Bécquer en la obra poética de Blanca de los Ríos. Artículo en Aldaba

En el nº 22 de Aldaba (Asoc. Itimad, Sevilla, 2013), aparecerá un breve artículo de mi autoría sobre Blanca de los Ríos. El próximo 25 de octubre, viernes, en el Ateneo sevillano se presentará y participaré contribuyendo a homenajear a Bécquer, desde el genio de Blanca de los Ríos, quien ya manifestó en su artículo «La poesía», publicado en El Correo de la Moda (20, 1884, p. 156) su entusiasmo por el estilo becqueriano, en especial, por la exaltación de la subjetividad.
BÉCQUER EN LA OBRA POÉTICA DE BLANCA DE LOS RÍOS
(c) Manuel Guerrero Cabrera
 
La autora sevillana Blanca de los Ríos (1859-1956) fue una de las grandes figuras de la investigación literaria del pasado siglo XX, destacando sus trabajos sobre Tirso de Molina, autor de comedias barrocas como Don Gil de las calzas verdes o, en atribución, El burlador de Sevilla. También fue autora de versos, especialmente, en su juventud, publicando Esperanzas y recuerdos (1881), cuyo título se relaciona con la rima IV de Gustavo Adolfo Bécquer: «Mientras haya esperanzas y recuerdos,/¡habrá poesía!».
Aunque en el citado libro encontramos varios poemas de signo becqueriano, como «Cantos de Ofelia», «La noche» o los «Madrigales»; destacamos las «Rimas», que son otra marca de la influencia de Gustavo Adolfo en su poesía. Así, por un lado, predominan los versos endecasílabos y heptasílabos, y, por otro lado, el tema principal es el amor, que está presente en un mayor número de poemas, seguido por otros temas fundamentales en Bécquer como la muerte y la poesía; además, hemos de referir otros dos temas que aporta Blanca: la religión y el sueño. También comparte con el poeta, el gusto por el uso del paralelismo y el hipérbaton, aunque son los símiles y las imágenes (en menor grado, las metáforas) signos de esta poesía de Blanca; por ejemplo, en la VIII reflexiona sobre la muerte apoyada en las comparaciones de «como el ángel en la nube» y «como en la concha la perla», en la IX identifica la vida con el amor y lo efímero («Qué es la vida? –¡Nada!… ¡amor!…») y en las X y XI recurre a imágenes típicas, como la nieve o el volcán. Posteriormente, hemos de citar que en 1886 publicó el extenso poema «La novia del marinero», que narra las vicisitudes de un amor desgraciado entre la hija de un carpintero y un marinero gaditano, que muere al intentar aferrarse al cadáver de su amada; y que en 1888, la leyenda «En la catedral». En ambas hallamos un acercamiento a lo popular con técnicas denominadas de lo sublime terrorífico que Bécquer empleó en sus leyendas.
Cierro este acercamiento a Blanca con unos versos de su rima XII:
Mi vida era suave
como un reflejo
serena cual la lámpara
que arde en el templo;
triste como las luces
del cementerio.

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