Arrugas. Artículo en Cabra digital

Aunque esté de moda la juventud, no solo por la que fue a ver al Papa sino también por la del 15M o por la que tanto aparece en las series televisivas, estoy impresionado por la lectura de un libro, de un cómic para ser exacto, que trata sobre la vejez. Me refiero a Arrugas de Paco Roca, que trata sobre Emilio y su llegada al geriátrico, donde su hijo lo ingresa.

Ya desde el inicio tenemos una muestra brutal de lo que nos espera, pues observamos a un Emilio joven comunicando a una joven pareja que no se le concederá un préstamo; pero es una ilusión, que se rompe cuando el joven le dice que no quiere ese dinero sino que se acabe la sopa; así, de pronto, Emilio envejece y comprendemos que él es una persona mayor con síntomas de alzheimer y que su hijo, lejos de solicitar un préstamo, reprende a su padre para que coma.

Ya en la residencia, la vida se nos muestra desde el punto de vista de Miguel, su compañero de habitación, quien no tiene a nadie, ni hijos ni familiares, y dice ser feliz; salvo en determinadas actividades, la vida es una monotonía de la soledad, un paso inexorable de las horas sin nada que les motive a ello, como queda reflejado magistralmente en las páginas donde los personajes aparecen sentados o desaparecen, al mismo tiempo (nunca mejor dicho) que un reloj permanece presente moviendo sus agujas continuamente.
Así, gracias a Miguel, asistimos a las «manías» de cada uno de los personajes: Rosario imagina que está en el Orient Express, Félix piensa que hace la mili en el norte de África, o doña Sol que pide continuamente un teléfono para llamar a sus hijos; actitudes que Roca ha tomado prestadas de abuelos y padres de amigos, de la realidad.

Entre los personajes, es Miguel el socarrón, el que quiere sacar algo más a su edad, que no tiene recelo en conseguir dinero de sus compañeros de residencia con engaños, pero que al mismo tiempo tiende una sincera amistad a Emilio. A través de Miguel se nos ofrecen algunos momentos de humor y de ánimo que hace de Arrugas algo más que un cómic. En contraste con él, el alzheimer de Emilio y el de otros compañeros nos inquieta y nos sobrecoge entre sonrisas tristes y momentos de intensa poética, como el espléndido recuerdo de la nube que tiene uno de los personajes; en un momento vital en el que no nos salva la cultura (la imposibilidad de recordar una recentísima lectura) ni la rutina (el empeño de Emilio de que tiene que trabajar, cuando está jubilado) y que nos acercará a nuestra experiencia cercana con nuestros familiares o amistades mayores que recuerdan perfectamente a su maestra y sus clases en el colegio, pero que no pueden acertar con tu nombre de pila, seas –o no– su nieto.

En verano escribí en este mismo medio acerca de unas lecturas recomendadas de cómic. Un lector tuvo la bondad de acertarme con lo de que no había citado ninguno español, por lo que aprovecho esta circunstancia para que los lectores de Cabra Digital se acerquen a nuestro cómic con esta obra que, entre otros, ganó el Premio Nacional del cómic en 2008.

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