Reseña de Los refugios que olvidamos de Jesús Cárdenas en la revista EscriViendo

Vuelvo a colaborar en la revista literaria EscriViendo de la Asociación Artefacto de Rute, que presentó su número 10. Tuve el honor de ser el poeta invitado en el número 8 y siempre es de agradecer la buena disposición que sus miembros tienen conmigo. En esta ocasión, he aportado una reseña del poemario Los refugios que olvidamos de Jesús Cárdenas.

escrivi

LOS REFUGIOS QUE OLVIDAMOS DE JESÚS CÁRDENAS
(c)Manuel Guerrero Cabrera
Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaira, 1973) ha desarrollado una abultada trayectoria en apenas una década, desde Algunos arraigos me vienen (2006) hasta el reciente Los refugios que olvidamos (2016), seis títulos conforman su bibliografía, en la que destacan Mudanzas de lo azul (2013) y Después de la música (2014), así como varios premios, como el XVI Certamen de poesía José Mª de los Santos y el Premio de poesía Juan Sierra.
En Los refugios que olvidamos, publicado en la editorial Anantes, está muy presente la naturaleza, tanto que aparece desde los primeros versos, «en los interiores del bosque, / junto a los lagos». La naturaleza es un hilo vertebrador que se entreteje en la mayoría de los poemas, como una flor que se deshoja en invierno, la nostalgia de un parque, una ola agitada inmensa ante los ojos o el jardín de Cummings al que no llega la primavera. La naturaleza es parte de la esencia de este libro y en el bosque lo conforma, la voz poética llega a definirse como «un tronco más»:
No huyáis, mostradme vuestras manchas.
Os retorcería con mis brazos.
¿De qué huis si sólo soy un tronco?
Junto a la naturaleza aparece el motivo de la luz, en general en las dos primeras secciones y que, precisamente, ilumina el verso o el poema con muy certeras imágenes («Hojas caladas, / belleza hecha de luz y vacío»).
Sin embargo, pese a los dos elementos antes mencionados, en estos poemas se respira soledad. O la provoca el invierno («gélida la soledad y desnuda como la rama»), o la ausencia («tu ausencia no consigue traspasar sus propias apariencias iniciáticas de soledades mustias»). Aunque en el título aparezca una primera persona en plural (olvidamos), «nosotros» aparece en pocas ocasiones; en cambio, sí se presenta en la combinación del «tú» y del «yo», un nosotros descompuesto que forma un tejido dialogante entre los poemas, en los que el verbo dirige al verso a una amplitud sonora y semántica («He llegado ingrato a este parque», «atrapas el anhelo sin medida»).
Otros motivos poéticos de este libro son la tarde, el otoño, el invierno, el silencio…
Un cielo tan otoñal sin aristas de labios
en la noche preclara vierte la sed sin límites
donde cada silencio es ardiente vacío, lienzo en blanco.
Y ninguno más interesante y lúcido para un poeta que el de la palabra, pues con ella ha construido la naturaleza, la luz, los refugios que olvidamos… O, como el mismo poeta, Jesús Cárdenas, ha escrito:
Espejo de nosotros, la palabra,
la luz  por la que nuestra alma se estrena.

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