Tiempo y sangre de ETA en La Opinión de Cabra

Con el anuncio de que los terroristas de ETA dejan la violencia y los asesinatos (o lo que ellos denominan delicadamente «lucha armada»), he sentido alegría y nostalgia.

La alegría me surge con la noticia más esperada o, concretamente, la que más ansiaba para la democracia, en la que siempre he vivido y de la que los terroristas se han aprovechado en varias ocasiones. La alegría de que, aunque el viernes siguiente hiciéramos vida normal, como si no hubiera pasado nada, todo es diferente y de que España se levantará cada día con menos temor y menos amenaza para su ciudadanía, la que en estos tiempos inciertos tiene necesidades mayores que cualquier cuestión de su política terrorista.

Pero también siento nostalgia al reflexionar sobre lo pasado, no por una experiencia personal, sino de lo común. He recordado el intento de asesinato del escritor Antonio Burgos y de que el poeta Manuel Alcántara se alegraba de que no tuviera que entonar un «Salid sin duelo lágrimas corriendo»; se me ha vuelto a la mente el inicio del programa de Carlos Herrera el día siguiente a su paquete de puros explosivos; he vuelto a releer la noticia de cuando encontraron a Miguel Ángel Blanco y del tiroteo que acabó con José María Martín Carpena en Málaga. Y, aunque me he alegrado de saber que nada de esto se repetirá, al mismo tiempo he sentido el peso de la adultez y del tiempo en mí, pues he crecido con la alargada sombra de la muerte del grupo terrorista en la sociedad.

Con el deseo de que esta vez cumplan su palabra, para que podamos crecer en democracia y nos sintamos más libres como ciudadanos, no puedo dejar atrás la desconfianza y recordar aquella fábula del escorpión y la rana, en el que el primero pide a la segunda que le ayude a cruzar un río; la rana se niega en un principio argumentando que seguro que la picará, pero el escorpión le responde que, si le picara, morirían los dos en el agua; finalmente, la rana acepta y, cuando ya han cruzado buena parte del río, el escorpión clava el aguijón en la rana:

–¿Por qué me has picado, escorpión? Ahora moriremos los dos.
–Lo siento, pero lo llevo en la sangre. Es mi naturaleza y no puedo evitarlo.

ETA ha dicho que deja las armas, aquello que precisamente siempre han llevado en la sangre.

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