

Un poema en el Día Mundial del Docente (de Antonio J. Sánchez)

Nunca estuve allí, pero lo he visto;
lo he visto y lo veo ahora
con la nítida memoria de lo no vivido.
Veo a Manuel Guerrero, serio, en pie,
apoyado en su mesa de maestro
como en un poema de Machado.
Le veo y oigo su voz tenue
perfumada con las vocales abiertas de su tierra,
oigo sus palabras de amor a las palabras:
Conjugaciones, diptongos, sinalefas,
Cervantes y Espronceda.
Habla con apacible entusiasmo,
como quien ve un incendio a través
de un cristal empañado por el vaho.
Le veo a él y veo
a Sensi Budia adolescente,
en la segunda fila, un poco a la derecha.
Tiene un bolígrafo en la mano
pero apenas toma apuntes,
prefiere ir bebiéndose la voz y el entusiasmo.
Yo sigo viendo.
Han pasado ¿ocho, diez años?
El paisaje es el mismo,
como de poema de Machado:
el aula, los pupitres.
Ahora es Sensi quien se apoya
en la mesa del maestro.
Ahora la voz no es tenue,
es más como una música,
como si un violín le habitase la garganta.
Son las mismas palabras
que aman a las palabras,
el mismo perfume de vocales abiertas,
el mismo entusiasmo apacible de incendio
visto a través de un vidrio empañado.
Y en Sensi veo a Manuel.
Y veo con claridad,
con la nítida memoria de lo no vivido,
a una, dos, diez Sensis niñas
con el bolígrafo en la mano,
casi sin tomar apuntes,
bebiéndose la voz de violín en la garganta.
Y sé que una vez más el círculo
-o quizás sea una espiral-
está a punto de cerrarse.

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