Rubén en «La novia ausente». Una «Sonatina» de Enrique Cadícamo

Publicado en Tango. Bailando con la Literatura (Moreno Mejías, Wanceulen, 2010)
(c)Manuel Guerrero Cabrera.
Desde la publicación de Prosas profanas en 1896, la «Sonatina» se convirtió en la composición poética, no sólo más conocida, sino también más característica del Modernismo y, sobre todo, de Darío. Pese a su éxito, sufrió varios ataques, pues «las muchas y pobres imitaciones de que fue objeto la han convertido en el símbolo de un Modernismo fácil y vació, preciosista en fin»(1) y, aún así, es una composición de indiscutible valor, de gran musicalidad y belleza e, incluso, podemos añadir que es indestructible (2) y eterna.
El poema se escribió en Buenos Aires y se publicó por primera vez en La Nación, el 17 de junio de 1895 (3). Cinco años después, en 1900, nacerá en en Luján (4) Enrique Cadícamo, autor de «La novia ausente» (con música de Guillermo Barbieri), tango que nos interesa por su relación con la «Sonatina».

Acerca de Cadícamo, indicamos que en 1919 trabajó como escribiente en el Archivo del Consejo Nacional de Educación, donde conoció a Leopoldo Lugones y Héctor Pedro Blomberg, entre otros; su primer tango fue «Pompas» (con música de Roberto Goyheneche), estrenado por Carlos Gardel. Entre varios, apuntamos estos tangos escritos por él: «Aquellas farras» (música de Roberto Firpo), «Muñeca brava» (Luis Visca), «¡Che papusa, oí…!» (Gerardo Mattos Rodríguez), «Nostalgias», «Niebla del Riachuelo», «Los mareados» y «Rubí» (Juan Carlos Cobián)… La lista sigue y es extensa, ya que murió en 1999 y estuvo creando hasta su muerte; sin embargo, hasta mediados de los 80 no se le concedió ningún reconocimiento (5). Fue también dramaturgo, guionista de cine y, además de sus libros de memorias, publicó libros de poesía (Canciones grises, La luna bajo el fondo, Viento que lleva y trae y Los inquilinos de la noche) y novelas (Café de camareras, Juan Carlos Cobián y Debut de Gardel en París -estos dos últimos títulos más cercanos a las memorias-).
En «La novia ausente», aparece lo siguiente:
Y tú me pedías que te recitara
esta Sonatina que soñó Rubén:
La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.(6)
No sólo se cita la obra y el autor, sino que además se reproduce la primera estrofa, que el cantor recita, porque es una parte más de la canción. Antonio Fernández Ferrer en su estudio «Gardel canta a Darío: para una microteoría polisistémica sobre tres letras de tango», señala que la «Sonatina» se parodió en la composición del mismo título (7) de Celedonio Flores (8) y que, en esta misma línea, surgió el tango «La percanta está triste» de Vicente Greco. Pero con el paso del tiempo los límites entre la literatura canonizada (9) y el tango se diluyen, de tal modo que la tristeza, la nostalgia y la melancolía serán conceptos comunes en ambas. Cuando el tango se halla en una época de «comercialización y masificación fosilizada» (10) con el sentimentalismo modernista, aparecen letras como la de «Solo se quiere una vez» y «La novia ausente», donde se recitan versos de Rubén, pese a ser composiciones sin el lenguaje ni ambiente lunfardo de Flores o Greco y a ser textos que se contraponen a los del nicaragüense.
¿Por qué llegan a aparecer los versos de Rubén en el tango? En la última parte de los años 20, los autores ya no son «escritores de teatro o periodistas atraídos por […] el tango cantado, ni son bohemios […]. Son intelectuales de formación escolástica» (11): Manzi, Expósito, Cátulo González, Le Pera, etc. Aquí incluimos a Cadícamo, que considera normal incluir los versos de Rubén, en 1933 conocidísimos por el público, con los que refleja su admiración a Rubén y nos da las claves para comprender la concepción de su poética, aunque lo recite el cantor y los pida la novia ausente.
La composición de Cadícamo está relacionado con la «Sonatina» formalmente:
  1. a) El verso compuesto: si bien la «Sonatina» posee versos alejandrinos (en dos hemistiquios de 7), «La novia ausente» tiene versos dodecasílabos (en dos hemistiquios de 6); lo que implica una estrecha relación métrica con el uso del verso compuesto. Aunque debemos añadir que el metro de las letras del tango es muy variable, al igual que las composiciones modernistas.
  2. b) Elementos dramáticos en los que un personaje habla con voz propia: en la estrofa final de Rubén, oímos al hada madrina y en el tango, al estudiante («Mi bien,/¿ves cómo la luna se enreda en los pinos/y su luz de plata te besa en la sien?»).
  3. c) Evocaciones modernistas: evidentes en la composición de Rubén, en el tango encontramos el parque, el «conjuro de noche y reseda», la luna (12), los duendes, la mano huesuda y, como motivación de una metáfora, la catedral.
Pero los puntos de unión que se establecen entre los dos textos van más allá de la forma. Como hemos dicho anteriormente, la tristeza, la nostalgia y la melancolía serán cuestiones compartidas y aquí no hay excepción. El propio Rubén dice, acerca de su poema, que «contiene el sueño cordial de toda adolescente, de toda mujer que aguarda el instante amoroso. Es el deseo íntimo, la melancolía ansiosa y es, por fin, la esperanza» (13). Sí, la melancolía. Carlos Orlando Nállim, además de su fama, comenta que la primera estrofa es un canto joven recordado, no sólo por su musicalidad y ritmo, sino también por su melancolía (14).
¿A qué se debería este sentimiento? ¿Por qué surge? Analizamos, basándonos en María A. Salgado, que Rubén «se identifica espiritualmente con su protagonista y le adjudica sus inquietudes» (15); es decir, la princesa de la «Sonatina» (16), tan triste, tan inocente y tan esperanzada, es el ama del poeta, que desea escapar de su jardín poblado de pavos reales y, como indica Salgado, recurre a imágenes como la golondrina (libertad) y la mariposa (el alma humana) en la cuarta estrofa:
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar. (17)
En la quinta estrofa, la princesa rechaza su palacio, su rueca de plata, todo lo material, todo lo lujoso, porque está triste porque está «presa en sus oros, presa en sus tules». Efectivamente, la sexta estrofa nos aporta un sentido de prisión («jaula», «vigilan los guardas», «custodian cien negros […], un lebrel […] y un dragón»). Y, de nuevo, en la penúltima estrofa, desea ser mariposa (recordemos que es símbolo del alma):
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
Pero esta situación tiene una única vía de escape: el amor (18), pues llega
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor.
No hay duda, Rubén está triste, porque todo su mundo poético no le vale como refugio ante la realidad (19). Esta es la confesión desgarrada del alma del poeta.
El tango comienza desde la nostalgia y presentando al «príncipe» y a la «princesa»:
A veces repaso mis horas aquellas
cuando era estudiante y tú eras la amada.
Es muy importante que se trate de un estudiante. Este tango, como hemos señalado antes, carece de un ambiente y lenguaje lunfardo y ello puede disculparse por el hecho de que el protagonista es un estudiante y, por ello, aparecen secuencias de poeta, recursos como «con tu sonrisa repartías estrellas», «abriles felices» o «al raro conjuro de noche y reseda», que contrasta con el término popular de «los puntos altos de aquella barriada» (20). Por lo tanto, si no es estudiante, no tiene autoridad para conocer la «Sonatina», ni para que la novia le pueda pedir que se la recite.
Observemos, a continuación, cómo se unen la novia con la princesa de Darío:
a)La novia ríe, en contraste con la princesa «que ha perdido la risa». Claro que la novia tenía a su lado a su «príncipe» y la princesa lo esperaba.
b)«Los suspiros se escapan» de la boca de la princesa y de la novia también: «y tú suspirabas».
c)La palidez de la princesa la comparte la novia: «¿Ves cómo la luna se enreda en los pinos/y su luz de plata te besa en la sien?».
d)El motivo del beso, cuestión en la que nos detendremos más adelante.
Todos estos puntos de unión están perfectamente repartidos por el tango. La nostalgia de la felicidad, la risa y la juventud se hallan en las dos primeras estrofas. El suspiro, la palidez y el escenario modernista del parque hechizado de noche y reseda, resaltado por el hecho de que ella pida el gran poema del Modernismo del gran poeta modernista, en las dos siguientes. Hasta este punto, la melancolía va creciendo y se acentúa con el recitado de la «Sonatina». La identificación del alma del autor con la del tango es absoluta en esta genial estrofa, de clara inspiración rubeniana:
¿Qué duendes lograron lo que ya no existe?
¿Qué mano huesuda fue hilando mis males?
¿Y qué pena altiva hoy me ha hecho tan triste,
triste como el eco de las catedrales? (21)
El autor evoca un mundo que nos recuerda al del poema de Rubén, porque la nostalgia y la melacolía se enfrentan al motivo de la ausencia de la novia:
¡Ah!… Ya sé. Ya sé. Fue la novia ausente,
aquélla que, cuando estudiante, me amaba,
que, al morir, un beso le dejé en la frente,
porque estaba fría, porque me dejaba.
Al igual que en la «Sonatina», el beso aparece al final del tango, ya que es el acto que a Rubén le ayudará a escapar de su tristeza y, por ello, el estudiante la besa, en claro paralelismo con el príncipe, porque ha comprendido que huye de este mundo. El beso de Rubén enciende de amor, lo da en los labios y es «vencedor de la Muerte». Cadícamo recoge todo esto para escribir esta última estrofa y, por lo tanto, la novia está fría, le besa en la frente y no puede vencer a la Muerte. Así que Cadícamo da un giro al sentido de su texto para hacernos topar con otro sentimiento típico en el tango: el desengaño. Quizá por eso la besa en la frente, no porque busque una rima fácil o porque no la ame ya, sino porque la frente muestra mejor el paso del tiempo y representa el lugar de donde surge el recuerdo y la nostalgia. El alma del estudiante sufrió un fuerte desengaño (su mundo de poesía modernista no vale ante la realidad): su amor no vence a la Muerte, su amor no es indestructible, su amor no es eterno, su amor está ausente… Al contrario que la «Sonatina», invencible, indestructible, eterna, siempre presente en todos nosotros.
(1) María A. Salgado, «El alma de la “Sonatina”» en Anales de la literatura hispanoamericana, 4, Servicio de publicaciones de la Universidad Complutense, p. 405.
(2) Íbid.
(3) Antonio Fernández Ferrer, «Gardel canta a Darío: para una microteoría polisistémica sobre tres letras de tango» en Filología, Universidad de Buenos Aries, XXXI, números 1-2, 1998, p. 119.
(4) Una página web de Ariel Carrizo Pacheco indica que nació en el pueblo de General Rodríguez, del distrito de Luján. De aquí hemos tomado la información que sigue: http://mipagina.americaonline.com.ar/acarrizopacheco/myhomepage/artistas_favoritos.html
(5) Según la web antes citada, en 1985 recibió el Konex de Platino y dos años más tarde fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. Así comienza una larga serie de reconocimientos.
(6) La letra la tomamos del artículo de Antonio Fernández Ferrer, pp. 142-143. También puede consultarse en http://www.todotango.com
(7) La «Sonatina» de Flores comienza: «La bacana está triste, ¿qué tendrá la bacana?»
(8)Autor de los famosos tangos «Mano a mano» y «Margot». Como curiosidad, anotamos que Cadícamo lo llegó a nombrar «Rubén Darío del tango» en poemas como «La musa popular».
(9) Así la denominaremos siguiendo a Fernández Ferrer.
(10) A. Fernández Ferrer, art.cit., p. 130.
(11) A. Fernández Ferrer, art.cit., p. 135, n. 16, que reproduce la cita de Blas Matamoro, La ciudad del tango (tango histórico y sociedad), Buenos Aires, Galerno, 1982.
(12) A. Fernández Ferrer, art.cit., p. 136.
(13) Rubén Darío, Obras completas, XVII, Madrid, 1919, p. 190. La negrita es nuestra.
(14) Carlos Orlando Nállim, «Darío, Rubén: Prosas profanas y otros poemas (1886-1991)», Revista Signos, Valparaíso, Vol. 30, números 41.42, 1997, p. 202.
(15) María A. Salgado, art.cit., p. 406.
(16) María A. Salgado nos ofrece diversos textos («Autumnal», «El reino interior», «Yo persigo una forma…», «Yo soy aquél que ayer no más decía» y «Nocturno») en los que demuestra esta imagen, puesto que no es singular de la «Sonatina».
(17) Edición de la Biblioteca Cervantes virtual http://www.cervantesvirtual.com
(18) Estas últimas ideas están basadas en M. A. Salgado.
(19) María A. Salgado, art.cit., p. 410: «La connotación espiritual de la “Sonatina” y las asociaciones personales que contiene son lo que conmueve al lector y lo que han mantenido fresco el impacto del poema».
(20) Véase A. Fernández Ferrer, art.cit., p. 136, n.17.
(21) Aunque, siguiendo a A. Fernández, este símil pudiera ser «el colmo y copete del refinamiento»; este verso es, sin duda, el de mayor valor literario y original de Cadícamo en esta composición. El sentimiento es sugerido genialmente, el ritmo está bien dispensado y marca el hecho de que la literatura es parte del tango.

 

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