Un cadáver más, un asesino menos en Surdecordoba.com

Que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo?

Así concluye uno de los mejores poemas escritos en las letras españolas del siglo XIX: el «Canto a Teresa» (incluido en El diablo Mundo) que José de Espronceda firmó a la muerte de su amante, con la que vivió casi todo. Es, en resumen, una de las mejores composiciones elegíacas españolas. Sin embargo, estos versos no tienen sentido si pensamos en Bin Laden, cuya muerte se tomó en un principio con sorpresa y jovialidad, aunque luego se haya dado más eco en los medios a lo opuesto, tras oír las palabras de algunos de nuestros políticos y varios cantamañanas acerca de los dudosos métodos seguidos para conseguir hallar su paradero. Yo no soy de los que afirman que el fin justifica los medios, pero creo como con casi todo que hay excepciones y la de librarnos de un asesino o instructor ideológico de asesinos sí que la es.

Probablemente quienes lucharon en la II Guerra Mundial hubieran preferido el final que tiene Hitler en la película Malditos bastardos de Quentin Tarantino o la que tiene el trasunto de Karadzic, «El Zorro», en La sombra del cazador de Richard Shepard con Richard Gere como protagonista. De nuevo llegamos al mismo punto de antes: personajes violentos mueren violentamente, ¿justifica esto el uso de la violencia? Bin Laden, como responsable de más de tres mil quinientas muertes, sabía que EE. UU., nación causante –como todas, basta con revisar los clásicos– también de otras, iba a por él y lo ha quitado de en medio de forma bastante llamativa. Hecho el daño y tratándose de quien era, no me quejaré, pues en esto creo que hemos de olvidarnos de todo ese buen rollo de que todos somos iguales: muchos no somos capaces de instigar asesinatos, ni de realizarlos, ni con una bomba y al grito de «mueran los infieles y yo el primero».

Seguramente toda la atención que se ha tenido para capturarle no se va a emplear en proteger a los inocentes de las guerras, ni en procurar ayuda contra las mafias, ni en poner trabas al narcotráfico, pero esa es otra historia. La de ahora es que…

 

Un asesino menos importa a todo el mundo.

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